Idiosincrasia frena el desarrollo arrocero en Nicaragua

Frente a las amenazas del cambio climático y el proceso de desgravación del DR-Cafta el sector debe adoptar nuevas variedades y mejorar el manejo de las plantaciones para garantizar su subsistencia, pero no todos los productores se muestran anuentes al cambio

Territorio arrocero en Finca San Nicolás. Malacatoya, Granada 02 de marzo de 2017. FOTO LA PRENSA/Lissa Villagra

Mientras a nivel nacional el rendimiento de las plantaciones de arroz de riego —según cifras oficiales— registra un promedio de 65.6 quintales por manzana, en la finca Santa Margarita esperan alcanzar en este ciclo productivo 95 quintales por manzana.

“Este es el resultado del trabajo que hemos realizado durante 38 ciclos de manera continua… Hemos logrado mejorar muchísimo el rendimiento y la calidad… porque hace varios años la productividad aquí andaba por sesenta quintales por manzana”, dice Germán Benavides, propietario del Grupo que lleva su apellido.

El trabajo al que este productor se refiere incluye, entre otros aspectos, el uso de nuevas líneas (de semilla) validadas en las tres estaciones experimentales que tiene la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR). La Santa Rita en Sébaco, Matagalpa, Agrícola Miramontes, en Boaco, y Santa Margarita, en Malacatoya, Granada.

“Nosotros validamos materiales provenientes del CIAT-FLAR (Centro Internacional de Agricultura Tropical-Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego), cada año recibimos entre ochenta y 230 líneas y desde el momento en que llegan al país hasta que pueden ser liberadas como nuevas variedades, pasan unos seis años. Este trabajo se hace desde 1999 y desde entonces se han liberado cuatro materiales”, explica Noel Parrilla, asesor técnico de ANAR.

Las líneas son materiales que están en etapa de prueba y aún no están inscritas. Dependiendo de los resultados en las pruebas de campo se eligen las candidatas a variedades. Actualmente la organización trabaja con 52 líneas de las que 12 están siendo validadas y todas son candidatas a ser liberadas.

Hay resistencia

Cada una de estas nuevas variedades garantiza mejor calidad y rendimiento, fortaleza fitosanitaria, es decir, tolerancia a plagas y enfermedades y tolerancia al acame o inclinación de la planta. Pero pese a los beneficios que ofrecen, no han tenido acogida entre los productores. Se utilizan muy poco.

“No es porque los materiales no sean buenos, sino por la idiosincrasia de los productores que prefieren continuar con las variedades viejitas, las que han utilizado siempre, porque un nuevo material involucra un nuevo manejo y nuevas formas de tratar el cultivo y cuando uno conoce un material viejo ya sabe bien lo que necesita, eso es lo que provoca resistencia”, lamenta Parrilla.

Después de casi dos décadas de uso en el país, la variedad predominante sigue siendo la ANAR 97 que se liberó antes del establecimiento de la sociedad que actualmente mantienen con el CIAT-FLAR.

“Probablemente entre el cincuenta y sesenta por ciento de la producción nacional se produce con esta variedad, el resto con variedades foráneas que se han traído de distintos lugares y algunos poco usan las que se han liberado”, admite Parrilla.

Para estimular el uso de estos nuevos materiales, en los últimos ciclos, la línea que está próxima a liberarse ha sido distribuida entre grandes productores para que realicen pruebas en áreas grandes de entre sesenta y doscientas manzanas.

Amenaza latente

Como Benavides todos han obtenido rendimientos superiores a 85 quintales por manzana, calidad de hasta 90-10 (noventa granos enteros por diez partidos) y un retardo de cosecha de entre 15 y veinte días, adicionales a los 115 días del ciclo. Este retardo le permiten al productor ajustar sus equipos para el corte si no los tiene disponibles, explica Parrilla.

Mientras continúan los esfuerzos para convencer a los productores de que la masificación del uso de estas variedades es fundamental para el incremento de la productividad y mejora en la calidad del arroz que producen, paralelamente se hacen otros esfuerzos para garantizar que el sector enfrente de mejor manera los desafíos que plantea el cambio climático.

También la otra amenaza —y más grave aún—, la desgravación arancelaria que contempla el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-Cafta, por sus siglas en inglés), que actualmente atenta contra la sobrevivencia del sector, ya que a partir del 2023 permitirá el ingreso de arroz estadounidense sin arancel, cuyo precio sería más bajo ya que sus productores reciben apoyo gubernamental.

Eso se está manejando a tres niveles: el primero es el uso de las nuevas variedades para aumentar rendimientos; luego está el mejoramiento del manejo agronómico de las plantaciones y finalmente la rotación del cultivo.

También nivelación láser

Dentro de las nuevas técnicas que se han incluido en el manejo agronómico está la nivelación láser que permite poner el suelo en nivel cero, es decir completamente plano.

“Eso reduce considerablemente el uso de agua en las terrazas, si antes de esa nivelación usábamos 15 o veinte centímetros de agua, con esta nivelación los reducimos a cinco centímetros y eso se traduce a siete mil metros cúbicos por manzana y antes usábamos quince mil metros, eso se transforma en una reducción de costos y un mejor uso del agua”, explica Parrilla.

Aunque el costo de la nivelación láser es de unos trescientos dólares por manzana, es una inversión rentable porque se debe realizar cada cuatro años.

Otra nueva técnica que la organización promueve entre sus socios es rotar las plantaciones de arroz con soya. Teniendo en cuenta que la mejor cosecha de arroz es la de verano (específicamente entre noviembre y marzo), porque los altos niveles de radiación solar propician un mejor llenado del grano, se quiere promover que en invierno en lugar de arroz produzcan soya.

Esta rotación, según ANAR, no afectaría los planes del sector de alcanzar la autosuficiencia en la producción del grano. “Alcanzar la autosuficiencia sigue siendo prioridad. Pero si sembramos en la mejor época del año obtendremos mayores rendimientos y sumado a un mejor manejo agronómico y la nivelación láser podemos llevar los rendimientos hasta 110 quintales de arroz seco por manzana”, sostiene Ulises Espinoza, presidente de ANAR.

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Usar menos semilla

Según cifras oficiales, actualmente en la producción de arroz de riego el rendimiento promedio nacional es de 65.6 quintales por manzana, mientras que en el secano es solo de 26 quintales por manzana.

De acuerdo con el titular del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), Orlando Solórzano, actualmente se producen 4.5 millones de quintales de arroz de riego y unos ochocientos mil quintales de secano, para completar una producción total de 5.3 millones de quintales. Ese volumen representa cerca del 75 por ciento del consumo nacional aparente, calculado en siete millones de quintales por año.

Otro cambio que se está promoviendo en el manejo agronómico es la reducción de la densidad de la siembra. Actualmente se utilizan entre dos y 2.10 quintales de semilla por manzana y la nueva orientación es usar entre 1.5 y 1.7 quintales por manzana.

“Esto además de reducción en los costos por el ahorro en la compra de semilla implica también que nazcan plantas más vigorosas, con espigas más grandes y con más granos y más pesados y menos plagas y enfermedades.

También menos problema con el acame o inclinación de las plantas y un menor uso de agua. Tienen que aprender que tirar más semilla al campo no significa que se va a ganar más”, explica el asesor técnico de ANAR, Noel Parrilla.

La meta es reducir costos

También se recomiendan los análisis de suelo y cambios en la aplicación de agroquímicos. “De eso casi nadie habla pero es importante porque se aplica solo lo que necesita el suelo y eso reduce los costos de producción”, dice Espinoza.
Y en el caso del manejo del agua se sugiere mantener una lámina de agua constante, de unos cinco centímetros, desde los 15 días de germinado el grano hasta aproximadamente los cien días, es decir hasta que el arroz comienza a madurar.

“La resistencia al cambio entre los productores es muy grande, puede que los precios del arroz los obliguen a adoptar estos nuevos sistemas. Lo que pasa es que estamos queriendo cambiar algo que llevan haciendo mucho tiempo, llevan más de cincuenta años produciendo arroz de esta forma y nosotros llevamos relativamente poco tiempo, como cinco años promoviendo este nuevo sistema”, dice Parrilla y añade que algunos productores han aceptado los cambios, especialmente los más grandes, pero también algunos pequeños están comenzando a escuchar.

“Sabemos que eso no basta para garantizar el futuro del arroz, pero confiamos en que estos cambios nos permitan bajar los costos de producción al menos a 1,400 dólares por manzana, eso junto con otras acciones que estamos desarrollando como la creación de un fondo de compensación garantizarían la subsistencia del arroz”, asegura Ulises Espinoza, presidente de ANAR.

Autofinanciados

Los trabajos de investigación y validación de campo que se realizan en las estaciones experimentales, son financiados por los miembros de la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR).

Adicionalmente a través del Programa de Apoyo al Productor de Arrocero (PAPA) la organización recibe un porcentaje del valor de la venta de cada quintal de arroz que se comercializa y este aporte permite financiar parte de las investigaciones y programas de transferencia tecnológica al sector.

Precio de referencia

Con la implementación del Programa de Apoyo al Productor Arrocero (PAPA), en 2001 la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR) en alianza con la Asociación Nicaragüense de Procesadores de Arroz (ProArroz) establecieron el sistema de compra que fija un precio de referencia con base en la calidad, a partir del cual, dependiendo del arroz que se entrega, se pagan premios o castigos. Según el secretario ejecutivo de ANAR, Wilfredo Bejarano, con ello se ha estimulado la mejoría en el rendimiento y la calidad. “Esto ha contribuido a que los productores adopten prácticas agronómicas que exploten el potencial de rendimiento que ofrecen las variedades existentes en el mercado nacional y las nuevas que se han liberado”. Además ha garantizado precios relativamente estables al consumidor.

1.7 millones de quintales de arroz deberán traerse del exterior en el actual ciclo agrícola, ya que según el Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio en el país se producirán 5.3 millones de quintales, entre el de riego y el secano y el consumo aparente de arroz de los nicaragüenses es de unos siete millones de quintales anuales.

 

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