El sentido de la amistad

Por eso en la venturosa ocasión de ayer que se celebró el Día de la Amistad, pero también todos los días, debemos formular espontáneos votos para que en el cotidiano esfuerzo de la voluntad personal sepamos cultivar la amistad.

rebelión del 4 de abril

Ayer 14 de febrero se celebró el Día de la Amistad, que muchos lo celebran también como el Día del Amor y de los Enamorados.

El buen amigo se suele obtener dependiendo del buen comportamiento que tengamos hacia él. No podemos conservar ese tipo de relación si por cuestiones negativas de carácter no sabemos valorar a quien espera de nosotros un trato caballeroso, y afable, que responda a la obligación de saber ser amigo. Se entiende que en las relaciones sociales tenemos que ser comprensivos; mostrarnos tolerantes con las debilidades o defectos de un amigo, saber hacerle señalamientos cuando es preciso, sin caer en actitudes que en virtud de ayudarle a que mejore sus condiciones, las complique. Sin el ánimo de ser “jueces” de conductas ajenas, no podemos hacerle señalamientos de efectos a los demás porque primeramente tenemos que vernos nosotros mismos. Actuando con benevolencia logramos hacer de un amigo una persona rehabilitada en sus irregularidades que son propias del género humano.

La conservación de la amistad depende del hecho vital de saber tratar al amigo; no contradecirlo en sus conversaciones si le asiste la razón, y mostrarnos siempre anuentes al diálogo que es el instrumento de inteligencia para saber llegar a los demás, siendo receptivos de lo que un amigo aporta con sus puntos de vista, que son un derecho fundamental de las personas.

No podemos creer que somos el extracto de la perfección para no cometer errores. Somos sujetos de ellos mismos, sobre todo cuando nos dejamos llevar por ciegos impulsos que después como es muy natural vienen a desembocar en un clásico arrepentimiento, pero el detalle no consiste en saber que hemos faltado a un amigo, sino en sabernos levantar después de ofrecer oportunas excusas que siempre llegan a tiempo, pues aún de los errores mismos se aprende, porque con la experiencia vivida se necesita ser muy insensato para volver a caer en lo que expresamente nos ha causado daño.

De una amistad no se puede prescindir, sobre todo si la motiva la lealtad. Un buen amigo se distingue por la sinceridad, en conservar la confianza que se le tiene manteniendo el sigilo como método de prueba en los secretos, o intimidades que se suelen dar. No solo en el Día de la Amistad sino que en todo el año, y siempre, es recomendable hacernos un cuestionamiento de nosotros mismos; preguntarnos quiénes somos, por qué actuamos irreflexivamente dejándonos llevar en algunos casos por ausencia de criterio, es decir, que a veces actuamos con doble personalidad ejerciendo en perjuicio de un amigo conjeturas de provincia que no calzan en alguien que al menos pretende tener buen discernimiento para mejor conocer y apreciar la vida en sus distintas expresiones.

Por eso en la venturosa ocasión de ayer que se celebró el Día de la Amistad, pero también todos los días, debemos formular espontáneos votos para que en el cotidiano esfuerzo de la voluntad personal sepamos cultivar la amistad. Y si hemos sido susceptibles al error en perjuicio de un amigo, saber rectificar la postura negativa teniendo de maestro al tiempo que además de contribuir a limar asperezas nos ayuda a alcanzar lo que nos proponemos con optimismo y férrea perseverancia. Nadie es un caso perdido para considerar que los defectos de carácter no pueden ser superados, en vista de que el hombre tiene a su alcance su misma voluntad para salir adelante y vencer los obstáculos que siempre se presentan.

“Tres amigos son útiles: el verídico, el leal y el virtuoso. Tres son inútiles: el hipócrita, el adulador y el malvado” (Confucio, filósofo chino).

El autor es periodista de Somoto

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