Mónica López Baltodano: “Ortega odia al movimiento campesino”

Mónica López Baltodano, asesora legal del movimiento anticanal habla sobre su vida, la influencia de sus padres revolucionarios y la lucha que empezó hace cuatro años junto a miles de campesinos.

30/04/2017

Dos objetos de la oficina de Mónica López Baltodano la definen bien: tres pósteres y una cortina. En la entrada, tres personajes pegados en la pared dan la bienvenida: de El Ché Guevara, Sandino y Carlos Fonseca. Y no son coincidencia. Es hija de Mónica Baltodano y Julio López Campos, dos referentes de la lucha revolucionaria y ella misma se define como sandinista.

Su cortina color tierra con árboles pintados tampoco es coincidencia. Desde niña amó la naturaleza y en algún momento hasta se planteó estudiar Biología o Ciencias Naturales. Pero se decidió por el Derecho y después por el Derecho Ambiental.

Su carrera la llevó a ser la asesora legal del movimiento campesino que lucha por los derechos de las comunidades con tierras concedidas a la construcción de un canal interoceánico. Nunca ha recibido un solo pago en los cuatro años que tiene trabajando con el movimiento y dice que no es muy apegada a lo material. Solo vive de su salario como directora de la Fundación Popol Nah.

Recientemente fue reconocida con el premio Mediterráneo Atlántico de parte de Mare Terra Fundació Mediterrània, por su trabajo como defensora ambiental con el movimiento campesino. En esta entrevista habla de cómo nació su activismo por la naturaleza, lo que significa ser hija de dos revolucionarios sandinistas y las peripecias, represiones y zozobra que pasan ella y todos los campesinos que luchan contra el canal interoceánico.

¿Cómo comenzó su pasión por el activismo ambiental?

Mi entorno familiar ha marcado mucho mi vida. Mis padres tuvieron responsabilidades políticas durante la revolución sandinista y diría que a través del ejemplo yo he asumido la importancia del compromiso social. Y se ha expresado en mi vida de diferentes formas: en algún momento con movimientos juveniles, estudiantiles, en otros momentos más de cerca con movimientos ambientalistas y en la actualidad con mi total involucramiento con el movimiento campesino. Llegó el momento en el que el Gobierno tomó la decisión de aprobar la concesión canalera y llegué al convencimiento de que desde el ambientalismo no íbamos a tener un reto más grande que enfrentar la concesión canalera, que desde los derechos humanos tampoco íbamos a tener un reto más grande que este. Yo sentí que era un momento histórico que nos había tocando enfrentar y empecé a trabajar en un análisis legal que me llevó a presentar un recurso por inconstitucionalidad. Fue casi un año de una travesía en el desierto porque había muy poca gente dispuesta a decir con la fuerza con la que había que decirlo, que se trataba de la concesión más vendepatria en la historia de Nicaragua. Fueron tiempos difíciles de mucha soledad y mucho trabajo de hormiga.

¿Cuánta influencia han tenido sus padres en usted? Hablamos de dos personajes importantes de la lucha revolucionaria sandinista.

Tremenda. Yo los considero un ejemplo porque he visto su compromiso social durante toda su vida. Y en cuanto a mis decisiones personales siempre me han acompañado y eso ha sido fundamental. Yo me considero hija de la revolución sandinista. Me he alimentado mucho del trabajo de recuperación de la memoria histórica en el que he podido trabajar al lado de mi mamá, pero también del trabajo que hizo mi papá en materia de relaciones internacionales y vínculos con movimientos populares en todo el continente. Eso a mí me ha llenado de muchos referentes pero también de tremendas preguntas que superan la referencia histórica de ellos y en la cual yo estoy enfrentando ya nuevos retos por mi propia cuenta.

¿Por influencia de ellos alguna vez se ha identificado con el sandinismo?

Definitivamente, mi entorno familiar inmediato viene del sandinismo. Creo que esa generación ya nos ha legado una síntesis de lo que fue luchar contra la dictadura, pero no una síntesis política de lo que fueron los 10 años de gobierno revolucionario y mi mayor reclamo a esa generación es que necesitamos tener una lectura crítica de lo que significó la gestión del poder después de una revolución tan importante. Sí reivindico la experiencia histórica del sandinismo, creo que es uno de los legados más valiosos de la historia de nuestro país, a la vez que estoy clara de los profundos desaciertos y errores que se cometieron durante el gobierno revolucionario y ni se diga la perversión que hubo dentro del partido que degeneró en lo que nosotros llamamos ahora el régimen danielista.

¿Y usted se considera sandinista?

Sí. Yo me considero sandinista pero del legado de la vertiente histórica de Sandino y Carlos Fonseca, y soy crítica profunda del orteguismo.

¿Y alguna vez perteneció al partido sandinista?

No… Nunca he pertenecido a ningún partido político. Sí te puedo decir que en la actualidad estoy abocada a la vida política del país pero quiero que se entienda que no pierdo el tiempo con cosas partidarias.

¿Usted ha sido crítica solo de Daniel Ortega?

No, para nada. Estuvimos en las grandes jornadas de movilización en contra de la corrupción durante el gobierno de Arnoldo Alemán. Habíamos considerado como un tremendo logro nuestro que fuera procesado por corrupción. Lamentablemente después vino el pacto entre dos grandes corruptos y ha devenido todo a un debacle en la institucionalidad democrática del país.

Veo que hay pósteres de Sandino, Carlos Fonseca y El Che en su oficina… ¿los admira?

Tengo a todos esos (ríe). Yo lo que admiro es la capacidad de comprometerse con las causas y las ideas. Las ideas las podemos debatir, lo que no puede ser debatible cuando encontrás personas con la vocación de comprometerse con las causas sociales. Las personas que más respeto a nivel personal son las que han tomado esa opción.

¿Alguna vez ha tenido contradicciones con sus padres por sus propias ideas?

Tengo una gran complicidad con ellos. Mis hermanos me acuerpan bastante en mis decisiones. Eso ha sido fundamental, porque es difícil que además de confrontar con el poder político, el poder económico y el poder armado tuviera también que confrontar con la familia. Me ayudan mucho a mantenerme firme. Y más allá de lo mucho que he aprendido de ellos, me estoy construyendo mi propio camino con mis propias herramientas.

¿Por el entorno familiar político en el que creció se sintió presionada para involucrarse en la vida política en Nicaragua?

Ninguna. De hecho, de mis hermanos soy la única que optó por este camino. Puede sonar cursi, pero yo sí creo que la gente debe involucrarse en los asuntos comunes. Y las pocas veces en las que trabajé en el sector privado o me desvinculé totalmente de algún esfuerzo organizativo, siempre me sentía insatisfecha, siempre me sentí egoísta, mezquina. Esa es una opción de vida y una decisión que yo tomé. En algún momento de mi vida me hice esta pregunta que vos me hiciste, si lo hago por mis padres.

¿Llevar el nombre y el apellido de dos referencias de la revolución ha significado un problema al momento de defender sus propias causas?

En las visitas en el trabajo con las comunidades me he encontrado con todo. Y como la historia está tan viva y reciente en algunas ocasiones me sucedió que tal vez estábamos en una asamblea y de pronto aparecía algún líder contra o de la Resistencia y se me plantaba diciendo que mi familia había tenido responsabilidades políticas en los años 80 y que ellos habían estado del otro lado. Ha sido bien interesante el proceso de ir superando mis propios prejuicios. Todas las canciones revolucionarias y toda la cosa de que eran el enemigo, y el yanqui opresor, y la manipulación del yanqui sobre los campesinos. Y al inicio había una desconfianza por mi trabajo.

¿Y por qué decidió enfocarse en el derecho ambiental?

No sé de dónde viene esto por lo ambiental. Es de mi propia cosecha. Siempre sentí una profunda afinidad con la naturaleza. De hecho en algún momento me planteé estudiar Biología o Ciencias Naturales. Creo que el agua, los bosques, los animales, tienen un rol en la sobrevivencia de la especie. No me gusta mucho la ciudad y si pudiera preferiría vivir en estas comunidades rurales, o en una reserva. Siempre he tenido eso y yo misma lo he cultivado.

¿Y cómo se involucra con el movimiento campesino?

He sido parte del proceso de construcción del movimiento. Nos encontramos con Francisca (Ramírez), con muchos de los líderes que son conocidos ahora antes de que se hablara de la posibilidad de un movimiento social, nos encontramos en los territorios cuando estuvimos haciendo todos los foros para informar de la Ley 840. En la medida que íbamos haciendo ese trabajo de construir conciencia y divulgar información confluimos con este esfuerzo de hacer una organización comunitaria. Emergieron las primeras protestas y luego se hizo el esfuerzo por aglutinar esas diferentes expresiones de protesta en una sola estructura organizativa que es el Consejo, porque estas personas no se conocían ni nunca habían trabajado juntas, sino que empezaron a protestar de manera autónoma en sus comunidades luego de que las casas fueran invadidas por el ejército, policía y representantes de la empresa china.

¿Por qué usted es parte del movimiento?

Yo me considero una luchadora social hace mucho tiempo. Soy una persona convencida en la importancia de las organizaciones que vienen desde los sectores populares y no desde las cúpulas de los partidos. Mi rol ha sido acompañarles en todo lo que he podido; apoyar desde mis capacidades como abogada y en fundación Popol Nah apoyar desde nuestras capacidades técnicas, comunicacionales, para acuerpar el esfuerzo social que están haciendo.

¿Ha afectado su vida personal pertenecer al movimiento campesino?

Definitivamente tiene grandes implicaciones para mi vida personal y para la institución en la que trabajo. El acoso permanente sobre nosotros se expresa ya desde hace mucho tiempo. Creo que nosotros hemos tratado de darle visibilidad a las agresiones que están sufriendo los líderes comunitarios, especialmente porque sabemos que hay una intencionalidad del Gobierno, ante la imposibilidad de comprar y doblegar al movimiento, de recrudecer la represión. Creo que el Gobierno, y de manera particular Daniel Ortega, siente odio hacia el movimiento campesino, porque ha logrado borrar de la historia aquella vieja idea de que la hegemonía de las calles la tenían los danielistas. Eso, para este monstruo bicéfalo que tenemos en el poder, es una gran cachetada que los llena de vergüenza y los humilla. Y por eso odian a Francisca Ramírez, al movimiento campesino y a quienes les acompañamos.

¿Cómo está organizado el movimiento?

Tiene una estructura nacional que es el Consejo Nacional en Defensa de Nuestra Tierra, Lago y Soberanía. Hay representaciones de Rivas, de Río San Juan, de Región Caribe Sur y de Chontales. Cada vez que hay un esfuerzo movilizativo, cada vez que hay una acción que el Consejo deba decidir hay un proceso deliberativo dentro de las comunidades y verdaderamente se hace lo que la gente quiere que se haga.

Cada vez que hay una marcha se ve un gran esfuerzo de movilización de personas, alimentos, transporte. ¿Cómo pagan todos estos gastos?

Cada persona paga su pasaje. Los que tienen recursos para poner un chanchito o un saco de quiquisque o alguna de las cosas que ellos mismos producen, se hacen aportes de ese tipo. El movimiento es totalmente autogestionado, lo cual es realmente meritorio de un tremendo respeto, por el costo que tiene para esas comunidades cada vez que han intentado trasladarse hasta Managua… Estamos hablando de gente que tiene que pasar dos días completos trasladándose en camiones para vacas, porque les niegan la posibilidad de contratar medios de transporte para personas.

¿Los partidos políticos han intentado financiar las marchas?

Los partidos políticos están viviendo una tremenda bancarrota. No tienen credibilidad, no tienen respaldo popular y por supuesto se muestran desesperados y ávidos de tener control sobre esta fuerza social. Pero el liderazgo campesino ha sido bien contundente en términos de sostener que se trata de un movimiento autónomo. Sí ha habido presiones de partido políticos opositores pero han sido infructuosas. Hay un error en la concepción política de los partidos opositores. No es cierto que la única forma de cambiar un gobierno es a través de las elecciones. En este momento el esfuerzo debe de estar encaminado en fortalecer las organizaciones en los territorios.

¿Cree que si se siguen dando estas represiones en contra de los campesinos en algún momento la lucha pueda tornarse más violenta?

Hasta ahora ha sido extraordinaria la cordura de la dirigencia campesina, porque frente a ese nivel de arbitrariedades y de violencia que el Gobierno ha desatado contra ellos, se han mantenido firmes en que no se van a confrontar de manera violenta. Pero ha sido hasta ahora. A la gente que no vive en esa zona le cuesta entenderlo, pero esas son comunidades enteras que llevan cuatro años viviendo en zozobra, en un proceso de acoso e intimidación permanente; prácticamente está decretado un estado de sitio en sus comunidades. Ellos no tienen derechos, no tienen garantías. Cuando las personas son sometidas a ese nivel de presiones y cuando empiezan a ver que no hay disposición de escuchar, de dejarlos que se expresen, que se movilicen, que reclamen, es lógico, la gente va a empezar a buscar otros mecanismos. Y ahí es donde yo digo, el Estado está condenando a la sociedad a un caos.

¿Sienten miedo?

Riesgos hay permanentemente, sobre ellos y sobre las mismas comunidades. Hay hechos muy graves que han ocurrido en contra de la familia de doña Francisca. Ella denunció un atentado recientemente en contra de su hijo de 19 años; y unos meses atrás hubo un intento de secuestro en contra de otro de sus hijos. Son situaciones que te indican que el Gobierno está dispuesto a desatar el terror. Pero lo cierto es que el movimiento campesino les ha dicho que no tienen miedo.

¿Usted tiene miedo?

Sí. Hay situaciones en las que me he sentido en tremendo riesgo.

¿Por ejemplo?

Después de la concentración en Juigalpa, el comisionado que estaba a cargo del operativo en Juigalpa cuando vio que yo iba en el vehículo donde además llevaba a otras defensoras de derechos humanos y líderes del movimiento campesino, decidió bloquearnos totalmente el paso. Prácticamente quería obligarnos a que nos moviéramos hacia donde estaba un despliegue de más de cien antimotines y que nos quedáramos solos y rodeados. Por suerte había medios de comunicación y empecé a alertar y a gritarle a la gente que la Policía nos estaba reteniendo y que quería dejarnos cercados y solos. Esas situaciones en las que he sentido temor rápidamente se sobreponen por el hecho de que siento que soy parte de una fuerza organizativa poderosa, grande, fuerte y justa.

En el movimiento, ¿alguno recibe salario?

Nadie. Ni yo. Como abogada nunca me ha pagado nada el consejo campesino por mi trabajo, lo hago como ciudadana voluntaria y no hay ninguna fuente de apoyo financiero. Es totalmente autogestionado. Es un trabajo de hormiga, con las uñas y con tremendas limitaciones económicas. Y es al revés, en la institución (Popol Nah) por trabajar en este tema hay gente que no quiere ayudarnos. Hay organismos que por miedo al Gobierno han decidido dejar de colaborar con nuestra institución en otros proyectos. Y eso es un costo que hemos decidido asumir.

¿Cómo le ha consumido el trabajo con el movimiento y la fundación?

Estos cuatro años han sido muy intentos. El esfuerzo ha requerido muchísimo trabajo. No hay mucha gente apoyándonos. Trabajo hasta siete, ocho de la noche, trabajo los fines de semana, cuando tengo horarios flexibles me voy a las comunidades, ahí ves la vida de otra manera. Mi experiencia en las comunidades me ha ayudado a que la vida la viva con mucha más simpleza. No tengo aspiraciones de acumular grandes riquezas, mis expectativas no son materiales… vivo con lo que gano en la fundación. Me siento una persona libre.

¿Usted tiene alguna esperanza, digamos, en las elecciones de este año?

Yo creo que estar hablando de elecciones es una locura. Sumarse a ese círculo vicioso de venderle ilusiones cuando el sistema electoral está más corrupto que nunca, es sencillamente jugar el juego que Daniel Ortega quiere en su propia cancha, con sus propias reglas. No está por ahí, en mi opinión, el cauce por el que vamos a resolver los problemas. Los partidos son pérdida de tiempo.


PLANO PERSONAL

Mónica Augusta López Baltodano tiene 33 años y estudió Derecho en la Universidad Centroamericana. Es originaria de Managua.

Su segundo nombre es en honor al general Augusto Nicolás Calderón Sandino y nació en el 50 aniversario de su asesinato.

Tiene estudios en Economía Política, Teoría Política y una maestría en Estudios Políticos en España.

En su tiempo libre le gusta hacer jardinería en su casa y en la casa de sus padres.

Le gusta la comida nicaragüense: la fritanga, chancho frito y frijoles en bala y el bacon.

Disfruta escuchar música testimonial. Le gusta Radiohead, Café Tacvba y la música clásica.

Una de sus películas favoritas es Life o Pi.

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