Arroz fortificado “en la cola de un venado”

Pese a que por una norma obligatoria vigente desde hace 18 meses, en el país se debería consumir arroz fortificado, su aplicación sigue siendo incierta

Desde julio de 2015 entró en vigencia la norma técnica que obliga a la industria local a fortificar el arroz que se consume en Nicaragua —el producido y el importado, incluyendo donaciones—, pero aún se desconoce la fecha en que se cumplirá dicha disposición ya que ni siquiera hay consenso en torno a cómo se realizará ese proceso.

Representantes de los arroceros, instituciones gubernamentales y entidades regionales interesadas en mejorar la nutrición de la población, mantienen negociaciones desde el año pasado con el objetivo de establecer dicho mecanismo, pero aún no llegan a acuerdos. Incluso, recientemente se contempló la posibilidad de armonizar una norma que se aplicaría en todos los países del istmo. En cambio en centros de investigación científica regional los esfuerzos van dirigidos hacia la biofortificación.

En septiembre del 2011 se aprobó la Norma Técnica Obligatoria Nicaragüense (NTON, 03 091-1 1), pero fue publicada en el diario oficial La Gaceta hasta el 18 de julio de 2014 y en su punto número 15 establece que “entrará en vigencia con carácter obligatorio, 12 meses posteriores a su publicación en La Gaceta”, es decir, está vigente desde el 18 de julio de 2015.

Lanzamiento de Nueva Semilla mejorada de Arroz en Malacatoya.

La norma establece que “el arroz de consumo nacional debe ser fortificado con una mezcla de ácido fólico, hierro y otros micronutrientes (óxido de zinc) en las cantidades establecidas. Pero hasta la fecha ni el Ministerio de Salud (Minsa) ni el de Fomento, Industria y Comercio (Mific) han asumido el rol verificador que les asigna la norma.

“Nosotros como industria estamos interesados en implementar la norma porque sabemos que es obligatoria y como sector estamos dispuestos a cumplirla. Sin embargo, no está claro todavía cuáles serán los mecanismos de control. La norma establece mecanismos de control en todo el país pero solamente están parafraseados, descritos en términos generales”, explica Didier Alemán, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de Procesadores de Arroz (Proarroz).

LAPRENSA/ARCHIVO

Pidieron una comisión

Las empresas agrupadas en Proarroz en conjunto procesan más del 60 por ciento de los siete millones de quintales de arroz, que en promedio se consumen anualmente en el país.

Ante el vacío que los procesadores encontraron en la NTON 03 091-1 1 solicitaron al Gobierno la creación de una comisión interinstitucional presidida por el Minsa que garantizara que todos los trilladores de arroz del país cumplieran la norma.

“Porque si nosotros como industria formal fortificamos, nuestros costos se elevarán y nuestro arroz será más caro que el de los trillos que no realicen el proceso y por cuestión de costos los consumidores optarían por el producto más barato”, advierte Alemán.

Aunque ya establecieron contacto con los proveedores de maquinaria, vitaminas y minerales, Proarroz aún no cuantifica el costo de este proceso, lo que sí sabe es que es “caro y se eleva de acuerdo a la distancia del país proveedor” y al método que se utilice para realizar el proceso.

Incluso, teniendo en cuenta que este es un proceso que beneficiará la salud pública, ya solicitaron que estas importaciones sean libres de impuestos, ya que esto les reduciría los costos.

Arroz.

No se ha avanzado

“Pero a pesar de que nos venimos reuniendo desde el año pasado ni siquiera hemos comenzado a definir los procesos ni los mecanismos de control y vigilancia que garantizarían que la fortificación sea un hecho para todos. Seguimos esperando que se forme la comisión interinstitucional que solicitamos”, expone Alemán.

Como parte de estas negociaciones un organismo internacional que apoya a las autoridades de salud está sirviendo de “asesor” del proceso. Sin embargo, debido a la centralización de la información establecida por el gobierno sandinista no fue posible obtener detalles a través del Minsa.

“Nosotros hemos hecho todo lo que nos corresponde pero el Gobierno también tiene que hacer su parte. Incluso hay un organismo regional que trabaja con fondos canadienses y hasta donde nosotros sabemos ya tiene lista una campaña para explicarle a la población en qué consiste la fortificación y cómo debe manejarse el arroz para poder aprovechar los nutrientes que se le agregarán.

“Porque esto también es un asunto cultural y de educación, los nicaragüenses son muy dados a lavar el arroz antes de cocinarlo y al lavarlo muchos de esos nutrientes que se agreguen se perderán. Lo mismo ocurrirá si ven un grano de color más oscuro y lo sacan y botan creyendo que es basura. Entonces es necesaria una campaña pública de información antes de que la fortificación se concrete y los costos de esta campaña según tengo entendido los asumiría el Gobierno”, explica Fernando Mansell, vicepresidente de Proarroz.

Según los dirigentes de Proarroz en la última reunión que sostuvieron con los representantes gubernamentales, estos les informaron de la existencia de un movimiento empujado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras instancias regionales, para establecer un reglamento técnico centroamericano de fortificación del arroz.

Productores de arroz se quejan del incremento de los costos de producción quieren que las autoridades revisen el precio final del producto al consumidor. LA PRENSA / ARCHIVOPodría ser regional

Actualmente solo Nicaragua, que aún no la aplica y Costa Rica que fortifica el arroz desde hace varios años, son los únicos países centroamericanos que han aprobado este tipo de normas.
La propuesta de la OMS abre posibilidades al proceso de fortificación, ya que se aplicaría la misma fórmula en todos los países. Eso, según Mansell, además de facilitar la compra de los insumos, garantizaría también que el arroz que se comercialice entre los países cumpla los requerimientos de toda la región.

También se unificaría el mecanismo, ya que existen varios. La norma local permite dos: con arroz extrusado o extruido (que consiste en moler el arroz para mezclarlo con los nutrientes y luego volver a compactar el grano) y la aspersión (que es bañar cierta cantidad de granos con la mezcla de nutrientes).

Por ser más simple el método de aspersión, es el más barato y es más aceptado porque es el mismo grano con una poca variación de color entre los granos que reciben la mezcla.

Pero independientemente de que se continúe trabajando en el proceso local o que el país se una al movimiento regional, Alemán admite que aún es incierta la fecha que Nicaragua comenzará a consumir arroz fortificado.

Arroceros del valle de Sebaco

También se puede biofortificar

“Eso está fuera de nuestras manos, nosotros tenemos la mejor voluntad pero dependerá de la decisión del Gobierno. Él debe elegir si se continúa el proceso para aplicar la norma local o nos plegamos al esfuerzo regional”, dice Alemán.

Para María Carolina González, coordinadora adjunta de HarvestPlus para América Latina, una opción más segura para complementar las estrategias de suplementación de nutrientes es la biofortificación.

“Porque normalmente las intervenciones que se hacen son: a través de vitaminas que se dan a niños pequeños y mujeres en edad reproductiva, educación nutricional y fortificando los alimentos básicos. El problema es que algunas veces los programas fallan, no llegan a todas las personas o dependen de los gobiernos de turno. En cambio la biofortificación es la forma de complementar estas estrategias porque el micronutriente viene desde la planta”, explica González.

Desde hace varios años HarvestPlus trabaja en Nicaragua con varias organizaciones, entre ellas la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR) y el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA). Con el INTA ya liberaron una variedad de frijol biofortificado con hierro que está siendo utilizada por los productores.

Con el arroz, González considera que además de fortificar se podría trabajar en la biofortificación, que además es más barata.

“Lo caro de la biofortificación es la inversión inicial, es decir generar la variedad y eso actualmente lo hacen los centros de investigación que trabajan con donaciones internacionales. Pero una vez que sale la variedad es otra similar al resto y no tiene costos adicionales para el productor. En cambio la fortificación es un proceso industrial que debe realizarse constantemente”, dijo.

Los dirigentes de Proarroz consideran que esta opción está en manos de los productores, ya que son ellos los que eligen la semilla que usan en sus plantaciones.

Para el secretario ejecutivo de ANAR, Wilfredo Bejarano, sería “genial” contar con estas variedades. Pero advierte que debido al largo proceso que implica su liberación, no son opción en el corto plazo, por lo que considera que de momento lo más indicado es seguir empujando los mecanismos de fortificación.

Cooperativas Arroceras de Sebaco

Ya se hacen pruebas

Actualmente HarvestPlus realiza pruebas de mejoramiento de variedades a las que les han adicionado zinc, que incide en el crecimiento de las personas.

“De aquí (sede del Centro Internacional de Agricultura Tropical en Colombia) se sacan unas líneas y ya mandamos algunos materiales a Nicaragua donde arrancó el proceso para su validación en campo, para determinar cuál se adapta mejor. Después de dos o tres años el país libera la variedad”, detalla María Carolina González, coordinadora adjunta de HarvestPlus para América Latina.

González considera que a partir de 2018 se podrían comenzar a liberar estas variedades para que sean reproducidas.

Pero el secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR), Wilfredo Bejarano, sostiene que actualmente para la validación de una nueva variedad en el mercado nacional se requiere de ocho ciclos y no necesariamente todas funcionan.

“Y ahora que el cambio climático presiona más con enfermedades que antes no existían, en cualquier momento de la validación se puede caer alguna de las variedades que están sometidas al proceso”, sostiene Bejarano.

Trillo de arroz en Sebaco.

Solo convencionales

Otra limitante que enfrentan los productores locales de arroz, según Wilfredo Bejarano, secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR), es que solo podrían biofortificar con variedades tradicionales, ya que actualmente en el país está prohibido el uso de semillas mejoradas genéticamente o transgénicas, que también podrían facilitar la adhesión de los nutrientes requeridos por los nicaragüenses.

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