Faltas de respeto

El Nica Act está vivo y creo que se constituye en una amenaza seria, creíble y en marcha. Cuando el bigote del vecino se está quemando, como el caso de Maduro, el gobernante debe poner el suyo en remojo.

Entre países, las faltas de respeto suelen cobrarse, en el peor momento. En el tweet del presidente Trump de hace 3 días se dice: USPresidente@realDonald Trump firmó un acta legislativa designando Abjasia y Osetia del Sur bajo ocupación rusa.

El 5 de mayo, el Presidente promulgó la H.R.244–Acta de Consolidación de Asignaciones Presupuestarias que impone restricciones al apoyo financiero, a través de su voto y su influencia en los Organismos Financieros Internacionales, a cualquier país que no reconozca la soberanía e integridad territorial de Georgia. El primer acto del Nica Act entró ya por la puerta trasera. Georgia nos pasa factura por la falta de respeto.

Creo en el diálogo y la negociación. Creo en la democracia sin apellidos, elecciones libres observadas, independencia de poderes, pleno Estado de derecho, libertad de prensa, libertad de asociación y de manifestación, pero preferiría que esos objetivos se obtengan como resultado de un diálogo nacional y elecciones libres y no como resultado de presiones externas.

Escuché recientemente a un asesor gubernamental referirse a la versión Cruz del Nica Act como “sin dientes”, porque supuestamente Estados Unidos ahora tiene menor poder de voto en las Instituciones Financieras Internacionales (IFI).

Es cierto que después de una ronda de ajustes mínimos en algunas de las Instituciones Financieras Internacionales, en los últimos años se redujeron los derechos de voto de Estados Unidos en las IFIS, pero el control de EEUU y sus aliados no ha cambiado significativamente.

Es importante que el gobernante maneje las cifras correctas para evaluar sin distorsiones la correlación de fuerzas a nivel internacional, y así tomar decisiones informadas para el bien de Nicaragua.

En el BID basta que el Director por EEUU acatando la orientaciones que le baja el presidente Trump, consiga el apoyo de Argentina y Brasil, por ejemplo, para sobrepasar el 50 por ciento. Ya a finales del 2016 el BID bloqueó un desembolso de US$ 65 millones para Nicaragua.

En el Banco Mundial, de acuerdo con los datos publicados en su sitio web el 26 de abril de 2017, aparecen los votos de cada país y vemos cómo el Director Ejecutivo de EE.UU., “utilizando todos sus recursos”, puede lograr que los aliados sumen sus votos a los de EE.UU. con el fin de vetar los desembolsos para Nicaragua.

Si sumamos a los países que se han pronunciado a favor de la integridad territorial de Georgia, quedaría faltando menos del 2 por ciento para bloquear los préstamos. Si a eso sumamos Georgia y Holanda con casi el 2 por ciento, se llegaría al mágico 51 por ciento. Con variantes menores, el fenómeno se repite en el FMI y varios otros IFI. Entre los países, no hay “paisuchos”, no hay enemigo pequeño y las faltas de respeto se pagan. Holanda nos pasaría factura. Sería pues un error del gobernante sobre esa base rechazar el diálogo.

El Nica Act está vivo y creo que se constituye en una amenaza seria, creíble y en marcha. Cuando el bigote del vecino se está quemando, como el caso de Maduro, el gobernante debe poner el suyo en remojo.

No se pueden obviar los déficits democráticos convalidando al gobierno amparado en su combate al narcotráfico y la delincuencia organizada. Los últimos 4 informes del Departamento de Estado de EE.UU. señalan que el combate al narcotráfico no es sustituto para la buena gobernanza.

Si todo lo anterior no basta para estimular al diálogo, el señor Almagro, que en su reciente y remota misión de acompañamiento electoral a Nicaragua se quejaba de carecer de dientes, ahora tiene la oportunidad que le sirve el eventual Nica Act, para obtener concesiones efectivas como primer paso en ese camino civilizado de retorno a la República, por la vía electoral.

El autor fue Canciller de la República 2002-2007