Problemática del cambio climático

“Vivir bonito” es un eslogan que oímos frecuentemente, pero qué están haciendo el Gobierno y la ciudadanía misma para cumplirlo; cada vez vemos que la sociedad nicaragüense está destruyendo más los ecosistemas del país.

El pasado mes de abril se celebró el día mundial de la Tierra. Pero ¿qué celebramos?

Nicaragua ha depredado 70 por ciento de Bosawas con la indiferencia de las instituciones reguladoras y la ciudadanía misma; se han registrado las temperaturas más altas a nivel centroamericano (42ºC), las últimas tres temporadas de lluvias estuvieron marcadas por déficit de precipitación, todos los ríos han bajado su caudal y algunos ni existen, cada año tenemos menos cantidad de agua potable a tal punto que hay barrios y muchas comunidades que ya no tienen agua. El cambio climático ya no es algo del futuro, es algo del presente, es una problemática nacional que debemos combatir.

Según datos de INAFOR (Instituto Nacional Forestal) entre 2007 y 2014 Nicaragua perdió 560,000 hectáreas de bosques, en contraste con 138,000 hectáreas que se han reforestado desde el 2007, que en la práctica esta no es la cantidad real ya que no todas las plantas sobreviven. En su totalidad la pérdida de bosques ha sido para nuevas áreas destinadas a pastizales y agricultura.
A pesar que existe una gran cantidad de instrumentos y políticas públicas orientadas a la conservación y uso sostenible de los recursos hídricos en el país, ha sido notoria la falta de voluntad política de las autoridades de Gobierno a distintos niveles para garantizar el cumplimiento de las mismas, a tal grado que el mismo Alba Forestal ha aprobado permisos para extraer madera en la reserva de Biosfera de Bosawas, cuando son muchos los camiones que salen diariamente de la reserva cargados de árboles centenarios que son los pulmones de nuestro país.

La frontera agrícola y ganadera ha sido también una de las mayores causante de este fenómeno, ya que tenemos agricultores y ganaderos sin experiencia alguna en manejo de suelos, manejo de agua y desarrollo sostenible que se limitan en decir “botemos la montaña y engordemos el ganado”. Necesitamos políticas gubernamentales que sirvan para que los agricultores y ganaderos logren recibir una buena capacitación ya que la mayoría de los ganaderos del país botan grandes cantidades de bosques para tener vacas que con costo producen de 3 a 5 litros de leche por día. Otro ejemplo es que se siembra en tierras que no son adecuadas para determinado cultivo y al final se tendrá un rendimiento muy bajo, no rentable, dejando tierras improductivas. Hace falta mucha capacitación por parte del Estado y la empresa privada para implementar sistemas agrícolas y ganaderos que sean amigable con el medio ambiente y de alta rentabilidad.

“Vivir bonito” es un eslogan que oímos frecuentemente, pero qué están haciendo el Gobierno y la ciudadanía misma para cumplirlo; cada vez vemos que la sociedad nicaragüense está destruyendo más los ecosistemas del país. Ya perdimos el lago de Managua, la laguna de Tiscapa, laguna de Masaya entre muchos otros reservorios de aguas más, pero lo más inquietante es que el lago de Granada va por el mismo camino, cada día se arrojan miles de galones de aguas servidas a las aguas de este cuerpo hídrico que será en el futuro uno de los más importantes proveedores de agua potable para el país, pero amigo lector, piense que en ese futuro no muy lejano no será más que otra cloaca creada por la indiferencia y destrucción.

El día de la tierra hay que celebrarlo a diario haciendo conciencia entre nosotros los nicaragüenses que en un futuro no tendremos bosques sino solo polvazales, no habrá ríos ni agua para tomar, no habrá lluvia si no calor. Sembremos árboles, cerremos los grifos cuando no estemos utilizando el agua, depositemos la basura en su lugar, seamos buenos ciudadanos, practiquemos el hábito de protección y conservación de nuestro bello país, porque si no solo les dejaremos de herencia a nuestros hijos y nietos una Nicaragua árida y muerta, sin naturaleza alguna y abundante en pobreza.

El autor es estudiante de Administracion de empresas.