Así fue la segunda visita del papa Juan Pablo II a Nicaragua en 1996

Este es el texto publicado en LA PRENSA el 8 de febrero de 1996, un día después de la segunda visita del papa Juan Pablo II a Nicaragua

Esta fue la portada de LA PRENSA del 8 de febrero de 1996, un día duespués de la segunda visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua. LAPRENSA/ARCHIVO

Esta fue la portada de LA PRENSA del 8 de febrero de 1996, un día duespués de la segunda visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua. LAPRENSA/ARCHIVO

Un 7 de febrero de 1996, Nicaragua se desbordó por la segunda visita del papa Juan Pablo II al país. La visita se dio por una petición de la Iglesia Católica y la presidencia de la República, que en ese entonces estaba bajo el mando de  Violeta Barrios de Chamorro.

Este es el artículo publicado por LA PRENSA el 8 de febrero de 1996.  Además, la carta Violeta Barrios de Chamorro le entregó al Papa por su visita.

Juan Pablo II recordó la «noche oscura» sandinista

El papa Juan Pablo Segundo dijo ante centenares de miles de nicaragüenses que asistieron a la Misa Campal, que ahora el país goza de una auténtica libertad religiosa, tras recordar la «gran noche oscura» que envolvió su primera visita al país en marzo de 1983.

El Papa expresó que profundas transformaciones se han dado en la región centroamericana, como en todo el mundo. Señaló que mientras antes Centroamérica configuraba «un polígono de las súper-potencias», ahora se gozaba de los procesos de paz y de un libre espacio religioso.

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Papa Juan Pablo II, Juan Pablo II, Papa en Nicaragua,
El Papa es recibido por la Presidenta Chamorro y el Cardenal Obando en el Aeropuerto de Managua. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN

Al final de la misa, el Papa improvisó estas palabras: «Hace trece años parecía que tú, Nicaragua, tú, América Central, eras solamente un campo de batalla, un polígono de de las súper-potencias, pero hoy se ve, que eres un sujeto de tu propia soberanía, humana, cristiana, Nicaragua», exclamó.

El evento religioso se realizó con bastante orden. Inclusive, asombró a corresponsales de prensa extranjeros, el hecho de que al momento de la comunión no se provocaron aglomeramientos ni se escenificaron actos inmoderados.

También fue notorio el hecho de en el Malecón no se produjeran incidentes provocados por los sandinistas, como en el pasado; únicamente se dieron casos aislados de insolencia ciudadana, como la presencia de algunas personas en estado de ebriedad, quienes fueron arrestadas por la policía.

El bamboleo de las banderas y banderines azules, blancos y amarillos, tanto de la República de Nicaragua como de la Iglesia Católica, más la presencia de banderas de algunos países como Costa Rica, México, Honduras y de otras naciones, lograron imprimirle a esta venida del papa Juan Pablo, un incuestionable sello de revitalización de la fe católica, y de respeto y cariño hacia la figura del Papa.

El oapa expresó que su visita a Nicaragua se debían a la invitación de las más altas autoridades del país y de la Iglesia Católica, invitación que consideró «cálida y cordial».

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«Esta visita se desarrolla en circunstancias muy distintas a la anterior. Quienes recuerdan la de hace trece años, saben que el Papa vino a Nicaragua y celebró la Santa Misa, aunque no pudo encontrase realmente con la gente». «Desde entonces han cambiado muchas cosas en Nicaragua. Por eso, tanto vuestra nación, como el Papa mismo, deseaban vivamente tener la ocasión de una nueva visita pastoral», acotó el Santo Padre.

Doña Violeta: «Fue el día más feliz de mi vida»

La presidenta Violeta Barrios de Chamorro, despidió la noche de ayer a Su Santidad Juan Pablo II, entregándole una carta en la que le expresa su profundo agradecimiento por la visita pastoral que hizo a Nicaragua.

A continuación presentamos el texto de la carta que entregara la Presidenta Chamorro al Papa Juan Pablo II:

Papa Juan Pablo II, Juan Pablo II, Papa en Nicaragua
Joaquín Navarro Valles, ex portavoz de Juan Pablo II y la Presidenta Violeta Barrios, en Nicaragua en 1996, en la segunda visita del pontífice. LAPRENSA/ARCHIVO

Mi querido Santo Padre:

Como mujer , madre y presidenta de Nicaragua, hoy ha sido el día más feliz de mi vida porque Usted nos visitó de nuevo y recibió el cariño de todos lo nicaragüenses, como no pudimos dárselo antes.

Nicaragua es hoy un pueblo reconciliado. Estamos reconstruyendo la familia con bases cada día más sólidas. Su visita a mi país nos ayudará a todos en el futuro.

Gozamos escuchando su mensaje en el aeropuerto, en la Plaza y en la Catedral. Estoy seguro de que su semilla ya está germinando en el corazón de nuestro pueblo.

Que Dios nuestro Señor lo ilumine siempre y la Virgen Santísima lleve las oraciones de los nicaragüenses a Dios nuestro señor. Con todo mi cariño, su amiga Violeta.

El Papa resalta misión familiar en la Iglesia

Amados Hermanos en el Episcopado.
Queridas familias de Nicaragua:

1.«Hubo una boda de Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Este y sus discípulos también fueron invitados (Jn 2,1-2). Así leemos en el evangelio de San Juan sobre la «primera de sus señales milagrosas», que Jesús de Nazaret hizo con ocasión de una boda.

Quiero detenerme ahora en esta invitación, porque yo también he venido a Nicaragua, invitado por las Autoridades supremas de vuestro país y por los Pastores de la Iglesia Católica. Ha sido una invitación particularmente cálida y cordial, que agradezco profundamente. Esta visita se desarrolla en circunstancias muy distintas a la anterior. Quienes recuerdan la de hace trece años, saben que el Papa vino a Nicaragua y celebró la Santa Misa, aunque no pudo encontrase realmente con la gente.

Papa Juan Pablo II, Juan Pablo II, Papa en Nicaragua
Fotografía del Papa durante su visita a Nicaragua en 1996. LA PRENSA/ARCHIVO/Ariel Leon

Desde entonces han cambiado muchas cosas en Nicaragua. Por eso, tanto vuestra nación, como el Papa mismo, deseaban vivamente tener la ocasión de una nueva visita pastoral, que fuera un verdadero encuentro. Para ello se han esforzado tanto la Presidencia de la República como el Cardenal Miguel Obando Bravo, junto con todo el Episcopado de Nicaragua. Por lo cual, me es grato poder corresponder hoy a vuestra invitación y estar entre vosotros celebrando esta Eucaristía en un clima positivamente cambiado.

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2.De mi visita anterior recuerdo un eslogan muy repetido: «¡Queremos la paz!». Gracias a la Divina Providencia la paz ha vuelto a vuestro país y a toda América Central. Esto me ha movido a visitar de nuevo al menos algunos países de esta parte del Continente Americano, y en particular Nicaragua. La paz ha vuelto. Al mismo tiempo, han tenido lugar profundas transformaciones en América Central, como en todo el mundo. Los habitantes de Nicaragua pueden gozar ahora de una auténtica libertad religiosa. Al clamor de entonces: «¡Queremos la paz!», quiero responder hoy con este nuevo clamor: María, Reina de la paz, te damos gracias por la paz y la libertad que gozan los países de América Central. Desde aquí, la capital de vuestro país, saludo a todos los países de esta área, y auguro una paz duradera y un desarrollo progresivo para estas naciones, así como deseo para la Iglesia que desde hace siglos está presente en ellas, que pueda seguir llevando a cabo más eficazmente su labor evangelizadora.

3.Hoy clausuramos el II Congreso Eucarístico-Mariano Nacional. En nuestra celebración, el Señor, que siempre es fiel a su palabra, renueva su misterio, como un día hizo para la joven pareja, según nos refiere el Evangelio de hoy. Con razón se ha visto en la boda de Caná una prefiguración de la institución de la Eucaristía: el amor de los esposos refleja el supremo amor de Cristo que se entrega en rescate por todos; el agua transformada en vino en el banquete nupcial prefigura el vino que se convertirá en la Sangre de Cristo en la Misa. El texto nos muestra también la valiosa interseción de la Virgen María en favor nuestro.

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4.Recordamos que Jesús, su Madre y sus discípulos fueron invitados a Caná de Galilea un día de bodas. Este hecho tiene una elocuencia particular: El Mesías comenzó sus señales milagrosas (cf. Jn 2,11) en medio de la estrategia por el inicio de una nueva familia. Además, encontramos una clarificación más profunda en las otras lecturas de la liturgia de hoy. Dirigiéndose a las familias, San Pablo nos dice en su carta a los Colosenses: «La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza» (3,16). Que sobre esta palabra de Dios se forme espiritualmente cada familia que tiene su inicio en las bodas, en el sacramento del matrimonio. Que la palabra de Dios, al habitar en cada hogar, consolide la vida de fe de esta comunidad humana fundamental. El Apóstol dice al respecto: «Sed compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Soportáos mutuamente y perdonáos cuando tengáis quejas contra otro, como el Señor os ha perdonáos a vosotros. Y sobre todas estas virtudes, tened amor, que es el vínculo de la perfecta unión. Que en vuestros corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que habéis sido llamados (…). Finalmente, sed agradecidos» (Col 3, 12-15).

Papa Juan Pablo II, Juan Pablo II, Papa en Nicaragua
El Papa, asistido por el Cardenal Obando, oficia la misa en la Plaza Juan Pablo durante su segunda visita a Nicaragua. LA PRENSA/ARCHIVO/Francisco Larios

5.Escuchemos atentamente lo que el Apóstol escribe a los destinatarios de su carta y lo que nos quiere decir hoy a nosotros, a todas las familias de Nicaragua. El Apóstol señala la necesidad de crear una atmósfera de amor y de paz, en la que los hombres puedan desenvolverse felizmente y educar a sus propios hijos.

La palabra de Cristo es fuente de sabiduría.A este respecto recomienda San Pablo: Enseñáos y aconsejáos unos a otros lo mejor que sepáis. Con el corazón lleno de gratitud, alabad a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales;y todo lo que digáis y todo lo que hagáis, hacedlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo» (Col 3,16-17).En efecto, la familia es el primer ambiente humano en el que se forma cada persona. Este ambiente educa al hombre, lo modela según el espíritu de la propia cultura. El futuro de las naciones y de las culturas pasa ante todo por la familia.

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6.Las lecturas de la liturgia de hoy manifiesta también el significado fundamental del cuarto mandamiento: «¡Honrarás a tu padre y a tu madre!». El padre y la madre son aquellos que, como los esposos de Caná de Galilea, contrajeron matrimonio y fundaron una familia. El apóstol se dirige a los maridos y a las mujeres. Dice a los maridos: «Amad a vuestras esposas y no seáis rudos con ellas» (Col 3,19); y a las mujeres: «Respetad la autoridad de vuestros maridos, como lo quiere el Señor» (Col 3,18). No se trata aquí, naturalmente, de una dependencia unilateral de la mujer respecto al marido, sino de una común dependencia de los cónyuges respecto a Cristo.

San Pablo expresa también este mismo pensamiento en el conocido pasaje de la Carta a los Efesios (cf. 5,21-33). Como padres los esposos deben obedecer a Dios y sus mandamientos para poder exigir así la obediencia de sus hijos. El Autor de la Carta a los Colosenses escribe: «Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios» (3,20). Y añade: «Padres, no exasperéis a hijos, no sea que se vuelvan apocados» (3,21). Este es el gran principio del cuarto mandamiento: los padres no deben solamente exigir la obediencia de sus hijos, sino que, en cierto modo, deben de merecer esa obediencia con su propio comportamiento.

Papa Juan Pablo II, Juan Pablo II, Papa en Nicaragua
Doña Violeta recibiendo en el aeropuerto de Managua, al Papa Juan Pablo durante su segunda visita a Nicaragua. LA PRENSA/ARCHIVO/Gerónimo Oporta

7. La lectura del Libro del Eclesiástico se refiere precisamente al problema de esa obediencia. En cierto, está impregnada del espíritu del cuarto mandamiento. «El que honra a su padre queda libre de pecado; y acumula tesoros el que respeta a su madre. Quien honra a su padre, encontrará alegría en los hijos y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre» (3,3-7). La obediencia que Dios pide a los hijos e hijas es expresión fundamental de agradecimiento por la vida. Por ello, el autor del Libro del Eclesiástico añade: «El bien hecho al padre no quedará en el olvido». En cambio, «como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre» (3,14.16). Todas estas lecturas bíblicas se refieren a la vida familiar.

La Iglesia realiza en todo el mundo el santo sacrificio de la Misa y que la iglesia en vuestro País, al hacerlo cada día, permanezca siempre en este misterio de nuestra fe. Que todos vosotros, como miembros de la comunidad eclesial, toméis parte en este «maravilloso intercambio» y lleguéis así a participar de la vida divina, que supera, los límites de nuestra existencia terrenal y es para todos nosotros prenda de inmortalidad. Amén.

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