Zona de Strikes: J. C. Ramírez logró regresar a su nivel

Por un momento, J. C. Ramírez fue un orador que súbitamente pierde su voz, un cirujano sin precisión, un músico desafinado, pero cuando hizo ajustes volvió a brillar.

Edgard Rodríguez C.

Por un momento, Juan Carlos Ramírez fue un orador que súbitamente pierde su voz, un cirujano sin precisión, un músico desafinado.

Pero una vez superado ese instante, su labor resultó un excepcional ejercicio de autoridad, mientras sus envíos cobraban vida y lograba retornar a su nivel habitual.

Aún en medio de una caída 7-1 ante los Tigres, vamos a rescatar el sentido de reacción del nica: cinco ceros al hilo tras el daño inicial.

Detroit se apoyó en dos jonrones para fabricar cinco carreras en los primeros dos innings, pero luego no pudo hacer nada ante el veloz tirador nica.

No obstante, eso le bastó a los felinos para construir el triunfo en torno al brazo de Michael Fulmer (4-1), quien ofreció un recital de picheo.

En las Grandes Ligas, el nivel de precisión es increíble. Un slider a buena velocidad —85 millas—, pero sin la ubicación correcta —cerca al centro del plato—, termina convertido en jonrón de Justin Upton y en tres carreras.

Luego, una recta dura —97 millas— pero próxima al sitio donde el zurdo Andrew Romine golpea con más poder —esquina interior— y aparece un segundo jonrón que lanza a los Tigres 5-0 en la pizarra.

Eso fue todo lo que necesitaron los felinos para ganar, pero cuando muchos pensaron que J. C. estaba deshecho, se levantó y lanzó cinco innings sin carreras.

Claro, lo estupendo habría sido que mostrara su dominio desde el principio y luego lo extendiera a través del juego, pero a veces hay detalles que impiden eso.

Y en esas circunstancias, Ramírez reaccionó y fue capaz de avanzar en el partido. Eso habla de su carácter y su autoestima más allá de haber sido derrotado.

JC tiene que ajustar sus inicios. No sé si será su enfoque, preparación o patrón de picheo, pero algo debe hacer para ser menos vulnerable al inicio del juego.

Pero ahora, sabemos que sigue sobre la senda correcta. Un mal despegue lo tiene cualquiera.