Los cristianos somos gente de esperanza

Creo que nadie puede poner en duda que los hombres del mundo entero estamos pasando por momentos muy difíciles tanto en el terreno político, como social, económico, familiar, personal y religioso.

Jesús, vida

Creo que nadie puede poner en duda que los hombres del mundo entero estamos pasando por momentos muy difíciles tanto en el terreno político, como social, económico, familiar, personal y religioso. Los problemas están ahí y no podemos cerrar los ojos ante ellos.

Para el cristiano, a pesar de las contradicciones que nos puedan surgir en la vida, no todo está perdido, no vale caer en las trampas de la desesperación.

En un lenguaje apocalíptico, revelador, simbólico, el profeta Malaquías y Jesús nos animan a mirar más allá de los problemas y de lo negro de la vida: “Nos iluminará el sol de justicia” (Malq. 3,20). “Con su perseverancia salvarán sus almas” (Lc. 21,19).

El mañana, en el que soñamos, no cae milagrosamente del cielo, tenemos que empezar a construirlo hoy. El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen.

Jesús, en un lenguaje apocalíptico muy propio de los judíos, habla a sus discípulos de los problemas del hoy, como son la destrucción del Templo y de Jerusalén. Pero el problema no es el cuándo sucederá todo ello.

Lo importante es mirar al presente para salir al paso de un mundo futuro mejor en el que se haga presente el reinado de Dios, el hombre nuevo capaz de llevar a cabo una nueva sociedad en la que venza el bien sobre el mal, la salvación sobre la condena, el amor sobre el odio.

Prepárate para mañana trabajando bien hoy. Si queremos una sociedad distinta, sin corrupción y en justicia, sin hambre y en libertad, sin odio y con amor hay que iniciarla hoy, y por nosotros mismos.

Si queremos una familia distinta que sea, en verdad, una auténtica escuela de valores, tenemos que hacerla hoy. Si los jóvenes quieren ser alguien el día de mañana, tienen que empezar a sembrarlo hoy. Que no coman cuentos; mañana nadie les va a regalar nada. O empiezan a sembrar hoy su futuro o mañana se encontrarán sin cosecha alguna.

Si queremos salvarnos mañana, tenemos que construir el cielo en la tierra hoy. El futuro no se espera con los brazos cruzados. El futuro es fruto del trabajo y del sudor del presente, como dice un autor: “El presente carece de futuro, si el futuro no se construye en el presente.”

Los cristianos somos gente de esperanza: A pesar de los problemas que nos puedan aparecer y que sea difícil su solución. A pesar de las preocupaciones y aún de la misma muerte. Dice San Pablo: “Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados” (2Cor. 4,8).

Nuestra salvación está en la esperanza porque la esperanza es la fuerza que nos impulsa al trabajo, a forjar ilusiones, a no tirar la toalla. Creer es esperar y esperar es hacer creíble y factible lo que esperamos. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.

 

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