Entre la disciplina financiera y la cooperación petrolera

Se ha vuelto casi un lugar común reconocer que entre 2007 y 2016 se ha logrado mantener la disciplina financiera, entendiendo por esta última la preservación de déficits fiscales compatibles con la reducción del coeficiente deuda pública/Producto Interno Bruto (PIB) y la restricción del crédito interno, principalmente al sector público, con miras a lograr una […]

Se ha vuelto casi un lugar común reconocer que entre 2007 y 2016 se ha logrado mantener la disciplina financiera, entendiendo por esta última la preservación de déficits fiscales compatibles con la reducción del coeficiente deuda pública/Producto Interno Bruto (PIB) y la restricción del crédito interno, principalmente al sector público, con miras a lograr una meta determinada de acumulación de reservas monetarias internacionales.

Sin embargo, es importante reconocer también las condiciones que han facilitado de manera decisiva que dicha disciplina pudiera sostenerse. La condición fundamental que contribuyó a que se lograran preservar los indicadores básicos de la denominada disciplina financiera estuvo representada por la denominada cooperación petrolera de Venezuela.

Para comprender mejor esta afirmación, debe recordarse como funcionaba dicha disciplina financiera antes de 2007. El país debía pagar en divisas líquidas el petróleo y derivados que requería el normal funcionamiento de la economía.

Debido a los precios comparativamente reducidos del petróleo que entonces prevalecían, la factura petrolera alcanzó un promedio anual de 347.8 millones de dólares en el período 2000-2006. Dado que la factura petrolera debía pagarse en divisas líquidas, y las mismas debían compararse en último análisis al Banco Central de Nicaragua (BCN), ello representaba una presión sobre las reservas monetarias internacionales.

Para evitar una caída de estas, que hubiese comprometido los programas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno debía implementar una política de restricción del gasto público y de búsqueda de sobrerrecaudaciones, complementada con el denominado apoyo presupuestario general, con el propósito de transferir al BCN recursos que le permitiesen cumplir con la meta acordada de acumulación de reservas.

Así se mantenía entonces la llamada disciplina financiera.

Sin embargo, en el período 2007-2015 la factura petrolera se multiplicó hasta alcanzar un promedio anual de 1,054 millones de dólares, como resultado del alza en el precio del petróleo. Si dicha factura, la mayor parte de la cual se debía a Venezuela, hubiese sido pagada en divisas líquidas, la presión sobre las reservas internacionales hubiese sido descomunal.

La magnitud del esfuerzo de reducción del gasto y/o incremento de la carga fiscal necesaria para contrarrestar la pérdida de reservas hubiese sido de una magnitud tal, que con toda probabilidad hubiese lanzado la economía a la recesión.

Pero este esfuerzo no fue necesario debido a que, por la manera en que operó la denominada cooperación petrolera, que hemos descrito varias veces, el país no necesitó desembolsar divisas líquidas para pagar los hidrocarburos suministrados por ese país. Por esta razón, no fue necesario adquirir en el BCN los más de 6,000 millones de dólares que se hubiesen requerido, entre 2007 y 2015, para cancelar la factura petrolera con Venezuela.

Por lo tanto, el esfuerzo de disciplina fiscal y financiera requerido para cumplir la meta anual de acumulación de reservas no fue muy superior al que se debió efectuar en el período previo, a pesar de la existencia de una factura petrolera que ahora era de una magnitud varias veces mayor.

Sin embargo, ese escenario cambia a partir de 2016, cuando se debe comenzar a pagar a Venezuela en divisas líquidas el 50 por ciento de la factura petrolera con ese país, lo cual en este año podría representar alrededor de 200 millones de dólares, más el pago de la deuda adquirida a largo plazo, que representaría otros 213 millones de dólares, y la factura petrolera no suministrada por Venezuela, que podría ascender a unos 160 millones de dólares.

Si en los años sucesivos debiese pagarse, como antes, la totalidad de la factura petrolera en efectivo, más el servicio de la deuda con Venezuela, y sube el precio del petróleo, quizá retornemos a presupuestos públicos mucho más restrictivos, y se tenga que recurrir a revisar las generosas exenciones y exoneraciones fiscales.

*Economista
adolfojose@live.com

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