Rubén Darío y Pedro Henríquez Ureña

Conozca las influencias de Rubén Darío en la vida literaria de Pedro Henríquez Ureña, uno de los humanistas más importantes del siglo XX en América Latina

Monumento a Rubén Darío. LAPRENSA/ARCHIVO

Ernesto Mejía Sánchez, gran admirador del escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña (1884-1946, a quien dedicó brillantes estudios, afirma: “El ensayista de veintiún años se nos presenta desde el comienzo con repentina madurez”… …“El nicaragüense acaba de publicar los Cantos de vida y esperanza (Madrid, 1905) y el joven ensayista se aplica a la exégesis con verdadero fervor”… “La primera parte del ensayo es fundamental para el conocimiento y valorización de los ejercicios métricos de Darío”.

Al año siguiente de la aparición de los Ensayos críticos, el entonces pontífice de la crítica hispanoamericana, el uruguayo José Enrique Rodó, descubre en el joven ensayista “la rara y felicísima unión del entusiasmo y la moderación reflexiva”.

Y el polígrafo español, Marcelino Menéndez y Pelayo, juzgó la labor crítica de Henríquez Ureña como producto “de una exquisita educación intelectual comenzada desde la infancia y robustecida con el trato de los mejores libros”.

LAPRENSA/Reproducción/Yader Flores
LAPRENSA/Reproducción/Yader Flores

Letras dominicanas

Rubén Darío seguramente leyó con íntima satisfacción el ensayo del joven Henríquez Ureña. Pero, al mencionar Darío a los hermanos Henríquez Ureña en su trabajo Letras Dominicanas, enalteció a Max más que a Pedro: “Recientemente, escribió Darío, aparecen los hermanos Henríquez Ureña, de los cuales Max ha escrito páginas de crítica que yo prefiero y guardo en alto aprecio”.

Nuestro eminente investigador dariano, Ernesto Mejía Sánchez, atribuye este aparente desdén de Darío para la crítica de Pedro a una confusión de nombres o lapsus mental de Darío.

Salgamos al paso de quienes sostienen que fue este aparente desdén literario de Darío lo que motivó a Pedro Henríquez Ureña a resistirse, pese a la gran estimación que le tenía, a conocer personalmente a Darío, cuando éste visitó Nueva York en 1915.

Por esa época, Henríquez Ureña era corresponsal del Heraldo de Cuba en Washington DC. Y, aunque siguió muy de cerca los pasos de Rubén en Nueva York hasta el más mínimo detalle, como lo demuestra su carta-crónica a Alfonso Reyes del 9 y 11 de mayo de 1916 es, precisamente, en esta carta donde don Pedro explica a su amigo mexicano por qué no quiso visitar a Darío en Nueva York.

No quiso hacerlo seguramente para no contemplar el estado lamentable en que se encontraba en ese entonces Darío: presa de la dipsomanía y explotado por inescrupulosos agentes literarios, que finalmente lo estafaron y abandonaron, enfermo y sin dinero, en Nueva York.

Le dice Henríquez a Alfonso Reyes, en tono confidencial, para justificar su renuencia al encuentro con el admirado Maestro: “Yo no quise conocer a Darío (acá inter-nos) y no lo conocí al fin; había demasiado alcohol y demasiado Bengoecheísmo en torno suyo”.

Enalteció a Darío

Pero el juicio de Henríquez Ureña sobre Darío más enaltecedor es el que escribió en su libro Literary Currents in Hispanic America, resultado del curso que dictó en la cátedra Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard.

Afirma Henríquez Ureña: “Después de 1896, en que publicó (en Buenos Aires) Prosas profanas, más todavía, después de 1905, en que publicó (en Madrid) Cantos de vida y esperanza, Rubén Darío fue considerado como el más alto poeta del idioma desde la muerte de Quevedo… su influencia ha sido tan duradera y penetrante como la de Garcilaso, Lope, Góngora, Calderón o Bécquer.

De cualquier poema escrito en español puede decirse con precisión si se escribió antes o después de él… “En algunos de los Cantos de vida y esperanza y en el Poema del Otoño llegó a alcanzar la intensidad de la desesperación.

Estos poemas, al menos, no dejan duda de su grandeza. “Había dado al idioma su más florida poesía, igual a la de Góngora en su juventud; diole también, en su madurez, su poesía más amarga, comparable a la de la vejez de Quevedo”.

Magisterio de Ureña

Maestro, en el sentido pleno del vocablo, el magisterio de Henríquez Ureña ha sido reconocido por los más altos valores literarios de nuestro continente. Jorge Luis Borges le llama “Maestro de América”.
“Espíritu supremo”, lo califica Ernesto Sábato, quien le trató muy de cerca cuando enseñaba en la Universidad de La Plata, en Argentina.

LAPRENSA/Reproducción/Yader Flores

Méritos y obra de Pedro  Enríquez Ureña

Filólogo, crítico y escritor dominicano, Pedro Henríquez Ureña, es visto en la literatura del siglo XX como uno de los humanistas más connotados de Latinoamérica y el Caribe.

En 1931 la Universidad de Puerto Rico le entregó el Doctorado Honoris Causa, La Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, de República Dominicana, lleva su nombre.

El ministerio de Cultura de este país, en 2013 creó el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, el cual se entrega en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.

Ensayos críticos (1905, La Habana), Horas de estudio (1910, París), Nacimiento de Dionisios (1916), En la orilla: mi España (1922), La utopía de América (1925), Apuntaciones sobre la novela en América (1927).

La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (1936), Sobre el problema del andalucismo dialectal de América (1937), Plenitud de España (1940), Corrientes Literarias en la América Hispana (1941), Las corrientes literarias en la América hispana (1945), entre otras.

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