La desgracia de México

Donald Trump capitalizó ambos argumentos en su campaña, acusando a los demócratas de descuidar la economía, y que sus primeras acciones de presidente serían retornar los empleos idos, a la vez que equilibrar la balanza comercial con México.

La frase famosa de “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, es atribuida a Porfirio Díaz, presidente de México a principios del siglo pasado, pronunciada ante las diversas apropiaciones de territorios que sufrió México por parte de EE.UU. en las que perdió Utah, Arizona, Nuevo México, California y Texas.

La frase cobra actualidad de nuevo al asumir Donald Trump la Presidencia de los Estados Unidos, considerando sus declaraciones desde el momento en que inició su campaña presidencial, al afirmar que una vez en el poder procedería a someter una nueva ley migratoria de carácter restrictiva; revisaría el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá (Nafta) y levantaría un muro a lo largo de la frontera.

Cincuenta años atrás, los presidentes de EE.UU. venían sosteniendo relaciones amistosas, y en el caso específico de Reagan, Clinton, George Bush (hijo) y Obama, las relaciones fueron más que cordiales, desembocando en la creación y suscripción del tratado por parte de Bush y Clinton respectivamente. El tratado contiene varias cláusulas que implícitamente favorecen a México y de ello Clinton y Bush estaban conscientes, pero en cierta forma se trataba de favorecerlo dada su condición de país menos desarrollado, a la vez de ser una forma de expiación por las injusticias cometidas en los conflictos con México.

Pero a lo largo de la operatividad del Tratado se vino evidenciando que el desempleo industrial en EE.UU. aumentaba a casi 3 millones en los cinco principales estados industriales, mucho de ello producto de la expansión de la industria automovilística de México, así como la relación comercial México-EE.UU. alcanzaba un déficit de 60,000 millones de dólares en contra de EE.UU. (equivalente a 25 veces las exportaciones de Nicaragua), cuando antes del Tratado era superavitaria a favor de EE.UU.

Donald Trump capitalizó ambos argumentos en su campaña, acusando a los demócratas de descuidar la economía, y que sus primeras acciones de presidente serían retornar los empleos idos, a la vez que equilibrar la balanza comercial con México. Realmente fue un serio error de los demócratas el no atender tales deficiencias debidamente, lo que prácticamente le costó la Presidencia a Hillary Clinton.

Se han planteado varios escenarios sobre los posibles cambios que introduciría la administración Trump a la actual relación económica con México y el más conservador de los mismos traería consigo una seria desaceleración de su crecimiento económico anual, aparte de mayor desempleo y reducción de sus reservas monetarias

De hecho México enfrenta un tsunami económico y solo negociaciones exitosas podrían paliar sus efectos negativos. Realmente tanto a México como a Estados Unidos le conviene que cuente con una economía en marcha y ello requiere que la administración Trump se aleje de posiciones nacionalistas (“América first”) que fue la base de su campaña.

Un buen principio sería disponer de una adecuada ley migratoria consensuada con México. Obama diseñó una que no presentó al Congreso por estar ya en poder de los republicanos. Los migrantes han contribuido en mucho con la economía americana con su fuerza de trabajo que no ha sido bien remunerada y que mediante una ley se reducirían los ilegales al determinarse un flujo racional de trabajadores.

México merece que se le trate justamente; aun es un país subdesarrollado, que lucha contra la pobreza, contra la desigual distribución del ingreso, los cárteles y la corrupción interna, además de haber sufrido anteriormente los embates de EE.UU., de quien desde el pasado reciente ha sido un firme aliado.

El autor es economista.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: