Nicaragua se proyecta más caliente, según un estudio de Funides

En un escenario optimista, según Funides en las próximas décadas la temperatura subirá entre 1 y 1.4 grados centígrados, cuyo pico se sentiría en el 2050

cambio climático, Nicaragua

En la época de sequía en Nicaragua ya se han registrado daños económicos en la ganadería, especialmente cuando se confirma la presencia del fenómeno de El Niño. LA PRENSA/ARCHIVO

En las próximas décadas las temperaturas en Nicaragua seguirán aumentando, las precipitaciones serán irregulares y cuando llueva estas serán abundantes y las inundaciones serán más frecuentes. Esto supondrá para la ganadería de Nicaragua mayor estrés calórico, lo que ocasionará menores rendimientos en la producción de leche y carne, alertó la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) en una investigación que presenta hoy en Managua.

Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo de Funides, explicó que para la realización de este estudio se aplicaron 25 modelos internacionales de proyección de precipitaciones y temperaturas y se adaptaron a la realidad de los municipios de Nicaragua para conocer las variaciones del clima en las décadas de los años 2030, 2050 y 2080.

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Los resultados del estudio, denominado Cambio climático en el sector ganadero de Nicaragua: del riesgo climático a la adaptación basada en ecosistemas, fueron contundentes: las temperaturas seguirán en aumento en las próximas décadas y el Pacífico será la región más azotada por la variación del clima, particularmente con la reducción de las precipitaciones.

En un escenario optimista, según Funides en las próximas décadas la temperatura subirá entre 1 y 1.4 grados centígrados, cuyo pico se sentiría en el 2050.

En el peor de los escenarios, el aumento será de hasta cuatro grados centígrados respecto a la temperatura actual. Solo en la década del 2030 el incremento en la temperatura oscilaría hasta en 1.5 grados centígrados y para la década del 2080 el aumento sería de 3.5 grados centígrados.

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“Las tendencias de las precipitaciones muestran un fuerte consenso sobre condiciones significativamente más secas en todo el país, con un cambio relativamente más severo en la región del Pacífico y en el altiplano del norte central”, según el estudio.

Este aumento en las temperaturas, según la investigación de Funides, puede “agravar la presión sobre los recursos hidrológicos por una aceleración en los procesos de evapotranspiración, al igual que la continuación de pérdidas drásticas en la cobertura forestal natural”.

Pérdidas económicas

Para este estudio, los investigadores hicieron análisis en fincas de distintos municipios para conocer el impacto económico que habría en cada una de ellas, según su realidad climática actual y futura. Entre los municipios que fueron analizados figuran: El Viejo, Acoyapa y Puerto Cabezas.

Un ejemplo del impacto que el aumento de temperatura podría ocasionar en la producción de leche en Nicaragua es que en un escenario optimista en el 2030 un productor de Acoyapa perdería por animal entre 6.12 y 12.24 dólares y en el peor de los escenarios esta pérdida sería de entre 8.16 y 16.32 dólares en ese mismo lapso.

En el caso de El Viejo, por ejemplo, que suele tener temperaturas elevadas actualmente, las pérdidas en la producción de leche por animal serían de entre 11.22 y 22.44 dólares en la década del 2030 en un escenario optimista, una tendencia que se mantendría así en las siguientes décadas.

En un escenario pesimista, es decir, con aumentos de temperaturas mayores a las previstas, las pérdidas de un productor de El Viejo alcanzarían en el 2080 entre 15.3 y 30.6 dólares por animal.

Y es que con solo el estrés calórico al que se verá sometido el ganado, podría ocasionar la reducción de la ingesta de alimentos del animal, el aumento del consumo de agua, la reducción de la ganancia de peso, de la eficiencia reproductiva y de la producción de leche, la susceptibilidad a la enfermedad y en casos extremos la muerte, explica.

“Es probable que la magnitud de estas proyecciones de calentamiento tendrá efectos negativos considerables sobre las industrias agropecuarias en Nicaragua. Un aumento en las temperaturas medias anuales y una tendencia hacia mayores temperaturas extremas presumiblemente afecta los rendimientos de producción, ya que tales condiciones pueden resultar perjudiciales para las actividades agrícolas y ganaderas”, alerta la Fundación.

Presión sobre Reservas

El director ejecutivo de Funides sostiene que los resultados no se deben ver en términos apocalípticos, sino que como país se debe comenzar a pensar en una estrategia nacional para ayudar a actividades como la ganadería y la agricultura, que son clave en la economía, a prepararse para hacer frente a este fenómeno, el cambio climático, de carácter planetario que amenaza con recrudecer sus efectos.

Chamorro recuerda que, actualmente, en época seca el ganado sufre, particularmente en el Corredor Seco, por la falta de agua y pasto.

En caso que no se hagan esfuerzos para adaptar a los productores de las zonas secas, según Chamorro, aumentarán las presiones de migración de actividades hacia las reservas naturales que hay en el Atlántico.

De hecho en una entrevista en enero pasado con el presidente de la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic), Álvaro Vargas, admitió que debido a la sequía el 70 por ciento de la ganadería se está trasladando a las zonas húmedas.

Se “pone una luz de alerta en todo lo que son las dos reservas que tenemos, Bosawas e Indio Maíz, porque evidentemente al tener condiciones más secas en el Pacífico podría haber más presión para colonizar áreas que actualmente están en bosques. Esto no solo tiene que ver con la ganadería, estamos hablando de granos básicos y otros cultivos”, advierte Chamorro.

Cosecha de agua

El director ejecutivo de Funides, Juan Sebastián Chamorro, sostuvo que el aumento de temperatura y la reducción en las precipitaciones reflejan la necesidad de impulsar entre los productores la cosecha de agua en el Pacífico.

“Agua hay, agua cae y continuará cayendo en el Pacífico, lo que hay que hacer es manejar ese recurso (lluvias) que nos cae en cuatro o cinco meses en reservorios para aprovecharlo mejor”, afirma Chamorro.

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