¿Qué esperar de Donald Trump?

Los empresarios aspiran a que todo siga igual y que la nueva administración norteamericana se dé por satisfecha con los números que arroja la macroeconomía

Hasta el momento de escribir este artículo, la interrogante entre políticos, empresarios, asociaciones civiles y por supuesto que del Gobierno también,  es ¿qué va a hacer Donald Trump con relación a Nicaragua? Los empresarios aspiran a que todo siga igual y que la nueva administración norteamericana se dé por satisfecha con los números que arroja la macroeconomía, las asociaciones civiles aspiran a que el respeto a la propiedad privada a los derechos humanos y políticos de los nicaragüenses sean motivo de atención por la nueva administración, los verdaderos opositores al régimen orteguista seguimos aspirando a que se desconozca el fraude electoral del pasado noviembre y que se creen los instrumentos necesarios que obliguen a la dictadura a respetar la Carta Democrática para poder tener elecciones verdaderas, entre otras cosas. Por su parte el Gobierno  seguirá mandando señales de humo con el propósito de mantener el statu quo que le ha permitido mancillar  nuestros derechos civiles y políticos por toda una década.

Hay un refrán muy nicaragüense que dice: por la víspera se saca el día, ateniéndome a él voy a hacerles una semblanza de quién es quién en el gabinete del presidente Trump, para que ustedes puedan sacar sus propias conclusiones sobre lo que podrá esperar este gobierno de la nueva administración norteamericana. Comencemos por el secretario de Estado, quien hasta su nombramiento era el presidente mundial de la empresa Exxon Mobil Corporation, la misma que fue obligada a vender todas sus instalaciones en Nicaragua con una pérdida multimillonaria según se sabe. El general John Kelly será el encargado de la seguridad nacional, famoso por la poca o ninguna consideración que tiene por los políticos que han pasado por el departamento de Estado en el gobierno de Obama; Kelly es parte de un trío de exgenerales que integran el gabinete, junto con el general James Mattis, secretario de Defensa. Trump calificó a Mattis como “lo mejor” y afirmó que “es lo más parecido que tenemos al general George Patton”, quien fue uno de los líderes militares estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. El último del trío es el general Michael Flynn quien será el consejero de Seguridad Nacional, en 2012 fue nombrado por Barack Obama director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, el principal organismo militar de espionaje extranjero que opera bajo la jurisdicción del departamento de Defensa, pero dos años después se vio forzado a dejar el cargo debido a  “diferencias” con sus superiores. Como jefe de la Central de Inteligencia (CIA) fue nombrado Mike Pompeo quien es partidario de volver a las prácticas adoptadas por los servicios de Inteligencia después de los atentados del 11 de septiembre. Se dice que muy pronto será nombrado subsecretario de Estado, Elliott Abrams, un diplomático que sirvió en varias posiciones de política exterior con los presidentes Ronald Reagan y George W. Bush.

Abrams fue declarado culpable de ocultar información al Congreso sobre el caso Irán-Contra pero fue indultado por el presidente George W. Bush.

Entre los asesores en la Casa Blanca, figura una dama que ha trabajado por los últimos veinte años con la congresista Ileana Ros Lehtinen, también se pronuncia con insistencia el nombre del coronel Oliver North. Si a este racimo de nombres le agregamos la ya famosa frase del presidente Trump: “La gente emigra a los Estados Unidos porque sus países son un asco” y es culpa de los corruptos que se roban el dinero. Si los países se manejaran bien, la gente no emigraría. No sé ustedes, pero yo no apostaría un peso por el futuro político del orteguismo del siglo XXI.

El autor es analista político.