Insalubridad

Si no tenemos salud, de qué sirven los millones, sino quizás para pagar las cuentas de los hospitales. Si somos poderosos pues diría lo mismo. Y, ¿qué amor podríamos gozar si nos encontramos enfermos?

Salud, dinero y amor dice un brindis muy popular y agregaría poder.

Se supone que quien tenga estas cuatro cosas habrá alcanzado la felicidad.

Si tuviera que escoger una de las cuatro seleccionaría sin duda alguna salud. Sano se puede todo por muy pobre, sin amor y sin poder que se esté.

Si no tenemos salud, de qué sirven los millones, sino quizás para pagar las cuentas de los hospitales. Si somos poderosos pues diría lo mismo. Y, ¿qué amor podríamos gozar si nos encontramos enfermos?

Desgraciadamente en Nicaragua existen personas con mucho dinero y bastante, pero bastante poder, pero con una total ausencia de salud.

Salud parece ser lo que más necesitamos y lo que menos tenemos.

Entonces ¿cómo podemos ser un país feliz si vivimos según mis apreciaciones, en uno de los países más insalubres del mundo? y lo peor de todo “no hacemos el más mínimo esfuerzo para superarlo”.

Vamos a empezar por lo más obvio:

Mosquitos por todos lados que son iguales a malaria, dengue, chikungunya, zika, fiebre amarilla y otras enfermedades, entre las que se pueden contar leucemias y encefalitis. Moscas en cada mesa, ratones, ratas, cucarachas y chinches, lo que significa parasitosis, enfermedades gastrointestinales, respiratorias, cardiacas y de la piel.

Polvo continuo con sus consecuentes alergias, asma y enfermedades respiratorias.

Contaminación de aguas y aire por el abuso de insecticidas, mala gasolina y otros químicos que nadie regula pseudoestrógenos que causan cánceres, enfermedades de la colágena y que bajan nuestro sistema inmunitario.

Existe una deficiencia profunda en educación sexual con la consecuencia de embarazos no deseados, abortos, enfermedades sexuales e hijos sin padres futuros resentidos sociales que degeneran en guerras civiles, tiranos y femicidas.

No hay educación vial y falta infraestructura causando muertes por accidentes que ya son una epidemia.

Hay toda clase de animales en las vías. Algunos son abusados jalando carretones sobrecargados y sin señales. Perros deambulan en las calles con el enorme peligro de rabia.

Hoyos sobran en las aceras donde fácilmente se quiebra cualquiera. Los baches en calles y carreteras son innumerables y aun cuando aparentan no tenerlos, la vibración que producen los vehículos, la mayoría en muy mal estado, le quiebra la espina al más sano causando dolores eternos de rabadilla.

Las playas no se cuidan o si se hace, la vigilancia es mínima con gran número de ahogados.

Peor aún es la contaminación fecal de nuestros ríos y mares pues no existen inodoros públicos ni ninguna facilidad para los bañistas quienes tienen que defecar, orinar y botar la basura por todos lados. Cualquiera se corta un pie con vidrios regados en la arena.

Se bebe licor y se fuma a lo descosido creándose bochinches y pleitos de consecuencias nefastas y por supuesto cánceres y cirrosis.

Los productos alimenticios se venden sin ningún control sanitario, igualmente las medicinas.

No hay regulaciones para farmacias, laboratorios y cualquiera puede decir que es médico, y nadie lo cuestiona. Los hospitales dan asco (aun hasta los dos o tres que se consideran de alta alcurnia) y nadie se inmuta. Hay enfermos mentales en las calles que deambulan desnudos y numerosos jóvenes abiertamente abusando de las drogas en parques y lugares públicos.

Los que se dicen profesionales de la salud lo saben todo y sugerencia que se les da, es motivo de burla y sorna. No existe el sentido del voluntarismo. Muy pocos donan su tiempo libre para limpiar, para socorrer.

El ruido es insoportable. No hay respeto para vecinos, hospitales o escuelas. Es como vivir en un país donde todos somos suicidas y homicidas pues no nos importa la vida incluyendo la de nuestros propios hijos, padres y amigos.

Los poderosos y los que se creen ahora invencibles, los que tienen sus bolsas llenas de dinero podrán reírse de estos comentarios. Encascados como están en sus mansiones lujosas con cordones policiales, creen que la mosca contaminada con hepatitis que eventualmente les provocará un cáncer hepático, no se parará en su copa lujosa rebalsando del mejor vino de este mundo y si se llegara a parar, los millones de microbios que lleva en sus patas harán reverencias aduladoras y por miedo no los infestarán.

Que ciegos y sordos estamos.

El autor es médico.

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