Guardianes de la Galaxia 2

Nuestro crítico de cine, Juan Carlos Ampié, ya vio Guardianes de la Galaxia 2, la nueva película de Marvel y aquí le dejamos su veredicto.

Guardianes de la Galaxia 2, la nueva película del universo Marvel, pone en vergüenza a Los Vengadores y a todas sus subfranquicias. Esta efectiva pieza de escapismo encuentra un balance casi perfecto entre drama, acción y comedia. Sabe cuándo tomarse en serio y cuándo burlarse de sí misma. El director James Gunn desactiva el cinismo y lo cambia por desenfado.

La alegre banda de mercenarios encabezada por el insufrible Peter Quill (Chris Pratt) vuelve a las andadas, contratados por una civilización de mutantes tan genéticamente perfectos y obsesionados con la belleza, que se han convertido en maniquíes de oro. Los guardianes deben proteger unas valiosas baterías de un monstruo que gusta de devorarlas. La trama se complica cuando Rocket decide robar algunas, convirtiendo al grupo en blanco de una persecución. El extraño Ego (Kurt Russell) se revela como un aliado inesperado, con una especial conexión al pasado del protagonista.

La trama es transparente en sus maquinaciones —esas baterías son una simple excusa—, pero el guion del también director James Gunn mina las excentricidades de los actores y las relaciones establecidas en la película previa para generar máximo efecto cómico. Tome nota de la ingeniosa secuencia inicial, que funciona como declaración de principios. Mientras Quill, Rocket, Gamorra (Zoe Saldana) y Drax (Dave Bautista) luchan contra el gigantesco monstruo devora-baterías, la cámara se concentra en el pequeño Groot (voz de Vin Diesel), bailando torpemente en primer plano. La acción apenas se percibe, fuera de foco, detrás de él. El énfasis de la película no está en lo estrambótico de la destrucción, sino en las particularidades de los personajes.

Juan Carlos Ampié, crítico de cine.
Juan Carlos Ampié, crítico de cine

Las convenciones del género, como las “apariciones especiales” de estrellas inesperadas, o las escenas extras plantadas en los créditos finales, son honradas y satirizadas al mismo tiempo. Gunn mantiene las excentricidades de este “universo paralelo”: tenemos la banda sonora “retro”, que usa con tierna ironía canciones de los setenta y ochenta; el acaramelado diseño de producción que convierte el espacio en una nueva tierra de maravillas. Si algo es refinado a un nivel superior es el impacto emocional. Tome nota de la preocupación del filme con padres ausentes y tóxicos, en la subtrama que explora la historia de Quill. También la violenta rivalidad entre Gamorra y su hermana Nebula (Karen Gillian), abonada por su padre Thanatos, a quien revelan como un perfeccionista grotescamente demandante. La franquicia de Rápido y Furioso podrá invocar a cada rato el concepto de familia, pero es este cómic asumido el que logra examinar la idea en el marco de una irresistible pieza de entretenimiento.

Los efectos especiales son de primera línea. Un prólogo escenificado en los ochenta permite el mejor ejercicio de “rejuvenecimiento digital” que he visto hasta la fecha. Superior, incluso, al que se le aplicó a Carrie Fisher en la reciente Rogue One (Gareth Edwards, 2016). El reparto es uniforme en su dominio del ritmo cómico y ejecutan limpiamente la transición a los momentos más emocionales, más fuertes por lo inesperados que son (tengan a mano sus pañuelos). Sin embargo, algo previene a Guardianes de la Galaxia 2 de ascender a un plano superior. El acto final se extiende demasiado, respondiendo a la necesidad de proveer más acción que nunca antes. Esto sabotea el ritmo de la película y la expande hasta 2 horas y 16 minutos de metraje. A veces, “más” no es necesariamente “mejor”. Spider Man 2 (Sam Raimi, 2004) sigue siendo mi película favorita en la nueva era dorada de Marvel, pero Guardianes de la Galaxia 2 toma un cercano segundo lugar.

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