La raíz fundamental de la crisis del INSS

La raíz de los problemas de viabilidad del INSS no es, todavía, el mismo que el problema que enfrentan los envejecidos países europeos, como ha insinuado el presidente de Nicaragua.

ajuste fiscal, Nicaragua

Economista Adolfo Acevedo. LA PRENSA/ARCHIVO

El tipo de esquemas solidarios de seguridad social que caracteriza al INSS normalmente encuentran el mayor desafío a su viabilidad cuando la población envejece. Esto ocurre cuando la población económicamente activa de un país comienza a declinar mientras el número de adultos mayores se incrementa con rapidez.

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En un esquema como este, en que las pensiones y prestaciones se pagan con las cotizaciones de los que permanecen activos, la fase de envejecimiento poblacional conlleva el surgimiento de tensiones financieras en los sistemas de Seguro Social porque al incrementarse fuertemente el número de adultos mayores aumenta rápidamente el pago de pensiones y prestaciones, mientras la base de cotizantes activos sobre la que descansan los ingresos del sistema se vuelve, comparativamente, cada vez más estrecha.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de los países desarrollados, que entraron desde hace mucho a la fase de envejecimiento de su población, el problema de la viabilidad del INSS en Nicaragua no se deriva, todavía, de que el país muestre el mismo grado de envejecimiento que los países europeos.

Aunque Nicaragua ya inició el tránsito hacia la fase avanzada de envejecimiento, la población es, todavía, predominantemente joven y todavía existen más de siete personas incorporadas a la población económicamente activa (PEA) por cada adulto mayor de 60 años. Más aún, siendo joven la mayor parte de la población, y creciendo todavía la PEA, uno podría decir que esta debería ser la mejor época del INSS.

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Si la mayor parte de la PEA encontrase empleos formales de alta productividad y bien remunerados y la cobertura del INSS fuese elevada —digamos un sesenta por ciento de la PEA— y estuviese creciendo, sus ingresos por cotización serían muy altos, y crecerían con fuerza, mientras que, dado que todavía el porcentaje de adultos mayores en la población total todavía no es tan elevado, el pago de pensiones sería, comparativamente a los ingresos por cotización, más reducido que lo que es ahora.

La raíz de los problemas de viabilidad del INSS no es, todavía, el mismo que el problema que enfrentan los envejecidos países europeos, como ha insinuado el presidente de Nicaragua. Todavía hacen falta unas tres décadas para que Nicaragua alcance el mismo grado de envejecimiento que los países europeos.

El problema fundamental del esquema solidario de seguridad social en nuestro país reside en el hecho de que la mayor parte del empleo que se genera es precario e informal, de bajísima productividad, y que el empleo asalariado formal no solo es muy limitado —representa un islote reducido en un mar de trabajadores por cuenta propia y trabajadores familiares sin remuneración— sino que también los salarios promedio de los cotizantes son sumamente bajos.

Lo que está sucediendo, teniendo como telón de fondo estos factores, y el hecho de que el proceso de envejecimiento y la transición epidemiológica comenzaron a acelerarse, es que los ingresos por cotización vienen creciendo menos rápido que los egresos por el pago de pensiones y prestaciones, y se proyecta que, en los próximos ocho años, esto se agravará, de manera que el INSS ya no será capaz de cubrir los pagos por pensiones y prestaciones con sus ingresos por cotización, ni con su fondo de reservas.

Si uno hace las estimaciones pertinentes, encontrará que el excesivo crecimiento de los gastos administrativos y el mal manejo de las inversiones constituyen factores que ciertamente empeoran la situación del INSS, pero no son la causa fundamental de su trayectoria hacia la insolvencia. Si se recortasen drásticamente los gastos administrativos y se mejorase la administración de las inversiones, ello no lograría contrarrestar la trayectoria hacia la insolvencia, sino quizá retrasarla algunos años.

Pero la solvencia del INSS debe asegurarse por décadas, no por algunos años más, si ha de asegurarse un futuro para las pensiones de los actuales cotizantes jóvenes.

*Economista