Abadir, la piedra sagrada

En la mitología romana, la piedra que engulló Saturno y después vomitó gracias al brebaje que Metis le dio a beber, fue divinizada con el nombre de Término

idomeneo

Se conoce que a lo largo de la historia de la humanidad, en distintos lugares del mundo se rindió culto a algunas piedras que la gente consideraba sagradas.

Inclusive hoy, el lugar más importante  de peregrinación para los creyentes musulmanes es la Kaaba, una construcción en forma cúbica que está en el interior de la mezquita (templo) Masjid al-Haramn, en la ciudad santa de La Meca, Arabia Saudita.

Dentro de la Kaaba se guarda una piedra negra,  la que  según la creencia estaba en el Paraíso donde vivieron Adán y Eva después de la Creación hasta que fueron expulsados por haber cometido el pecado de desobediencia. La Kaaba y la piedra negra, que se cree es un meteorito,  no es objeto de adoración porque los musulmanes solo adoran a Alá (Dios), pero sí, como ya se ha dicho, es su principal lugar de peregrinación.

Álvaro Gómez Rendón, un estudioso español  de estos temas, cuenta en su blog que en las más antiguas tradiciones se recoge el mito de otra piedra del Paraíso, en la que supuestamente    Adán ofrecía  sus sacrificios a Dios. Según la leyenda,  esa  piedra, ara  o altar   fue  elevada al cielo antes  del diluvio universal,  para que las aguas de la lluvia torrencial que cayó durante cuarenta días no la arrastraran. Después,  el arcángel Gabriel la entregó   al patriarca Abraham, quien la guardó celosamente durante el resto de su vida, la legó a sus hijos y estos a las siguientes generaciones, hasta que con el transcurso del tiempo la piedra se perdió.

En la mitología griega la piedra sagrada por excelencia es Abadir, la que  Rea dio a su esposo, Cronos (Saturno en la versión romana del mito), para que se la tragara creyendo que era Zeus, el último de sus hijos.

Es conocido el mito de que Cronos devoraba  cada hijo que le iba teniendo Rea,  porque temía de que al crecer lo desalojaran del poder. Nada podía hacer la infortunada madre hasta que, antes de que  Zeus naciera,  se le iluminó el entendimiento y decidió engañar al despiadado esposo devorador de sus hijos, con el truco de la piedra.

Cuando Rea sintió que estaba a punto de dar a luz se fue a la isla de Creta, donde dio a luz en una cueva. Allí envolvió una piedra con pañales de lana impregnada con leche de sus pechos divinos. Cayeron algunas gotas de la leche de Rea y con ellas se formó la Vía Láctea, cuenta la leyenda.

Rea dejó a su tierno hijo al cuidado de sus hermanos, los Curetes, quienes también eran hijos de Urano y Gea, o sea del Cielo y la Tierra. Pero los Curetes no podían amamantar al bebé divino que tenían en sus manos, de manera que pidieron a la ninfa Almatea   que lo alimentara con la leche de una de sus cabras.

A la cabra que amamantó a Zeus se le quebró un día uno de sus cuernos. Almatea llenó el cuerno quebrado con flores, frutas y otros alimentos deliciosos, y lo llevó a Zeus,  quien  lo llamó cornucopia o cuerno de la abundancia y lo puso entre las estrellas, junto con la cabra que lo había alimentado.

Pero, ¿qué pasó con Cronos y la piedra envuelta en pañales de lana que había engullido por el engaño de Rea?

Cronos sufría dolorosos malestares en el estómago por la piedra que tenía dentro. Buscó entonces a Metis, la primera  diosa  de la sabiduría,    para que le ayudara a curar el mal que sufría. Metis,  preparó un brebaje y  lo dio a tomar a  Cronos,  quien así  pudo  vomitar  la piedra que molestaba sus entrañas. Y enseguida  vomitó también  a  los demás hijos que había devorado y permanecían vivos dentro de su estómago.

La piedra que Cronos engulló creyendo que era su hijo Zeus, fue llamada Abadir —una palabra que significa algo así como  “padre omnipotente”— y guardada en el templo de Apolo, en Delos. Allí todos los días era rociada con aceite de oliva y cubierta con lana virgen, lo cual  se hacía  cada  año con gran solemnidad durante la llamada fiesta de Abadir.

En la mitología romana, la piedra que engulló Saturno y después vomitó gracias al brebaje que Metis le dio a beber, fue divinizada con el nombre de Término. De esa piedra sagrada se hacían copias para ponerlas en  los linderos de las propiedades, los cuales tenían carácter sagrado y  eran respetados con devoción por los romanos.

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