Diplomacia con botas

El diputado orteguista Jacinto Suárez tiene razón, en general, al decir que a su gobierno le asiste el derecho de reconocer a quien le venga en gana. Pero ese derecho no se puede ejercer a caballo, pasando por encima de las normas fundamentales del derecho internacional.

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El diputado oficialista y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional, Jacinto Suárez, declaró a LA PRENSA que “es una decisión soberana del Gobierno de Nicaragua reconocer a los gobiernos que considere”.

“No veo por qué tengamos nosotros que estar preguntando (a otros sobre) a quién reconocemos o a quién no”, expresó el funcionario de relaciones exteriores orteguista que en los años 80 fue embajador de la dictadura sandinista en la extinta Unión Soviética”.

Suárez se refería así al reconocimiento del régimen orteguista a Abjasia y Osetia del Sur, separados de Georgia por instigación y presión de Rusia, lo cual ha merecido el repudio de todo el mundo y solo los gobiernos de Nicaragua, Venezuela y Nauru (una islita de la Micronesia que tiene apenas 21 kilómetros cuadrados y 2,130 habitantes), los reconocen como Estados independientes.

El reconocimiento del régimen orteguista a Abjasia y Osetia del Sur ocurrió en 2008, causando estupor en la comunidad internacional. Sin embargo las consecuencias se vienen a conocer hasta ahora, cuando Estados Unidos ha decidido sancionar a los países que los reconozcan.

En efecto, el presidente Donald Trump firmó el 5 de mayo corriente la Ley de Asignaciones Federales 2017, previamente aprobada por la Cámara de Representantes y el Senado, mediante la cual se ratifica el reconocimiento oficial de los EE.UU. a Abjasia y Osetia del Sur como “territorios georgianos ocupados por Rusia”. Además, la ley dispone sanciones económicas para aquellos países que desconozcan la integridad territorial de Georgia dándole reconocimiento a Abjasia y Osetia del Sur.

Georgia proclamó su independencia nacional el 9 de abril de 1991, cuando se derrumbó la Unión Soviética a la que estaba anexada. Desde entonces Georgia se constituyó como una república democrática y se acercó a la Unión Europea y los Estados Unidos. Esto provocó la ira de los gobernantes de Rusia, quienes consideran que las antiguas repúblicas soviéticas son parte de su área geopolítica y su esfera de influencia. De manera que Rusia ha castigado a Georgia por su acercamiento a Occidente, promoviendo la separación de Abjasia y Osetia del Sur, arrebatando a Ucrania la península de Crimea e intimidando a las demás antiguas repúblicas soviéticas.

El diputado orteguista Jacinto Suárez tiene razón, en general, al decir que a su gobierno le asiste el derecho de reconocer a quien le venga en gana. Pero ese derecho no se puede ejercer a caballo, pasando por encima de las normas fundamentales del derecho internacional.

En el mundo globalizado de la actualidad es muy importante que la política internacional, la diplomacia y el reconocimiento de los Estados y gobiernos, se practiquen teniendo en cuenta los valores sustantivos universales de la soberanía nacional y popular —que no es la voluntad caprichosa de los gobernantes—, la democracia y los derechos humanos, entre otros.

El que quiera practicar la diplomacia con botas puede hacerlo, pero tiene que pagar las consecuencias.