Un león y una osa, los últimos animales en un zoológico de Mosul

Simba el león y Lula la osa dan vueltas en la jaula con el pelaje cubierto de lodo y excrementos. Son los únicos animales que quedan en el zoológico Al Nur devastado por los combates

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El dueño espera reunir a la osa Lula con el oso macho, que se encuentra al otro lado del río Tigris. LA PRENSA/AFP

Simba el león y Lula la osa dan vueltas en la jaula con el pelaje cubierto de lodo y excrementos. Son los únicos animales que quedan en un zoológico de Mosul, el cual ha sido devastado por los combates.

Mientras que un olor pestilente a esqueletos de animales putrefactos flota en el aire en el zoológico Al Nur.

Para protegerse, el veterinario Amir Jalil se tapa la nariz con una mascarilla quirúrgica, y después llena las jeringas. Con la ayuda de una cerbatana lanza la anestesia contra un costado del león, que embiste los barrotes de la jaula con un rugido impresionante.

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«Nadie ha entrado en estas jaulas en las últimas semanas. Están muy sucias. Creo que es inhumano dejar al rey de los animales en semejante lugar», lamenta el doctor Jalil, miembro de la organización internacional «Four Paws» («Cuatro Patas»).

A lo lejos, el estruendo de los bombardeos recuerda que se libran combates entre las fuerzas iraquíes y los yihadistas del Estado Islámico (EI) que se apoderaron de la ciudad en 2014. La parte este fue liberada en enero, ahora las tropas intentan recuperar la oeste.

«Cuando la guerra comenzó, la mitad de los animales desapareció», declara Abu Omar, propietario del zoológico. «Algunos se enfermaron y murieron, otros se comieron a los demás porque se morían de hambre. Sólo sobrevivieron el oso y el león, y algunos animales de compañía a los que pudimos encontrar casas y granjas de acogida», añade.

Simba (nombre del protagonista de la película animada El rey león) yace en el suelo, bajo el efecto de la anestesia.

«¡1, 2 y 3!». Un grupo de hombres intenta a duras penas levantar a la fiera, muy pesada pese a estar famélica. La colocan sobre una lona de plástico.

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«Se me parte el corazón», suspira Hakam Anas al Zara, un joven de 27 años que vino a echarle una mano al doctor Jalil. «Durante la guerra no podíamos ir al zoológico a causa del EI. Pero ahora aquí nos tiene».

Veterinario de guerra

Bajo la mirada de una decena de niños joviales y de tres soldados curiosos, Amir Jalil ausculta al león mientras su equipo limpia la jaula. Ni se estremecen cuando el ruido sordo de una explosión interrumpe el canto de los pájaros.

Hace falta mucho más para alterar a este veterinario egipcio-austríaco de 52 años, acostumbrado a las zonas de guerra. Ya viajó a Irak una primera vez durante la intervención militar estadounidense de 2003 para socorrer a nueve leones del palacio bagdadí del dictador Sadam Husein.

También estuvo en Egipto y en Libia durante la revolución, y en el zoológico de Gaza en la guerra de 2014. «El peor zoológico del mundo», precisa.

Jalil justifica la atención prestada a los animales incluso en una ciudad como Mosul, donde parte de la población come una vez al día y casi no tiene acceso a la atención médica. «Están cautivos por nuestra culpa y no tienen el lujo de poder huir. Merecen que alguien se preocupe por ellos», explica.

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Después de Simba le toca el turno a Lula, la osa de pelaje cobrizo. Cae el diagnóstico: el mamífero «sufre diarrea por desnutrición y padece de la dentadura, el hocico y lesiones cutáneas», suspira Amir Jalil.

Su organización se ocupará de ellos durante un mes para que reciban medicamentos y comida, con la esperanza de que en ese tiempo el propietario del zoológico encuentre dinero para hacerse cargo de los dos animales.

Los augurios son nefastos: los habitantes no están como para pagar una entrada por visitar el zoológico y en la parte oeste la batalla contra el EI no ha hecho más que comenzar.

Una situación que no desanima al dueño, impaciente por reunir a Lula con el oso macho, que se encuentra al otro lado del río Tigris. No lo vio desde la caída de Mosul hace dos años y medio. «Si Dios lo quiere se juntarán pronto», dice sonriendo Abu Omar.

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