Crítica de cine: La Reina de Katwe

Alisten los pañuelos y lleve a sus niños. Ver esta hermosa película llamada La Reina de Katwe los harán mejores personas.

La Reina de Katwe

La Reina de Katwe, la nueva película de los estudios Disney, está basada en la historia de Phiona Mutesi, una niña de Uganda, pobre y analfabeta, que se convirtió en Maestra Internacional de Ajedrez. Suena como miles de dramas deportivos en clave inspiradora, pero en realidad estamos ante un extraordinario filme para toda la familia.

Robert Katende (David Oyelowo) es un profesor que aspira a encontrar un mejor trabajo para mantener a su familia. Mientras tanto, promueve un club de ajedrez entre los niños del asentamiento Katwe. Phiona (Madina Nalwaga) es una niña de 12 años que se asoma, curiosa. Él la invita a entrar. El grupo, principalmente de varones, la molesta por ser niña. También por oler mal. Katende deja que se defienda sola y le asigna una entrenadora. El tablero captura su imaginación. A pesar de las bromas crueles, al día siguiente Phiona regresa, recién bañada y dispuesta a aprender.

Usted sabe lo que viene. Phiona tiene talento natural y se convierte en una estrella del deporte. Pero La Reina de Katwe oculta muchas sorpresas en su atención a las relaciones entre los personajes, la textura de la vida en condiciones de extrema pobreza y su sabiduría a la hora de reconocer las tensiones que surgen cuando las oportunidades benefician a unos más que otros. En el contexto de países pobres como Uganda —y Nicaragua— los derechos se convierten en privilegios. Nair observa los dilemas que surgen a medida que Phiona encuentra oportunidades inalcanzables para sus amigos e incluso para los otros miembros de su familia. Su éxito enaltece a toda la comunidad, pero también pone en evidencia la rareza de su triunfo. Su aislamiento es patente. Nadie sabe lo que está viviendo.

Juan Carlos Ampié, crítico de cine.
Juan Carlos Ampié, crítico de cine.

La complejidad humana del filme se apoya en dos actuaciones bellamente calibradas. Lupita Nyong’o, ganadora del Óscar a Mejor Actriz de Reparto por 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013), es lacerante como Harriet, la madre, una viuda que lucha por darle techo, alimento y abrigo a cuatro hijos. Ella misma parece una niña la mayor parte del tiempo, pero puede verla madurar cuando desata sus instintos protectores, abonados por su desconocimiento del mundo que se abre ante Phiona. David Oyelowo, nominado al Globo de Oro por su excelente encarnación de Martin Luther King en Selma (Ava DuVernay, 2014), ejecuta la proeza de hacer que la decencia sea tan interesante como la malicia. Katende es un héroe cotidiano, que no llama la atención sobre su sacrificio. Ambos adultos enfrentan momentos de duda personal, escritos como filigrana en sus rostros y miradas. La película es tanto de ellos como de la pequeña heroína.

La Reina de Katwe funciona también como el retrato de una comunidad. Para la directora Mira Nair, esta película supone una especie de retorno a sus raíces. Ella saltó a la palestra internacional con Salaam, Bombay! (2008), nominada al Óscar de la Academia en la categoría de Mejor Película en Lengua Extranjera. Su largometraje debut impresionó por su retrato de la vida en los asentamientos de Bombay. Su cámara registra a Katwe con el amor de alguien que regresa a su hogar. Trabajando sobre el guion de William Wheeler, Nair consigue dramatizar la vida en condiciones de pobreza sin idealizar ni vilificar; presenta la dureza y la calidez. En una película que se gana sus lágrimas, el golpe maestro viene al final, cuando los actores posan con sus contrapartes de la vida real. Alisten los pañuelos. Y lleve a sus niños. Ver esta hermosa película los harán mejores personas.