Economía y democracia

La buena economía no es suficiente. La gente tiene necesidades espirituales y aspiraciones morales y políticas: libertad de conciencia y de expresión, derecho de elegir y cambiar el gobierno mediante el voto popular, seguridad jurídica como derecho incondicional y no como dádiva del gobernante

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En el curso de esta semana se ha publicado y comentado la (buena) noticia de que la economía de Nicaragua seguirá creciendo este año, más o menos al mismo ritmo que lo ha venido haciendo en los últimos años, desde que Daniel Ortega detenta nuevamente el poder.
Según el Banco Mundial, el crecimiento económico en 2017 será del 4.5 por ciento y para el próximo año la proyección es de entre 4.2 y 4.3 por ciento. Sin duda que este índice de crecimiento es bueno, aunque según los expertos en desarrollo para que la población pueda alcanzar un nivel de vida equitativo y digno, se necesita crecer al menos en un 8 por ciento anual, de manera sostenida, durante largo tiempo.

El actual crecimiento económico de Nicaragua no alcanza al que se lograba durante la dictadura somocista, que llegó a ser más del 10 por ciento anual. Sin embargo, nos alegra sinceramente que actualmente la economía nacional crezca y siga creciendo a ese ritmo de más o menos cuatro y medio por ciento. Peor sería que además de soportar un régimen dictatorial, como es el orteguista, la economía nacional creciera menos o no creciera del todo, e inclusive que retrocediera como ocurre en otros países.

Voceros oficiales y oficiosos del régimen orteguista aseguran que una buena economía es más que suficiente y que no se debe pedir más. Y acusan a menudo a quienes demandamos democracia, elecciones transparentes y derecho de los ciudadanos a cambiar gobierno por medio del voto popular, de que queremos desestabilizar la economía nacional. Esa absurda acusación proviene de quienes pretenden que la sociedad se mantenga sometida al poder absolutista, pero también de quienes temen que con otro gobierno no habría un clima de negocios tan bueno como con el actual.

Lo que decimos nosotros es que el crecimiento económico por sí mismo no necesariamente produce libertad política e institucionalidad democrática. La economía puede crecer —y de hecho crece en Nicaragua— sin democracia, pero el crecimiento económico no es equitativo, beneficia solo a una capa de la sociedad y en particular a la frondosa y ahora opulenta familia gobernante, que usa el poder político para impulsar sus propios negocios y los de sus allegados en áreas exclusivas y particularmente lucrativas.

La buena economía no es suficiente. Es cierto que la gente tiene la necesidad primordial de satisfacer sus necesidades materiales. Pero tiene también necesidades espirituales y aspiraciones morales y políticas: libertad de conciencia y de expresión, derecho de elegir y cambiar el gobierno mediante el voto popular, seguridad jurídica como derecho incondicional y no como dádiva del gobernante, etc.

Por otra parte, a pesar de que puede haber —y de hecho lo hay— crecimiento económico bajo un régimen autoritario, la buena economía y la democracia no son excluyentes. Estamos seguros de que si en Nicaragua hubiera democracia y Estado de derecho verdaderos, la economía estaría creciendo más que el modesto 4 y medio por ciento de ahora.

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