Textiles sin plan B ante nuevos riesgos

Nuevas amenazas rondan la exportación de textiles maquilados en Nicaragua.

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Las mujeres son mayoría en las empresas textiles de Nicaragua. LAPRENSA/Y.LÓPEZ

Pese a que los empresarios y representantes de Gobierno en Nicaragua celebran que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmara la salida de esa economía del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, sigla en inglés), una amenaza aún late para la industria de confección textil del país.

El pasado 23 de enero Trump se reunió con representantes de diferentes empresas originarias de esa nación, entre ellas, la estadounidense proveedora de ropa deportiva y vestimenta casual Under Armour, compañía a la que empresas bajo el régimen de zona franca en Nicaragua maquilan sus prendas de vestir.

Esa reunión de la que todavía se desconoce su resultado, representa una alerta para las empresas que maquilan esas prendas, pero hasta el momento ni los empresarios ni representantes de Gobierno han evaluado cuál es el panorama o repercusiones de corto, mediano y largo plazo que pueda tener pues consideran que para Estados Unidos la industria de confección no es competitiva, expresó Alfredo Coronel, director ejecutivo de la Comisión Nacional de Zona Franca (CNZF).

“La gente sabe que es una empresa grande y llama la atención (reunión entre Trump y representantes de Under Armour), pero las medidas que se están tomando son prácticamente para empresas con inversiones mayores a los cincuenta o cien millones de dólares, que pueden producir bastantes empleos y que los ingresos compensen los salarios en ese país”, manifestó Coronel.

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La confección de textiles en Nicaragua representa más del cincuenta por ciento en las exportaciones. LAPRENSA/L.VILLAGRA

Nicaragua es más rentable

Coronel expone que una de las ventajas que países como Nicaragua representan para las grandes marcas es el costo de la mano de obra porque en el país un operario puede percibir un promedio de un dólar por hora laborada, pero en Estados Unidos el mínimo es de ocho dólares por hora.

“Nos preocuparíamos si tuviéramos una industria que produjera por mencionarle un ejemplo, pantallas para televisores y que empleara a los mejores ingenieros del país. La tecnología está generando muchos ingresos, pero sabemos que para Estados Unidos no es viable sostener esas estructuras de costo altas porque tendrían que trasladarlo al precio final de los consumidores y la idea es lo contrario”, dijo el director ejecutivo de la CNZF.

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Dean García, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de la Industria Textil y Confección (Anitec), coincide con Coronel y descarta que Estados Unidos esté interesado en el retorno de las maquilas de confección textil, pero que de ser así, tendrían que pasar entre tres y cinco años para que en ese país se habiliten las condiciones logísticas.

“Hay que tener claro que esa es una empresa que coloca contratos y desde el punto de vista de negocios, uno no va a colocar donde no obtenga precios favorables. Entiendo que la empresa tiene (plantas) en Camboya, Vietnam, Honduras y Nicaragua. Y si Estados Unidos pretende que esa fabricación regrese tienen que reactivar la industria manufacturera de prendas de vestir, emprender un programa de incentivos y desarrollar varios que llevan mucho tiempo.

Cabe recordar que en la primera semana de mandato Trump ha creado un escenario donde la incertidumbre a las decisiones que toma son una constante. Primero firmó la salida de su país del TPP, un acuerdo que incluye la participación de 12 países que juntos en 2014 su comercio alcanzó 2.1 billones de dólares, indican estadísticas de la Comisión Económica para América Latina.

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Asimismo anunció una renegociación del Acuerdo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y desde su campaña ha animado a los inversionistas que retornen a su país de origen.

Datos de Anitec reflejan que de los 115,050 personas que trabajaban en las empresas de zona franca hasta diciembre de 2016, unas 34,768 estaban en empresas con capital de Estados Unidos.

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LAPRENSA/L.GONZÁLEZ

Ola migratoria

Antonio Fúnez, gerente general de la empresa Sincotex, dijo a LA PRENSA que todo contrato se desarrolla con anticipación y hasta el momento no ha habido ninguna cancelación.

Sobre el clima de incertidumbre y las amenazas que representa Trump para el sector confección, Fúnez no cree que toque al istmo centroamericano porque no le conviene.

“La verdad es que Estados Unidos no cuenta con mano de obra calificada para la industria textil, además que es más caro allá y segundo, si ellos se meten con las maquilas, no les conviene porque eso podría desatar una ola de inmigrantes a ese destino”, expresó Fúnez.

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Parques siguen igual

Mario Zelaya, presidente de la Federación Cámara Nicaragüense de Zonas Francas Privadas (FCNZFP), es otro de los representantes gremiales que celebra la firma de Estados Unidos para salirse del TPP y quien también confía en que no proyectan ningún inconveniente en el alquiler de espacios.

“Hasta el momento nuestra dinámica sigue igual. Incluso tenemos reportes de ampliaciones, eso es porque las empresas están percibiendo mejores contratos y la idea de ellas (empresas) es crecer”, manifestó Zelaya, quien dice que contar con un plan B ante la incertidumbre en las decisiones de Trump por ahora no es una prioridad en el país.

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Hasta mediano plazo

Los empresarios en Nicaragua se han mostrado seguros al no temer efectos inmediatos por la presión que ejerce el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, a la industria automotriz y demás. Pero lo que sí han dicho es que en un mediano plazo podría incidir en la atracción de inversión de ese país. Uno de ellos es el expresidente de la Cámara Americana de Comercio en Nicaragua (Amcham), Roberto Sansón, quien el pasado 6 de enero aún al frente de la presidencia admitió ese escenario.

“Es muy temprano, pero la verdad es que hay que estar pendientes que en el mediano plazo eso tenga una afectación (en las nuevas inversiones estadounidenses)”, expresó y a la misma vez desestimó que las empresas que operan bajo zona franca podrían recibir un impacto negativo, pues no es la prioridad para el país norteamericano.