Metempsícosis

Se sentía bien aquella mañana, se sentía nice como dicen algunos, realizada y llena de vida por estar viviendo aquel mágico momento del crepúsculo del amanecer de la conciencia hecha jirones.

Cuatro personajes,  mixta sobre tela 2008. Amador Montes. LAPRENSA/Cortesia

Cuatro personajes,  mixta sobre tela 2008. Amador Montes. LAPRENSA/Cortesia

Era sábado pero para ella esa mañana parecía domingo. Aquel día venía caminando sobre Biscayne Blvd cuando se percató que había dejado olvidado el sostén en el hotel Dust Star, —ayyy qué importa chica lo importante es que no olvidaste tu alma en ese cuchitril— pensó a la vez que se estiraba el pornográfico vestido rojo en el preciso momento que un Cadillac amarillo le insinuó levantarla.

Cuando el conductor bajó la oscura persiana del vehículo ella de inmediato se echó para atrás diciéndole: —Vete para el carajo mijo que yo no tengo tiempo para darle el biberón a ningún pibe culo cagado como tú coño…

El vehículo se alejó haciendo sonar el claxon y una vulgar canción de los Rolling Stone le soltó una celeste sonrisa en todo su ser.

Se sentía bien aquella mañana, se sentía nice como dicen algunos, realizada y llena de vida por estar viviendo aquel mágico momento del crepúsculo del amanecer de la conciencia hecha jirones.

Al llegar a la bahía se quitó los zapatos de tacones azules en la grama, para mirar pasar la ciudad flotante, que con su proa traía hasta el litoral las gélidas y agitadas olas de las verdes aguas del pacífico.

El crucero le trajo a la memoria los días aciagos del treinta y uno de agosto en Bolivia en donde había caído emboscada en el vado de un río y arrastrada por las corrientes hasta ser encontrada por un regimiento de soldados, mientras su amado se encontraba a un kilómetro de ella sin saber nada: —shit, merde, kacken, terminó de decir al fin en alemán entre sollozos.

Al ver pasar la gigantesca embarcación frente a sus ojos pensó en La Habana en donde fue feliz persiguiendo el ideal y la utopía. Y al terminar de pasar el enhiesto y monumental edificio flotante profirió apesadumbrada al argentino sol.

“Definitivamente no se puede tapar la cruel realidad de mi pletórica y miserere luna con una fluvial bestia de metal como esa en donde las esperanzas de los pobres son ahogadas viento en popa —y luego agregó incorporándose del suelo con los zapatos colgados al hombro—.

…Existo luego pienso en el corazón sincero y agobiado por tanta esperanza en espera de ser reconocida por aquellos que ostentan el poder…”

Llegó extenuada a su apartamento y lo primero que hizo fue tomar un baño para luego irse a dormir. A medianoche despertó con un tigre en el estómago, estaba hambrienta y sedienta y calentando un pollo en el microondas se sentó frente al televisor con una cerveza a ver las noticias de la muerte de Castro.

A los pocos minutos alguien llamó a la puerta, se quedó pensando en quién podría ser a esa hora y sin pensarlo dos veces abrió la puerta con premura para encontrarse con ella misma.

Támara —profirió— otra vez tú chica. Se quedó asombrada mirándose en su espejo ¿qué haces aquí? otra vez tú chica no puede ser. Su reflejo sin decir palabras entró al apartamento con una hermosa sonrisa de satisfacción diciéndole: —No entiendo por qué me preguntas siempre lo mismo cada vez que te encuentro, esta es la cuarta vez que nos encontramos en años y lo único que siempre sabes decirme es eso, discúlpame pero creo que esta será la última vez que nos encontremos espiritualmente.

Apagó el televisor y sacando el asado del horno, muy trémula se dispuso a comer en el pequeño comedor de vidrio mascullando. —Ne-cesi-to que me diii-gas de una vez; por-que me sigues desde el día que tuve que asesinar al hombre que intentó violarme, porque; por-que e-res igual a mí, porqueee me sigues, qué quie-res de mí, dilo de una vez y no regreses nunca más, porque-que me agobias tanto, si yo ni te conozco… terminó diciéndole hecha un manojo de nervios a la vez que estrellaba el plato de comida en el suelo. —Está bien te lo diré pero cálmate, no comiences de nuevo con tu comportamiento furibundo y fuera de control.

Escúchame bien linda yo soy tú otro yo, soy tu inconsciente, soy la parte patógena de ti que se encuentra sana, soy lo que deberías de ser y no eres, soy tu yo que intenta habitarte para salvarte, no me reconoces acaso, mírame bien soy tú, tú eres yo. Tan solo debes dejarte conducir por lo que te diga, debes tener confianza en mí, yo me encargaré que todo esto desaparezca de una vez; porque nada de lo que decís es verdad, no existe ningún crimen, no es cierto de que alguien intentó violarte eso no es verdad, simplemente te mataron por rebelde; tu imaginación se encuentra equivocada, simplemente se trata de una trasposición espiritual, tú solo debes de cooperar conmigo para que no te vuelva a suceder lo mismo de siempre, para que no regreses al mismo lugar de la emboscada en donde te vuelves a perder arrastrada por el río creyendo que cometiste un crimen en La Higuera, no es así amiga, mírate, mírame y dime qué ves , acaso no soy tú, no ves que eres tú en mí y yo en ti. La mujer se quedó congelada mirándose de pies a cabeza —te das cuenta, lo que tú sientes yo lo siento, confía en mí Tania y veras como salimos de esta de una vez por todas. Escucha bien por última vez… soy Haydée Tamara Bunke la mujer de tu abuelo Ernesto, el Che .

A los pocos meses la mujer fue dada de baja en el sanatorio de Buenos Aires, ya que inexplicablemente se había operado en ella un prodigio nunca antes visto, había sido diagnosticada esquizofrénica desde temprana edad, pero ahora era poseedora de una asombrosa higiene mental.

Dedicada a María Celeste Fernández de la Argentina.