“Desfachatismo”

De todas maneras se me ocurre que “desfachatismo” se podría usar como sinónimo de progresismo, populismo, chavismo, bolivarismo, izquierdismo regional y hasta fidelismo

Creo que la tal palabra no existe. Más bien es un invento mío. En oportunidades anteriores utilicé desfachatez —incluso para titular, creo—, que significa algo así como excesiva desvergüenza, cinismo, descaro, insolencia y deshonestidad.

De todas maneras se me ocurre que “desfachatismo” se podría usar como sinónimo de progresismo, populismo, chavismo, bolivarismo, izquierdismo regional y hasta fidelismo. Ello, sobre todo, a la luz de lo que ocurre en estos días con Cristina Kirchner, Lula, Maduro y Correa.

En Argentina una militante del Movimiento Tupac Amaru de Milagro Sala, definió así la situación: “Cristina robaba pero teníamos para comer, hoy tenemos que laburar día a día”. Nada que agregar, ¿no?

Sala, líder de la organización “social” Tupac Amaru, fanática y protegida kirchnerista, está presa por varios delitos de corrupción en el manejo de dineros que recibía del Estado cuando gobernaban los Kirchner. Cada día surgen nuevas pruebas y testimonios en su contra: con un muy abultado patrimonio para una “humilde” dirigente social, se le acusa además de actos de violencia y patoterismo (una forma de escuadras fascistas). Ello no quita que alguna organización de la ONU (cuándo no) entre otros —incluido el secretario de la OEA, Luis Almagro— la consideren o califiquen de “ presa política”. Lamentable e increíble: creo que eso encaja también dentro del “desfachatismo”.

Mientras tanto Cristina Kirchner es repudiada y “caceroleada” en su propia provincia sureña de Santa Cruz, la que gobernó su esposo Néstor y hoy gobierna su cuñada Alicia y a la que fue en busca de refugio.

“¿Refugio? Esa “atorranta” (holgazana, perezosa, vagabunda y sinvergüenza) debería estar presa”, me dijo un colega argentino. Lo cierto es que sobre ella ya pesan varios procesamientos, más testimonios y hechos conocidos por todos, que no justificarían “su” libertad.

Y en Brasil, sobre el presidente Michel Temer se suman más pruebas en su contra; el empresario Marcelo Odebrecht —que ha quemado a media humanidad— lo ha “citado” unas 40 veces en sus señalamientos. Se asegura que su presidencia es preventiva. Se salva, por ahora, para evitar el caos. Paralelamente surgen más elementos sobre el manejo de fondos negros por parte del Partido de los Trabajadores de Lula, utilizados en las campañas presidenciales del 2006 (ganó Lula) y del 2010 y 2014 (que ganó la heredera política de Lula, Dilma Rousseff). No hay que descartar que el Tribunal Superior Electoral resuelva anular las elecciones pasadas, lo que significaría llamar a elecciones anticipadas y no esperar hasta fines del próximo año.

El que se resiste a convocar a elecciones anticipadas es Nicolás Maduro. Y sus buenas razones tiene. Si hay elecciones es el fin del chavismo y el comienzo de las “investigaciones” y decididamente va a oler muy feo cuando se destape esa olla. Maduro, como ya lo anticipamos desde hace tiempo, ha optado por la vía Siria: permanecer en el poder cueste lo que cueste, aun en vidas. En estos días de crisis ya han muerto al menos 26 venezolanos, a los que se suman varios anteriores. Más el hambre, la escasez, la corrupción, los abusos de poder y la violencia de los grupos fascistas (paramilitares, brigadas chavistas) financiados por el gobierno y amparados por las fuerzas militares y policiales. No creo que se sostenga tanto como el de Medio Oriente: el fin del régimen chavista y de Maduro está cerca.

El que parece que ha acomodado bien las cosas para escabullirse es Rafael Correa. Antes ha procurado acabar, con la complicidad del poder judicial, con cuanta prensa y periodista ecuatoriano independiente levante la voz y lo mismo con dirigentes políticos opositores, incluido Guillermo Lasso candidato opositor que perdió con el oficialista Lenín Moreno. Correa eligió para su futuro un tranquilo y cómodo exilio europeo . Se va para el viejo continente en cuanto Moreno asuma. Confía en que este no permitirá que lo ataquen. Pero a Moreno no le va a ser fácil y menos en esta época en que el “desfachatismo” viene en caída.

El “desfachatismo” se resiste a desaparecer, pero se les cae la careta —una tras otra— y eso, lo que han hecho, es difícil de tapar.

El autor es periodista uruguayo. Fue presidente de la SIP.