“Verdades alternativas”

La asesora de la Presidencia, Kellyanne Conway, empleó el término “verdades alternativas” para justificar datos inconsistentes sobre la asistencia a la toma de posesión del presidente Trump

El gobierno del presidente Trump ha revelado un concepto nuevo para una práctica vieja: repetir mentiras como si fueran verdades. Esto se resume en la famosa frase: “Miente miente…, que algo queda” adjudicada a Goebbels, ministro de Hitler y uno de los creadores de la propaganda política moderna. Pero no es patrimonio de la Alemania  nazi ni de los  EE.UU.  de Trump. Es consustancial a los autoritarismos en sus diferentes expresiones, dictaduras, fascismo, totalitarismo, etc. Este tipo de propaganda apunta a repetir supuestos hechos, para que se instalen en el inconsciente de las personas como verdaderos.

La asesora de la Presidencia, Kellyanne Conway, empleó el término “verdades alternativas” para justificar datos inconsistentes sobre la asistencia a la toma de posesión del presidente Trump. Algo  relativamente inocuo, pero que de volverse una tendencia sería una práctica antiética con efectos negativos para la cultura de EE.UU. y del mundo.

Interpreto “Verdades alternativas” como falsedades que pretenden confundir, negar o desvirtuar una realidad objetiva, usando algunos datos para contrarrestar o desvirtuar aquellos incómodos al poder oficial,  relativizando la realidad integral de una situación; o bien, escondiendo datos relevantes. En suma, alejándose de la verdad, uno de los valores que hacen viable la democracia en cualquier parte del mundo.     Por ello, me parece pertinente aprovechar la polémica desatada para extrapolar el análisis a nuestro contexto, usando como ejemplo dos hechos de la política reciente de Nicaragua.

Uno remite a la situación económica. El crecimiento sostenido del 4.5 por ciento se ha usado como un único e incuestionable indicador de desarrollo del país, y es repetido constantemente por los voceros oficiales y oficiosos del régimen, obviando datos relevantes y comprobables: que este crecimiento no se ha traducido correspondientemente en creación de empleo y en calidad de los servicios públicos, especialmente salud, educación y fomento a la pequeña producción. La propaganda oficial, con su “vivir bonito”, había logrado hasta hace poco hacer de esta mentira una verdad incuestionable, o volver sospechoso su cuestionamiento.

Agotada en su repetición, ha servido de ancla para esconder una realidad: que necesitamos un modelo de desarrollo incluyente, con políticas sensibles a los derechos de la gente, y con un crecimiento de por lo menos el doble del actual, que sea resultado de un Estado de Derecho garante de la transparencia y equidad en la redistribución de los ingresos públicos.

Otro hecho se refiere al derecho de elegir y ser electo. Pese a que todos fuimos testigos del altísimo porcentaje de abstención en la farsa electoral pasada, persisten voces que la esconden, la minimizan, la relativizan, y por último, apuntan a que este silencioso pero contundente rechazo al sistema electoral, “una manifestación protegida”, como alguien dijo, se esconda en el publicitado 73 por ciento de votos a favor de la pareja Ortega Murillo, a contrapelo de los centros de votación vacíos que vimos en todo el país. Las particularidades de la abstención y los porcentajes estimados pueden variar, pero es innegable su magnitud sin antecedentes en la historia latinoamericana, y sustenta el hecho real de que la ciudadanía refrendó con ella, que esa farsa no fue elección según los estándares nacionales e internacionales. Y no acudió a votar. Por lo que es razonable inferir que sus resultados no son legales ni legítimos.

Creo que al igual que en el mundo, en Nicaragua la primera y última batalla que debemos dar es defender la verdad de los hechos que se puedan sustentar o comprobar. Las valoraciones sobre ellos pueden ser diversas, gustarnos o no. Defender la libertad de expresión es justamente defender el derecho a opinar diferente. Pero no debemos permitir que se falsee la realidad, porque no solo deforma el desafío que tenemos, sino que puede corromper nuestro propio espíritu nacional e individual.

¿Cómo hacerlo? Develando las mentiras; completando las medias verdades; siendo cuidadosos con la información que damos y recibimos; pensando, analizando, opinando. Esta es una responsabilidad de todos sin excepción. En los casos mencionados, para mí significa no dejar de luchar por la equidad y por las elecciones nacionales libres y pendientes.

Mi llamado es a no dejarnos engañar con “verdades alternativas”. Que en buen nica significa: “¡Que no nos den atol con el dedo!”

La autora es Coordinadora del Frente Amplio por la Democracia (FAD).  

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: