Gabriel Álvarez: “Esto es un velorio electoral”



ENTREVISTA

Gabriel Álvarez: “Esto es un velorio electoral”

El doctor en Derecho, Gabriel Álvarez, analiza la legitimidad de las elecciones en Nicaragua y el trasfondo del diálogo entre Ortega y la OEA.

30/10/2016
Gabriel Álvarez. LA PRENSA/Carlos Valle.

Gabriel Álvarez. LA PRENSA/Carlos Valle.

El doctor Gabriel Álvarez, autor de La Ley en la Constitución de Nicaragua, es una voz autorizada para charlar sobre violaciones a la Carta Magna. Ese libro cuyos artículos son el fluido vital para un Estado de Derecho, pero que, en Nicaragua, se asemeja más a un papel origami que los líderes políticos doblan y desdoblan a placer.

A siete días de unas elecciones polémicas a más no poder, el doctor en Derecho Constitucional analiza, desde su oficina en el Centro Comercial Managua, el diálogo que Daniel Ortega llevará en paralelo con Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA); el apuro del presidente inconstitucional de Nicaragua con la “Nica Act” y el valor de hacer fila y depositar un voto en una caja este próximo domingo 6 de noviembre.

En una semana son las elecciones presidenciales de Nicaragua. Constitucionalmente ¿cómo resume este proceso?
Es un fraude constitucional. Yo siento que el concepto de farsa electoral suena muy fuerte, pero está ajustado a lo que está ocurriendo. Cuando digo fraude constitucional quiero decir que esta farsa electoral es realmente un fraude contra el sistema constitucional, contra el Estado Democrático diseñado en nuestra Constitución, porque distorsiona una gran cantidad de principios y valores constitucionales. Se le ha secuestrado al pueblo nicaragüense el derecho fundamental a escoger a las personas que van a dirigir el rumbo del país. Eso se ha vaciado totalmente. Es cierto que formalmente existe alguna apariencia de proceso electoral, hay unos candidatos, unos partidos, pero eso no se compadece con lo que la Constitución quiere que los ciudadanos tengamos. Y desde el punto de vista del Estado también: según la Constitución el Estado debe organizarse de acuerdo con unos poderes independientes y parciales que gestionan los intereses nacionales. Obviamente el poder electoral, que está cometiendo esta farsa, no tiene ninguna de las características.

¿No queda algo de institucionalidad, de transparencia?
Mmm… Yo más bien creo que hay una gran transparencia. Esta es una farsa a la luz del día, no tiene nada de opacidad. Cualquier mediano conocedor o cero conocedor de los procesos políticos que no sea nicaragüense y que quiera venir a conocer, se va a quedar pasmado, impávido, al ver el nivel de transparencia con que se perpetró una farsa electoral. En otras ocasiones los fraudes electorales sí han tenido un gran nivel de opacidad, desde el ocho por ciento famoso que nunca se dio a conocer hasta los resultados que tampoco se dan a conocer junta por junta receptora de votos, pero en este caso es traslúcido.

¿Quien no admita que es una farsa es porque no quiere ver lo que es obvio?
Yo creo que hay dos grandes grupos de personas que pueden negar el carácter de farsa electoral a lo que ha venido ocurriendo estos últimos meses, lo que culminará el 6 de noviembre con las votaciones y una semana después con la proclamación oficial de los ganadores. Un grupo es el que obtiene réditos de esto y que por intereses políticos y económicos se está haciendo de la vista gorda. Y otro son los ciudadanos comunes que apoyan al Frente Sandinista que a su vez los dividió en dos partes: los que están corriendo para algo y la gente votante que cree en el comandante Ortega, que ha recibido alguna prestación que le ha cambiado su vida o tiene expectativas de recibirla, que no tiene mucha formación o información política, etc. y que de buena fe pudiera estar creyendo. Pero no estoy diciendo que el pueblo nicaragüense sea tonto ni inculto. El pueblo sabe mejor que nadie, la enorme mayoría, que esta es una farsa electoral.

Pero no se traduce a protestas significativas en contra de la farsa, protestas en la calle.
Efectivamente, no se ha traducido hasta el momento en una expresión organizada y movilizada de rechazo a la farsa, y eso tiene múltiples razones, creo yo. Una, la intimidación y la represión que ocurre, eso no hay que olvidarlo. Es un error leer que no hay manifestaciones entonces la gente está de acuerdo con la farsa. ¡No! No está de acuerdo.

Ese puede ser un argumento de los simpatizantes de Ortega…
Ese es el argumento que usan sus seguidores. Pero no, no es por eso. Es porque hay fehacientes pruebas de que el sistema te intimida, te reprime, te castiga si tomás posturas y actitudes más beligerantes de tu disconformidad. Pero también eso produce miedo. Mirá, aquí los empresarios, que tienen una buena relación con Ortega, ¡tienen miedo! Esa relación no solo la tienen porque tienen réditos económicos, la tienen porque tienen miedo de que les caiga una postura no tan complaciente del Gobierno y les vaya a perjudicar. Y si los empresarios tienen miedo, imaginate el miedo que un empleado público o de cualquier empresa privada puede sentir cuando ha visto las políticas de intimidación. Y por otro lado, la situación económica no ha llegado a estar en niveles tan críticos que a pesar del miedo lleve a los ciudadanos a manifestarse de manera más contundente.

Volviendo a las elecciones, la campaña prácticamente se resume a unos cuantos spots televisivos, a canciones y a propaganda delictiva del Frente Sandinista en la Asamblea Nacional, hospitales y clínicas móviles…
Mirá, es un bochorno. Es bochornoso cómo existe campaña electoral donde no debe existir y cómo no existe en el resto de sitios donde sí debería. Uno de los hechos más lacerantes, porque atenta contra la dignidad de los nicaragüenses, es ver la propaganda en la Asamblea Nacional, porque es el sitio donde se encarna el pluralismo político, ver cómo se cometen delitos electorales a la vista y paciencia de todos, ese es otro ejemplo por el que te digo que es transparente toda esta farsa. Supongamos que un ministro quiere ser más servil de lo normal y pone en su ministerio banderas rojinegras y fotografías del comandante Ortega y doña Rosario. Bueno, es un delito electoral, un tremendo error, un abuso, pero al final es un edificio que depende del poder ejecutivo, del presidente, mientras que la Asamblea Nacional es un órgano independiente en donde tienen cabida todos los partidos políticos que el comandante quiere que estén ahí. Entonces deberíamos ver una foto de Byron, una de Maximino. Lo que ocurre realmente, como decimos los nicaragüenses, es que esto chorrea sangre, y encima hay diputados que dicen que no han visto nada…

Y no hubo campaña con viajes a los departamentos ni hubo debates presidenciales.
¿Por qué no hay campaña? ¿Por qué no hay debates? Yo no conozco que los partidos hayan presentado programas de gobierno siquiera, no quiero afirmar categóricamente porque pueden tenerlos en alguna gaveta, deben tener algo listo para presentar, pero nadie lo hace, ningún partido. ¿Por qué razón? Bueno, porque doña Rosario Murillo y el comandante Ortega simplemente no quieren que haya elecciones en Nicaragua. Y para que no haya ellos tienen que poner a los candidatos, decirles que no hagan campaña… Doña Rosario dijo hace algunos meses: “Bueno, este año vamos a ver una campaña distinta”. Lo distinto consistía en que no iba a haber campaña. Una campaña normal hubiese puesto a discusión y a debate todos los vicios, irregularidades, ventajas y desventajas de que la pareja Ortega-Murillo fueran candidatos y los otros también. Si hubiesen dejado a la Coalición Nacional por la Democracia, no hubiesen podido evitar que esta hiciera campaña. Es la que más ha recorrido el país y ha llegado a todas partes, había comenzado desde antes. Entonces ellos se dicen: “Bueno, si realmente estamos construyendo una dictadura disfrazada de democracia y realmente queremos vaciar los procesos electorales, tenemos que eliminar candidaturas independientes y poner candidatos que sigan los lineamientos que nosotros les vamos a decir”. Nadie está cuestionando a fondo el proyecto político de Daniel Ortega, ninguno de los candidatos, y tampoco se encargan de presentar su proyecto porque saben que los resultados no dependen de si convencen o no a la población, sino de los cálculos políticos que hagan Ortega y Murillo.

Gabriel Álvarez. LA PRENSA/Carlos Valle.

Gabriel Álvarez. LA PRENSA/Carlos Valle.

¿Y si hablan un poco los descartan, como a Pedro Reyes?
¡Ya lo echaron! Comenzó a decir cosas que estaban fuera del guion establecido por doña Rosario y Daniel y lo echaron. Y así van a echar fuera a quien sea, candidato y diputado electo. Queda fuera de paila. Por lo tanto hubiese sido una gran incoherencia quitarle la representación legal al PLI (Partido Liberal Independiente), haber dejado en el limbo al PAC (Partido Acción Ciudadana), haber defenestrado a los diputados y permitir que hubiese una campaña electoral normal. Esto más que una fiesta electoral es un velorio electoral.

Solo para recapitular, entonces, ¿qué va a pasar con el voto del nicaragüense que vaya en siete días a votar, a invertir su tiempo en las filas?
Mirá, es posible que los cuenten, porque es una fuente de información muy valiosa para el comandante Ortega y va a querer saber de verdad cómo anda la gente que va a votar, pero ¿qué va a pasar con esta gente? Nada. Absolutamente nada. Su voto no tiene la menor incidencia en la integración y funcionamiento de los órganos estatales que van a funcionar a partir del 10 de enero del próximo año. Y si la Asamblea Nacional ya venía siendo ninguneada por Daniel Ortega, lo que vamos a tener a partir de 2017 es un esperpento donde probablemente ni les enseñen las leyes que van a votar. Ortega está enfocado ciento por ciento en desactivar la “Nica Act”. Y todos los demás problemas de Nicaragua se los está dejando a sus subordinados. Él, conjuntamente con doña Rosario, está viendo el tema de la “Nica Act” porque es demoledora para la consolidación estratégica de la dictadura dinástica. Gabriel Álvarez, doctor en Derecho Constitucional.

¿Al nicaragüense no le interesa que se viole la Constitución Política de su país?
Nuestra tradición política no ha sido propiciadora de la educación en valores democráticos. Yo creo que el pueblo nicaragüense sí se interesa en los valores que implica un sistema democrático constitucional, pero lo que tal vez no termina de visualizar, supongo, es la relación directa que existe entre un sistema constitucional y la posibilidad de resolver los problemas que tenemos día a día. Y de desarrollarnos como personas, como familia, como nación. ¿Qué dicen algunas personas? “No, a mí la política no me da de comer, yo si no trabajo no como”. Bueno, eso es obviamente erróneo. La democracia sí da de comer y las dictaduras impiden el bienestar de la gente. Pero si tu pregunta es que no parece que la gente está comprometida para exigir, movilizarse por este tipo de temas, yo coincido. Si ni siquiera gente con mayor nivel de cultura como algunos empresarios, algunos profesionales, sectores más ilustrados, no se han tomado en serio hacer demandas respetuosas pero serias para respetar la constitucionalidad, menos creo yo que en estas circunstancias haya que esperarlo de la gente.

En paralelo con las elecciones del 6 de noviembre se está llevando a cabo un diálogo entre Daniel Ortega y Luis Almagro, secretario general de la OEA. ¿Usted cómo valora este acercamiento?
Yo no creo que Ortega se haya acercado a la OEA. Más bien creo que se vio obligado a mostrar una actitud dialogante y lo aplaudo, no lo estoy criticando, aplaudo esa posibilidad que tenemos ahora. Pero fue a raíz de la iniciativa de Almagro de enviar un informe sobre el proceso político electoral nicaragüense y que Ortega lo vio demoledor, que juntamente con la “Nica Act”, aprobada en el Congreso norteamericano, no le quedó más alternativa que sentarse a dialogar. Porque ahorita el objetivo fundamental, prácticamente el único, y si me apurás yo te diría que Ortega está enfocado ciento por ciento en ello, es desactivar la “Nica Act”. Y todos los demás problemas de Nicaragua se los está dejando a sus subordinados, coordinadores, y él conjuntamente con doña Rosario está viendo el tema de la “Nica Act”, porque es demoledora para la consolidación estratégica para la dictadura dinástica. Esa es su apuesta principal en este momento y es lo que lo lleva a sentarse con Almagro para dialogar sobre ese informe. Por lo tanto yo no creo que sea una política que en un mes cambió. Hace poco lo llamó sinvergüenza y le pidió su renuncia, y ahora reflexiona y dice: “Hombré, si Almagro en realidad es buena persona, voy a sentarme con él”. ¡Eso no ocurrió así! Él está obligado a no ignorar un informe que viene a terminar de hundirlo en relación con la ilegitimidad total y en relación con la “Nica Act” que está ahí en su nuca.

Se ha dicho que con el diálogo Ortega quiere ganar tiempo. ¿Tiempo para llevar a cabo otra reelección o para postergar la “Nica Act”?
Yo las veo íntimamente vinculadas. Ortega nunca pensó que su ímpetu autoritario de los últimos meses iba a causar semejante conmoción a nivel internacional. Nunca se le ocurrió. Ahora bien, hay quienes quieren confundir el proceso electoral en sí mismo con los efectos jurídicos que todo proceso electoral tiene en un Estado Democrático. El proceso electoral es irreversible. No lo podemos detener ni suspender. Pero no hay ninguna razón ni jurídica ni política ni ética para soportar un órgano parlamentario que todo el mundo conoce que no tiene ninguna legitimidad y que es el encargado de gestionar la vida de los nicaragüenses por los próximos cinco años. No se puede evitar el proceso pero sí se puede disminuir en la medida que tengamos unos diputados que todos sabemos fueron escogidos por Daniel Ortega y que sus escaños no representan a nadie. Eso es grave porque estos diputados son los que aprueban leyes, los que ponen a magistrados, permiten acceso a tropas extranjeras, todas las cosas que hace la Asamblea. Por eso es que yo he propuesto que está bien, que siga Daniel con su circo, con su farsa, pero que se empiecen a tomar desde ya las medidas jurídicas que permitan que los posibles resultados positivos con Almagro se puedan poner en marcha lo antes posible. Y no es repetir elecciones, para mí ese no es el tema, para mí es restablecer la institucionalidad al menos de la Asamblea Nacional. Viéndolo como un proceso transicional que permita que en pocos años Nicaragua vuelva a tener una institucionalidad democrática más o menos aceptable.

Lea también – Laura Dogu: “No vamos a invertir en un gobierno injusto”

Pero eso suena utópico. ¿Por qué Ortega entregaría la Asamblea después de tantos años y esfuerzos para dominarla? ¿No sería sorpresivo?
Sumamente sorpresivo. No creo que sea algo sencillo ni algo probable, es difícil, pero tenés a grandes rasgos tres opciones. Una: que Daniel Ortega haga lo que le dé la gana, instale su dictadura y cree las condiciones para su dinastía. Dos: que se repitan elecciones presidenciales con un nuevo Consejo Supremo Electoral, pero eso no lo veo posible. Y tres: que se hagan elecciones parlamentarias. Cuando lo digo me atengo a una realidad política y a mecanismos jurídicos. Es difícil, pero aquí es donde yo creo que la gente, la sociedad civil, la comunidad internacional, tienen que hacerle comprender a Ortega que está poniendo en juego no solo la paz, la estabilidad y los comportamientos relativamente buenos de la macroeconomía, sino su patrimonio. Eso permite abrir una transición pacífica al posorteguismo. Y en el posorteguismo es muy importante que Ortega trate de asegurar el patrimonio y la seguridad de sus más cercanos.

¿Usted cree que Daniel Ortega piensa en posorteguismo?
Los dictadores no lo piensan, pero cuando tenés una edad determinada, el hecho mismo de poner a su señora en la vicepresidencia, puede ser un indicador de que está pensando al menos en el pos Daniel Ortega. Entonces dice: “Bueno, por si yo falto, estás vos Rosario. Y si vos faltás, cómo queda todo este capital de intereses que hemos ido creando”. Es crear un proceso transicional que le permita a Nicaragua no romper la estabilidad y la paz que hemos tenido en general. Eso no digo que sea fácil pero hay dictadores que lo han hecho. Franco lo hizo en España. Pinochet lo intentó hacer en Chile. Y hay otros dictadores que no lo han querido hacer y terminan bazuqueados en Paraguay, o presos. Que no digan estoy incitando a algo, yo pongo el ejemplo de las bazucas pero pongo el ejemplo de la transición como la española. Ortega es el que decidirá por cuál de esos modelos opta.

 

Plano personal

Gabriel Antonio Álvarez Argüello nació hace 51 años en la ciudad de León.
Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en León. Hizo un posgrado de un año sobre Derecho Público en Costa Rica y realizó un doctorado de tres años y medio en Barcelona, que derivó en su tesis doctoral y libro: La Ley en la Constitución de Nicaragua.
Está casado con Marianela Rocha, abogada ambientalista, tienen un hijo de 18 años y una hija de 14.
Entre sus pasatiempos predilectos está el seguimiento casi religioso de los deportes. Le gustan prácticamente todos: futbol americano, beisbol, tenis, fórmula uno; pero el que sobresale es el futbol y su querido FC Barcelona, al que ha visto jugar en vivo, en el Camp Nou, varias veces.
También es un lector ávido, disfruta de la música y no le rehúye al baile, aunque lo practica única y exclusivamente si su esposa Marianela lo pide.
No se considera un experto en la cocina, pero asegura que sus hijos prefieren su cuchara que la de su mamá. Sobre todo cuando se trata de pastas.

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