Universidad: difícil no es entrar, sino terminar

De cada 100 estudiantes que ingresan a la universidad solamente 42 logran concluir una carrera universitaria de forma satisfactoria. La deserción escolar es un problema constante en el sistema educativo de Nicaragua.

Las consecuencias de los vicios en los universitarios se reflejan en su bajo rendimiento académico e incluso problemas familiares. LA PRENSA/ C. VALLE

A lejandra ingresó a la universidad con el sueño de ser odontóloga. Los primeros días asistía puntual a clase, cumplía con los trabajos. Antes de esta etapa no tenía tanta libertad como ahora. Empezó a salir a fiestas diario y a dejar los trabajos para cuando tuviera tiempo. Su susto fue cuando ocurrió el primer corte semestral y se dio cuenta que de cinco clases solo había aprobado una.

No tuvo más opción que contarle a sus padres, ya que le pagaban una universidad muy cara. Como era de esperarse sus padres reaccionaron mal y la sacaron de la carrera. Ahora Alejandra estudia Marketing, una profesión que no le gusta, pero que se ve obligada a terminar.

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Especialistas recuerdan a padres de familia estar más pendiente de sus hijos cuando estos ingresan a la universidad.
Muchos jóvenes, al entrar a la universidad, inician una etapa de libertad que antes no tenían y se olvidan de las metas que se plantearon al empezar su carrera, para ocuparse de malos hábitos.

Es así como de cada 100 estudiantes que ingresan a la universidad solamente 42 logran concluir una carrera universitaria de forma satisfactoria. La deserción escolar es un problema constante en el sistema educativo de Nicaragua, pero es en el nivel superior donde el problema es más notorio.

Según datos del Foro de Educación y Desarrollo Humano, en primaria de cada 100 niños que ingresan a la escuela 52 concluyen el sexto grado, la secundaria es el nivel con más deserción escolar ya que de cada 100 adolescentes que ingresan al colegio solo 38 logran bachillerarse.

Universitarios.

La libertad que gozan los jóvenes universitarios viene acompañada de un entorno negativo, aunque la legislación nicaragüense prohíbe el establecimiento de bares a cien metros de los centros de estudios, cerca de las universidades más populares de Managua se encuentran una gran cantidad de estos negocios donde a diario se observan universitarios ingiriendo licor.

“Algunos a veces ni entran a clases y se van directo al vicio”, alegó Andrea, una universitaria que también frecuenta estos bares a diario.

“Tomo diario, la verdad antes solo lo hacía los fines de semana, pero cuando entré a la universidad, mis amigos me decían dale vamos por unas dos”, y así empezamos a venir diario, “hasta que se me hizo costumbre”, revela la universitaria.

Siempre una justificación

Algunos lo hacen por moda, por estrés, problemas familiares, mientras otros por ser aceptados en un círculo social y la mayoría porque simplemente les gusta, así lo expresaron algunos estudiantes.

“Cada quien se descarrila porque quiere, pero también la presión social ejerce (influye)”, expresa Manuel Rodríguez, estudiante de Ingeniería Civil.

Las consecuencias de los vicios en los universitarios se reflejan en su bajo rendimiento académico e incluso problemas familiares.

“Malas notas por incumplimiento en las clases, si algunos tienen beca hasta llegan a perderla por la misma razón, traen problemas en la familia, con algunas amistades, si tenés una relación amorosa influye, pero también si trabajas igual”, afirma Rodríguez.

Para el director del Foro de Educación y Desarrollo Humano (FEDH), Jorge Mendoza, la deserción en las universidades tiene múltiples factores, pero en general los estudiantes que logran aprobar el tercer año de la universidad logran concluir la carrera.

“La universidad es un ambiente como más permisivo (…), la dinámica universitaria asigna mayores responsabilidades al individuo y entonces ahí varios chavalos se pierden, en la indisciplina, en el vicio, en los que se acaban la beca en un día porque se van a tomar (…), se pierden y van abandonando la carrera, al cabo de un tiempo te das cuenta que por andar de bacanal, por andar en vicios ya no podés recuperar las asignaturas”, expresó Mendoza.

Los lugares que más frecuentan son los bares. El abogado Roberto Valenzuela explica que el decreto legislativo no. 521 aprobado el 28 de julio de 1960 en su artículo 5 establece que: “En ningún caso los bares y cantinas, los restaurantes con bar anexo y los billares podrán establecerse a menos de cien metros de distancia de escuelas (…)”.
“Vemos entonces el tratamiento jurídico (…) que realiza nuestra legislación en prevención de bares cerca de centros educativos, esto con el propósito de resguardar el orden público y prevenir a los jóvenes el asentamiento en lugares de consumo de bebidas alcohólicas en horarios de clase”, alega Valenzuela.

No hay continuidad educativa

Para el directivo del FEDH, Jorge Mendoza, otros de los factores que inciden en la deserción escolar son: “El trauma entre los contenidos que miraban en la secundaria con los que miran en la universidad, no hay continuidad educativa, la falta de articulación entre los subsistemas de educación. La falta de aprendizajes básicos en lectura (…), no tienen lectura comprensiva. Lo otro es que es muy desestimulante el hecho de que estás estudiando una carrera que no te sirve para nada.

Según Mendoza “ese sistema meritocrático en el que el que estudia más, trabaja más, obtiene un premio en la sociedad aquí en Nicaragua está desvirtuado. Aquí necesitas ser de la Juventud Sandinista, ir a penquear viejitos, destacarte —que sé yo— ir a pintar o desbarrancar un vehículo del MRS y entonces eso te da méritos para ser responsable de yo no sé qué, ese sistema está distorsionado”.

Experimentando la libertad

La psicóloga María Elsania Espinoza, especialista en Atención Integral de la Familia, asegura que los jóvenes al llegar a las aulas universitarias experimentan más libertad por estar más alejados de sus padres.

“Los muchachos al entrar a la universidad salen de la tutela de sus padres, lo que los lleva a experimentar la libertad. Los jóvenes traen necesidades de autoafirmación y autovaloración, las cuales no muchas veces están resueltas, este problema se debió resolver en la adolescencia o en el transcurso de la secundaria, y muchos de ellos entran a la universidad con este problema no resuelto, los jóvenes necesitan ser reconocidos y por esta razón empiezan a ir a los bares, a fumar, todo lo que no se les permitía en el colegio. Hay algunos que solo lo hacen para probar, pero hay otros que se quedan ahí”, valora la psicóloga.

Espinoza recomienda a los padres de familia estar más cerca de sus hijos: “El comportamiento de los jóvenes depende de qué familia vienen, si son familias desintegradas hay más vulnerabilidad a que estos adquieran vicios y busquen apoyo con sus amigos, hay muchos factores que inciden en estos comportamientos y el principal sería cuando estos no entran a la universidad con los objetivos bien claros”.

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