Los anhelos del excampeón Byron Rojas para el 2017

Byron Rojas no esconde sus anhelos. El pequeño boxeador de Matagalpa, radicado momentáneamente en Estados Unidos, espera que este año la vida le permita ser campeón del mundo por segunda vez y trabajar en la edificación de su patrimonio, lejos del ring.

Byron Rojas espera volver a coronarse campeón del mundo en este año. Foto: Lissa Villagra.

Byron Rojas espera volver a coronarse campeón del mundo en este año. Foto: Lissa Villagra.

Byron Rojas no esconde sus anhelos. El pequeño boxeador de Matagalpa, radicado momentáneamente en Estados Unidos, espera que este año la vida le permita ser campeón del mundo por segunda vez y trabajar en la edificación de su patrimonio, lejos del ring.

“Esto es lo que quiero, volver a coronarme y comprar una finca y poner en ella vacas y cerdos”, cuenta “El Gallito”, con la voz tallada por la ilusión. El dinero que ganó en sus peleas con Hekkie Budler y Knockout CP Freshmart todavía no lo ha invertido. Lo tiene ahorrado. En este año buscará unas tierras.

“He pensado en hacerme de 120 manzanitas (extensión del terreno) y trabajar con ganado bovino y porcino. Lo quiero lograr en un año o en dos”, revela el excampeón del mundo de las 105 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

¿Qué tiene que ver el boxeo con la vida de campo? Ciertamente nada. Pero en “El Gallito” convergen ambas pasiones: pelear como un condenado a muerte en un cuadrilátero y labrar la tierra, cuidar de los animales. Lleva tres años estudiando para ser veterinario y al hablar con él usa términos como “ganado doble propósito”, “terrenos tecnificados” o “pastos mejorados”.

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“Vengo de una familia humilde, de la que aprendí que todo aquel que se esfuerza puede lograr su sueño. Traslademos esto a otras áreas: el boxeador lucha para ser campeón, el médico estudia buscando ser el mejor, el obrero lucha para dejar la pobreza. Cada uno libra su propia batalla”, reflexiona el muchacho de 26 años, desde Michigan, donde su llegada coincidió con la caída de la nieve, lo que le provocó asombro, al igual que ver ganado con mayor pelaje.

“No me conformo”

Todas las tardes invariablemente Rojas acude a un gimnasio de boxeo en Allen, Michigan. Ahí lo han recibido como campeón y ha hecho nuevos amigos. Por las mañanas, en otro local, sube a una caminadora eléctrica porque la nieve que ha adoquinado las calles de la localidad no le permite correr, además no está acostumbrado a estas condiciones.

Aunque su contrato con el promotor Marcelo Sánchez terminó en diciembre, “El Gallito” no abandona las rutinas, en este trabajo su cuerpo es su herramienta de subsistencia, es por eso que no se desenfoca.

“Ando pesando 115 libras y no está mal. Si consigo un nuevo contrato promocional y me pactan una pelea dentro de dos meses, estoy seguro que no tendría problemas para marcar la categoría, tendría el tiempo suficiente para hacerlo”, asegura.

Salir de la nada para sorprender, ganar la corona y luego perderla, no le hace creer a Rojas que es un triunfador ocasional, sino, un guerrero de primer nivel, que ya probó la dureza que supone mantenerse en lo alto.

Yo abrí los ojos cuando le gané a Hekkie Budler, quien para ese tiempo estaba como uno de los mejores 105 libras del mundo. Lo destroné gracias a Dios y después fallé contra Freshmart, pero no siento que me ganó. En otra pelea, estoy seguro que le gano”, apunta.

«Me mantengo humilde»

Byron Rojas no solo demostró que pudo llegar alto, su personalidad fue desnudada al salir del anonimato y lo que se percibió fue la figura de un hombre humilde, el que sigue siendo, mientras busca un segundo empuje para su carrera boxística.“La fama es un arma de doble filo, pues uno corre el riesgo de transformarse en otra persona”, dice.

“Yo vengo de gente humilde. El orgullo no me ha tocado todavía, considero que lo toman aquellas personas que no tienen los pies sobre la tierra. Cuando uno se supera, sufre también algunos embates, porque sale a relucir la envidia, pero ante esto me mantengo sereno, como siempre he sido”, afirma “El Gallito”, quien es padre de dos niños, uno de 2 años y otro de 3.

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