Israel A. Linarte

El nuncio y los indígenas del Caribe

¿Con qué derecho llega el monseñor Fortunatus Nwachukwu, el nuncio católico del Vaticano en Nicaragua, africano de origen nigeriano a regañar y amedrentar a los indígenas del Caribe por exigir, reivindicar, reclamar y luchar por sus derechos constitucionales y legales? ¿Con qué derecho llega este diplomático del Vaticano a hacer las veces de apologista de aquellos que están robando tierras ancestrales y en el proceso secuestran e incluso matan a indígenas que exigen se cumplan leyes que los gobiernos centrales se niegan a aplicar?

Muy sencillo, de igual manera que la Iglesia católica española fue la punta de lanza para procurar tesoros tanto para su corona como para financiar al Vaticano en sus “campañas evangelizadoras”, la Iglesia católica en Nicaragua fue la institución para-estatal que sirvió de punta de lanza al proceso de colonización inmediata a la Reincorporación de la Mosquitia y es hoy cómplice, por acción u omisión, de las ilegalidades del gobierno central con respecto a los sujetos/agentes de leyes que reconocen, reivindican y validan sus reclamos ancestrales.  No es mera coincidencia que su llegada al Caribe también coincidiera con la revolución conservadora del momento.

Cuando originalmente llegaron, contaban con el apoyo moral, jurídico, financiero y castrense para asentarse en un territorio tanto hostil al gobierno central como no tan receptivo al mensaje del papado. Cabe mencionar que los emisarios del gobierno central que sustituyeron a los nativos en las diferentes instancias de poder en el recién nombrado Departamento de Zelaya y la Comarca del Cabo eran exclusivamente católicos y necesitaban contar con sus centros de oración y asegurarse que el prestigio y poder de su denominación se hiciera sentir rápida y contundentemente.

Es por eso que logran fundar centros educativos públicos, cementerios y hospitales administrados por funcionarios católicos, pero obviamente apoyados financieramente por el gobierno central.  A como era de esperarse, dichos centros serían nombrados en honor a figuras y personajes de la Iglesia y en honor de lo que su accionar en el Caribe representaba: re-colonización (La Salle, San José, Divino Niño, Divino Pastor y Cristóbal Colón).

También, tomados de la mano del gobierno central, nombraron o renombraron barrios, cementerios, puertos, comunidades y comarcas en honor a sus santos; impusieron con rango de oficialidad a sus vírgenes como patronas en comunidades, pueblos y ciudades; hicieron de sus ritos, procesiones y actos masivos tradiciones institucionalizadas; sus efemérides recibieron tanto el beneplácito gubernamental como para ser declaradas días feriados laborales (la celebración a San Jerónimo en Bluefields, por ejemplo).

Todo esto, a todas luces, bajo la presunción de que cuando un miskito, un sumo, un garífuna, un rama o un negro se convierte al catolicismo pierde su condición étnica para asumir la de católico.  Quizás esta sea la razón por la cual el nuncio regaña a los indígenas diciéndoles que su accionar era un reprochable acto entre católicos y no de colonos en contra de indígenas y viceversa.

Los indígenas, los afrodescendientes y demás beneficiarios de la Ley de Autonomía, señor Fortunatus, son seres humanos antes de ser católicos o evangélicos. Esta es una lucha a favor de sus pisoteados derechos humanos, por aquello que por ley les corresponde.

El nuncio apostólico es descendiente de una raza que sufrió en carne propia la colonización, la esclavitud, la violación de sus derechos humanos por parte de conquistadores, colonizadores y criminales que utilizaron la religión como su mejor arma. Si es incapaz de entender la realidad de los indígenas y los afrodescendientes, de sentir empatía y simpatía por ellos… renuncie.

Renuncie a su condición de negro, renuncie a su condición de guía espiritual o vaya a pastorear anglosajones en Europa.  Renuncie o deje de ser el apologista de los colonos, deje de andar regañando a los indígenas.

Relea y ponga en práctica recientes pronunciamientos papales relativos a los derechos indígenas, pídale al presidente de la Conferencia Episcopal que delegue a otro emisario para este tipo de trabajo.  Hágase respetar.  Pero, primordialmente, a como dice la doctora María Polo: “respete para que lo respeten”.

El autor es nativo de Bluefields

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