Observadores, acompañantes y presentes

Una innecesaria confusión se creó alrededor de la visita que una delegación de la OEA hará a Nicaragua del 5 al 7 de noviembre.

Una innecesaria confusión se creó alrededor de la visita que una delegación de la OEA hará a Nicaragua del 5 al 7 de noviembre, durante la farsa electoral del régimen orteguista. La confusión se derivó de que algunas personas y medios calificaron erróneamente  la visita de esa delegación de la OEA como una misión de observación electoral.

Pero no había ninguna razón para confundirse. Tanto en la nota de invitación del régimen orteguista a la secretaría general de la OEA como en la carta de aceptación se dijo explícitamente que la visita es para “hacer presencia en Managua (…) a efecto de reunirse con expertos y organizaciones invitadas al proceso electoral nicaragüense”.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, se vio obligado a desmentir que sus delegados constituirán una misión de observación electoral, la cual es una tarea muy seria que se prepara y comienza a  realizar desde varios meses antes del acto electoral, de acuerdo con un manual técnico, jurídico y político inspirado en los principios de la Carta Democrática Interamericana.

De cualquier modo, aunque el secretario general Almagro hubiese llamado observadores electorales a sus delegados que  estarán en Managua del 5 al 7 de noviembre, eso no convertiría la farsa electoral orteguista en una elección  auténtica ni la podría legitimar.

Al respecto es interesante recordar que en 1974, cuando  27 ciudadanos nicaragüenses encabezados por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal calificaron las votaciones del 1 de septiembre de ese año como una farsa electoral, proclamaron que no había por quién votar y llamaron a la abstención, hizo acto de presencia una misión de acompañantes electorales invitados por la dictadura somocista y avalados por la OEA.

12 encopetados señores procedentes de igual número de países, incluyendo los Estados Unidos (EE. UU.),  vinieron a observar la farsa electoral, o a hacer acto de presencia durante ella y luego emitieron un informe pretendiendo legitimarla.

“Informe inaudito de ‘observadores’” dijo el doctor Chamorro Cardenal en el título del editorial de LA PRENSA del 6 de septiembre de 1974, en el cual el líder democrático se burló de aquellos testigos electorales alquilados por la dictadura, quienes dijeron bellezas de la farsa electoral del 1 de septiembre. Esos observadores electorales, dijo el director de LA PRENSA, “además de divertirse se burlaron de nosotros, y se fueron muy bien pagados de la hospitalidad oficial nicaragüense”.

Pero no pudieron legitimar la  farsa electoral somocista, porque, como dijimos en un editorial anterior, lo ilegítimo nada ni nadie lo puede legitimar.

Dos días después de la farsa electoral somocista del 1 de septiembre de 1974, el doctor Chamorro Cardenal, en su condición de líder de los 27 demandó mediante un vibrante editorial de  LA PRENSA, que “Somoza repudiado debe renunciar”.

Somoza no renunció en aquella ocasión, ni lo quiso hacer en 1978,  cuando la llegada de una misión mediadora internacional le dio esa oportunidad. Pero poco tiempo después tuvo que abandonar el poder e huir vergonzosamente de Nicaragua.