El compromiso de Almagro

Según el convenio gobierno-OEA, Almagro sostendrá conversaciones con Ortega, al final de las cuales puede resultar un informe conjunto, si hay acuerdo entre las partes.

Durante su visita a Nicaragua en diciembre pasado Luis Almagro aseguró, en sus reuniones con representantes de los partidos políticos y de la sociedad civil, que su compromiso como secretario general de la OEA, es con los principios y valores consagrados en la Carta constitutiva de la OEA, la Declaración Americana de los Derechos Humanos y la Carta Democrática Interamericana.Que a la luz de esos principios y valores, es que la Secretaría General de la OEA hace sus ponderaciones sobre los procesos electorales y las situaciones que pudieran afectar la institucionalidad democrática en los países miembros de la Organización.

Recientemente, en un artículo de opinión publicado en el diario El País, Almagro afirmó que en 2017 la Secretaría de la OEA continuará luchando “por elecciones libres” y “fiscalizando que la democracia realmente funcione y que no sea una fachada para un ejercicio infame del poder”.

Esta clara declaración es congruente con lo que establece la Carta Democrática Interamericana como elementos esenciales de la democracia representativa: “El respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Sobre la base de lo que la Carta proclama acerca de que “la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas”, Almagro subraya que “la democracia es el instrumento esencial para el desarrollo de nuestros países, ejemplos recientes nos demuestran cómo el debilitamiento de las instituciones, la falta de sujeción al Estado de derecho, el desconocimiento de poderes del Estado, la cooptación de la justicia, el deterioro de los derechos civiles y políticos tienen una incidencia absoluta en el bienestar y la seguridad de los pueblos”.

Almagro vuelve a insistir en que el cumplimiento de la Carta es la solución a las crisis institucionales de los países signatarios, entre los que se encuentra Nicaragua. Además, aboga por la erradicación de la corrupción y espera que 2017 sea un año de “tolerancia cero a la corrupción”.

Y, como para que no quede ninguna duda de su firme compromiso con los valores y principios de la Carta, agrega que si algunos se cansan en cuanto al cumplimiento de esos principios, “la OEA continuará sin tregua; si algunos abandonan la lucha, la OEA seguirá; y si algunos callan, la OEA alzará aún más su voz”.

Se supone que Almagro regresará a Nicaragua el 15 de enero, según el convenio firmado entre el Gobierno de Nicaragua y la Secretaría General de la OEA. En esa oportunidad se espera que Almagro haga públicos tanto el informe que envió a Ortega, con anterioridad al 6 de noviembre pasado, sobre el proceso político electoral de Nicaragua, “ponderando los hechos” ocurridos antes de las elecciones, así como también su informe conclusivo sobre el resultado de las elecciones y la crisis institucional que vive el país, sobre lo cual la misión técnica de la OEA y el propio Almagro fueron ampliamente informados en las reuniones que sostuvieron en Managua con los representantes de los partidos, de la sociedad civil, y de los sectores religiosos y empresariales.

Según el convenio gobierno-OEA, Almagro sostendrá conversaciones con Ortega, al final de las cuales puede resultar un informe conjunto, si hay acuerdo entre las partes. En caso contrario, la OEA publicará su informe por separado.

Si Almagro se ajusta a lo que con tanto énfasis ha afirmado de su compromiso con la Carta, la posibilidad de un informe conjunto es remota. Salvo que el informe se limite a consignar que Ortega acepta convocar a un diálogo nacional inclusivo, como el recomendado por la Conferencia Episcopal, mediado por la OEA, para llegar a un gran consenso nacional que permita, en un plazo no mayor de un año, realizar todas las reformas que se requieren para recuperar la institucionalidad democrática y las garantías de unas elecciones generales como las que contempla la Carta, con un poder electoral honesto y observadores (no “acompañantes”) nacionales e internacionales.

El autor es catedrático y jurista.

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