Talentos ocultos

Nuestro crítico de cine, Juan Carlos Ampie ya vio Talentos ocultos. Lea su opinión sobre la película con tres nominaciones al Óscar

Talentos ocultos

Para cuando se estrene en Nicaragua —el próximo jueves 2 de febrero—, “Talentos Ocultos” bien podría haber alcanzado recaudaciones de más de 100 millones de dólares en taquilla global, impulsada por sus tres nominaciones al Óscar, incluyendo una a Mejor Película. La acción arranca a finales de los años 50. Estados Unidos y Rusia compiten por mandar al primer hombre al espacio.

Experimentamos la presión del momento a través de tres mujeres que trabajan en la NASA: Katherine Goble (Taraji P. Henson), una viuda con una prodigiosa habilidad para la geometría; Dorothy Vaughan (Octavia Spencer, nominada a Mejor Actriz de Reparto), una figura maternal que anhela ser supervisora, y Mary Jackson (Janelle Monae), de insolencia juguetona. Las tres son “computadoras negras”, parte de una treintena de mujeres afroamericanas contratadas para ejecutar cálculos. El título no es formulado como insulto. Su oficina tiene un rótulo que las identifica como tales. Sus jefes no las llaman por su nombre. Les dicen, literalmente, “computadora”. La deshumanización está institucionalizada incluso en la agencia que reúne a las mentes más brillantes.

Las películas que denuncian el racismo suelen concentrarse en sus manifestaciones más extremas. Véase la violencia operática de “12 Años de Esclavitud” (Steve McQueen, 2013) o el golpe a golpe de la lucha por los derechos civiles en “Selma” (Ava Duvernay, 2014). “Talentos Ocultos” explora una esfera personal e íntima. Su foco de atención está en los espacios del trabajo y el hogar. Es ahí donde se libran las batallas de las tres protagonistas. Sin embargo, no están desconectadas de las convulsiones de la época. Están pendientes de las noticias —vemos en televisión un reporte sobre el terrorismo contra activistas en Birmingham, Alabama—. En general, sus energías se concentran en tratar de convivir de la manera más digna posible con los límites que la sociedad les impone.

Cada una enfrenta un desafío profesional: Katherine es seleccionada para asistir al equipo que trabaja directamente en la carrera espacial, comandado por el ingeniero Hal Harrison (Kevin Costner), quien esconde sorpresivos reductos de decencia. Dorothy detecta la amenaza para su trabajo, que representa la llegada de una computadora a la NASA y se apresura a aprender el lenguaje de programación. Mary emprende una batalla legal para poder estudiar Ingeniería. El género también supone un obstáculo: el cortejo entre Katherine y un militar retirado (Mahershala Ali) encuentra fricción por el machismo internalizado. Y el esposo de Mary duda sobre sus habilidades académicas.

La película, basada en un libro que recoge la historia real, ejecuta un particular ejercicio de equilibrio al retratar la dinámica social del momento. Evidencia las agresiones socialmente aceptadas que polucionan casi todas las interacciones entre negros y blancos. La condescendencia y el racismo quitan el aliento. Jim Parsons y Kirsten Dunst son los más activos en este campo, bordeando la villanía. Pero “Talentos Ocultos” no permite que el espectador se sienta superior, simplemente porque ahora somos, en teoría, más sensibles. Ellos son simplemente producto de su tiempo y sus circunstancias.

El hecho de que los talentos de Katherine y sus colegas son indispensables para avanzar en la carrera espacial, pone en evidencia cómo la discriminación contradice los ideales mismos de la nación norteamericana y entorpece el progreso. Cuando un personaje blanco finalmente reacciona en contra de una de las medidas más estúpidas, “Talentos ocultos” encuentra un clímax prematuro, tan poderoso emocionalmente como el vuelo de John Glenn (Glen Powell). Para generaciones de hombres y mujeres, un simple acto cotidiano podía ser tan difícil y simbólico como viajar al espacio. En alguna medida, sigue siéndolo. No deje de verla.

 

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