Palma africana seguirá su expansión en Nicaragua

Alcanzar en los próximos años la autosuficiencia en la producción del aceite y a la vez continuar diversificando la industrialización del sector para exportar el producto con valor agregado es la meta de los productores y procesadores de palma africana en Nicaragua, que en los últimos años han invertido cerca de 400 millones de dólares en el establecimiento de plantaciones e infraestructura para el procesamiento de este cultivo.

Alcanzar en los próximos años la autosuficiencia en la producción del aceite y a la vez continuar diversificando la industrialización del sector para exportar el producto con valor agregado es la meta de los productores y procesadores de palma africana en Nicaragua, que en los últimos años han invertido cerca de 400 millones de dólares en el establecimiento de plantaciones e infraestructura para el procesamiento de este cultivo.

“Este año se tiene previsto exportar unas treinta mil toneladas de aceite crudo, pero ya se han realizado inversiones para darle valor agregado a la producción, es decir, que parte de la producción ya se está refinando y envasando porque la meta es ser autosuficiente, porque Nicaragua tiene capacidad para serlo y además para exportar”, dice Marlon Pérez Miranda, gerente ejecutivo de la Cámara de Productores y Procesadores de Palma (Capropalma).

Pérez considera que para alcanzar esa autosuficiencia se deben mantener los actuales planes de inversión y para hacerlo el sector requiere que existan los incentivos adecuados y que se creen las alternativas necesarias para impulsar una reconversión industrial.

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“Si todos estos factores se juntan, en cinco o diez años Nicaragua puede alcanzar la autosuficiencia en producción y tener un excedente importante para la exportación”, sostiene Pérez.

Según Jorge Salazar, presidente de Capropalma, el consumo local de aceite —de diversos orígenes— es de unas setenta mil toneladas anuales y parte de esta demanda que anteriormente era abastecida por el mercado internacional ya está siendo abastecida por la producción local. Del total de ese consumo unas sesenta mil toneladas se destinarían a la elaboración de aceite para cocinar y las restantes diez mil para margarina y otros productos.

También exportan

El año pasado, según las estadísticas del Banco Central de Nicaragua, el país invirtió 28.28 millones de dólares en la importación de aceite crudo de palma y de soya. Mientras que la exportación del aceite crudo de palma habría generado —según Capropalma— unos treinta millones de dólares.

Esta materia prima tiene múltiples usos, entre ellos la fabricación de jabones, champús, pastas de dientes, cosméticos, productos alimenticios y biodiesel.

De acuerdo con las estadísticas de la Cámara actualmente se producen unas setenta mil toneladas de aceite crudo, de las cuales se exportan unos 51,000 kilogramos (unas treinta mil toneladas) y las restantes veinte mil se procesan para el consumo local.

Los dos tipos de aceite que se obtienen de la palma africana (oleína y esterina) se extraen a través de dos procesos distintos a los que se somete la fruta o almendra de la palma. Aunque actualmente el Ministerio Agropecuario realiza un censo de las plantaciones, la Cámara calcula que la producción actual se obtiene de unas 22,000 hectáreas (unas 30,800 manzanas) del cultivo que ya están en producción.

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Según el Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio, dependiendo de las condiciones climáticas, en el ciclo agrícola 2016-2017 se producirán entre setenta mil y 74 mil toneladas métricas de aceite crudo de palma.

Otras en crecimiento

Pero también existen otras 9,200 hectáreas (unas 12,880 manzanas) que están en etapa de desarrollo. Al menos el ochenta por ciento de estas áreas establecidas pertenece a seis grandes empresas, que a la vez son las que hace dos años fundaron Capropalma.

El restante veinte por ciento estaría en manos de unos trescientos pequeños y medianos productores de la zona de Río San Juan, Boca de Sábalos y El Rama, que son las zonas del Caribe donde actualmente se concentra el cultivo.

En total el sector ha invertido unos 375 millones de dólares en el establecimiento de estas plantaciones y la infraestructura para procesar el aceite, ya que se requiere un promedio de doce mil dólares para el establecimiento de cada hectárea del cultivo. En los próximos años se invertirían, según los dirigentes de la Cámara, entre 150 y doscientos millones de dólares en mantenimiento de las plantaciones existentes y establecimiento de nuevas.

“Ahora la tendencia es consolidar la inversión, ya que la ampliación depende del precio internacional del aceite, ya que si sube la gente se anima a sembrar más, pero cuando baja lo que se hace es consolidar la inversión y buscar mejores rendimientos. Entonces, debido a esas fluctuaciones del mercado la inversión se podría mover entre el cinco y siete por ciento anual en los próximos años”, detalla Pérez.

Adicionalmente, hay que sumar que en días recientes la agencia de Promoción de Inversiones (ProNicaragua) anunció el ingreso de una nueva empresa al sector. Es de origen guatemalteco y con una inversión superior a los 44 millones de dólares planea establecer en los próximos cinco años unas siete mil hectáreas (9,800 manzanas) del cultivo.

Unos cuatro mil empleos

Estas inversiones han generado en las zona unos 3,500 y cuatro mil empleos fijos, ya que se requiere a un trabajador por cada siete hectáreas del cultivo. “Además, estamos en una zona en donde hay mucha pobreza y desempleo, se carece de inversión en infraestructura vial. Entonces la palma llegó y transformó en términos de infraestructura y caminos esos lugares”, sostiene Marlon Pérez, gerente ejecutivo de la Cámara.

Por ser una actividad nueva en la zona y en el país, el sector ha tenido que capacitar a sus trabajadores. Y actualmente negocian con el Tecnológico Nacional (Inatec) la creación de una carrera técnica de administración de plantaciones sostenibles de palma para que se imparta en la zona.

También consideran necesario que las universidades incluyan aunque sea un semestre con esta materia, ya que el cultivo de palma es una realidad en el país y actualmente no se estudia mucho y se necesita que los nuevos profesionales lo conozcan. Además, según Pérez, eso permitiría que realicen pasantías en estas empresas.

El sector confía en que se concrete el plan gubernamental de construir un puerto en el Caribe, ya que eso reduciría considerablemente sus costos ya que actualmente además de las carencias que enfrentan por la ausencia de infraestructura vial, deben prácticamente cruzar todo el país para llevar el aceite crudo hasta el puerto de Corinto, para desde ahí enviarlo a México, principal mercado del aceite crudo que se produce en el país.

No afectar el ambiente

Según los dirigentes de la Cámara de Productores y Procesadores de Palma (Capropalma) el cultivo de palma africana se concentra en las Regiones Autónomas del Caribe Sur y Norte porque es ahí donde se presentan las condiciones agroecológicas que requiere, principalmente en lo referido al exceso de lluvia. Además, no se destruyó bosques primarios sino que se han utilizado áreas que estaban destinadas a la ganadería, aunque hubo que sustituir algunas gramíneas y arbustos.

Además, esas son las únicas zonas autorizadas por el Ministerio de Agricultura (Mag) para establecer estas plantaciones. El Mag estima que existen entre cuatrocientas y quinientas mil hectáreas aptas este cultivo en el país.

Con respecto a los daños ambientales que puede generar este cultivo, Marlon Pérez Miranda, gerente ejecutivo de la Capropalma, asegura que en el país la situación está muy distante de los desaciertos que se hayan cometido en Malasia e Indonesia, que son los grandes productores mundiales de aceite de palma.

“Nicaragua tiene una norma técnica para el establecimiento sostenible del cultivo, entonces el que entra al negocio tiene una base jurídica y regulativa que debe cumplir”, asegura.

Y añade que en base a un ordenamiento territorial el Estado ha definido un área determinada donde se puede sembrar la palma. “Adicionalmente la cámara impulsa la interpretación nacional de la RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil o Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible) que es una norma internacional creada para orientar la sostenibilidad ambiental, económica y social del cultivo”, dice Jorge Salazar, presidente de Capropalma.

Dicha norma ha creado también una certificación que establece criterios y sistemas de auditoría que busca garantizar la adopción de prácticas agrícolas más limpias, el respeto de los derechos laborales y de las comunidades indígenas, que no se ocupen nuevas zonas de elevado valor medioambiental y que las plantaciones no amenacen la biodiversidad.

Van varios intentos

Este cultivo no es reciente: se introdujo en el Caribe del país en la década del cuarenta pero la fluctuación del precio internacional del aceite forzó su abandono; luego hubo otro intento fallido en la década de los ochenta. Fue hasta en la última década que un repunte en el precio internacional y la creciente demanda mundial del aceite lo que impulsó la inversión en el sector.

Entre enero del 2007 y marzo del 2008 el precio internacional del aceite crudo de palma se duplicó y superó los mil dólares por tonelada métrica y desde entonces ha fluctuado entre los quinientos y ochocientos dólares por tonelada.

El establecimiento de este cultivo toma tiempo, inicialmente hay que elegir la tierra, realizar estudios de suelo, llevar la semilla a viveros y una vez creadas las condiciones necesarias para la producción se hace el trasplante en campo. A partir de ahí hay que esperar unos cinco años para que inicie la etapa de producción, aunque es hasta a los diez años que las plantaciones —cuya vida útil es de 25 años— alcanzan la fase plena de producción.

Obligaciones

La Norma Técnica Obligatoria Nicaragüense para la Producción Sostenible de Palma de Aceite (NTON 11 043-13), que entró en vigencia en 2015, obliga a las empresas productoras de aceite de palma a cumplir múltiples requisitos, entre ellos presentar Planes de Manejo Agrícola y Planes de Gestión Ambiental, que se actualizarán anualmente con base en el cumplimiento, actualizar el registro de las plantaciones e implementar Buenas Prácticas Agrícolas en las plantaciones. Además, las plantaciones que se establezcan en las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Norte y Sur deben contar con la aprobación de los Consejos Regionales. El incumplimiento de la norma expone a sanciones de acuerdo con la Ley.

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