El gorro frigio

Mantengamos muy en alto ese gorro frigio colocado sobre los volcanes que representan las cinco repúblicas centroamericanas unidas a como deberían de estar, para que cuando la oscuridad inunde o amenace a nuestra patria sepamos levantar el estandarte de la verdad y de la libertad.

El 5 de septiembre de 1908, junto con la bandera nacional, fue creado el escudo de Nicaragua bajo la presidencia de J.S. Zelaya.

Es un escudo un poco modificado y muy parecido a los broqueles anteriores de la federación Centroamericana y el mismo que han adoptado en el pasado y en el presente muchos otros países de Centro y Sur América como la Argentina, Colombia y El Salvador entre otros.

En todos ellos, sobresale un gorro frigio.

En el centro del escudo de Nicaragua, arriba del tercer volcán, se encuentra dicho gorro.

Cuando se visita el museo británico de Londres existe allí una estatua del dios Mitra matando un toro y luciendo también un gorro frigio como el de nuestra égida.

Se pretende en nuestro escudo y en el de las otras naciones que lo ostentan, representar una alegoría. Un símbolo equivocado copiado de la revolución francesa o de la independencia de los Estados Unidos quienes erradamente lo enarbolaron como un anagrama de libertad.

Se dice que los revolucionarios franceses confundieron este gorro originado en la región de Frigia la anatolia de Turquía, con el gorro píleo que representaba la liberación de los esclavos romanos y que nada tiene que ver con el gorro frigio de lana roja que aparece en la época helenista griega como atuendo de los orientales y que curiosamente lo vemos en la cabeza de un dios de origen persa conocido como Mitra adoptado por los romanos en el Siglo III a.C.

Del culto a este dios romano se origina la religión mistérica que tenía un carácter esotérico, secreta de exclusividad masculina y que obligaba  a la honestidad, pureza de corazón y al valor y coraje, razones por las que se hizo popular entre los militares de la época.

En oriente los indo-iraníes asociaban a Mitra con el sol, con la luz que ilumina la oscuridad y descobija la mentira.

Encontrar esa luz brillando alrededor del gorro en nuestro escudo me asombra.

Quizá quien lo puso allí pensó en las dos cosas que tanto necesita una nación para desarrollarse: la libertad representada en el gorro píleo que tenían los esclavos liberados romanos y además la honestidad y esa luz que nos ilumina proveniente del dios Mitra para cuando la oscuridad y la mentira se ciernan sobre nuestro territorio nacional.

Colocarlo como uno de nuestros símbolos patrios fue sin duda un acto esotérico y no casual donde los que lo hicieron o el que lo hizo, deseaba recordarle a cada ciudadano nicaragüense lo importante que es ser puros de corazón para llegar a ser libres y una vez siendo libres, tener una nación donde no nos falte nada, donde brille la justicia y donde nuestros militares tengan el valor y coraje del dios Mitra. Donde esas pequeñas virtudes se cimienten en el corazón del soldado para hacer respetar nuestra Constitución. Para que ni policías ni guardias se dejen controlar por malandros o mafiosos cuando estos, por actos engañosos y truculentos se quieran adueñar del poder en el país.

El filósofo y teólogo alemán Paul Tillich en su obra La Teología de la Cultura señala que un símbolo va más allá de lo que es. Va hacia algo siempre misterioso e incuantificable. Ellos, los símbolos, abren dimensiones profundas de la realidad y cuando pierden su sentido y poder para las personas y la sociedades se vuelven símbolos muertos.

Que nuestros maestros pongan énfasis en enseñar el significado de ese gorro en el escudo nacional a nuestras futuras generaciones para mantener vivos nuestros emblemas.

Mantengamos muy en alto ese gorro frigio colocado sobre los volcanes que representan las cinco repúblicas centroamericanas unidas a como deberían de estar, para que cuando la oscuridad inunde o amenace a nuestra patria sepamos levantar el estandarte de la verdad y de la libertad.

Y, como Mitra, luchemos para derrotar a ese toro místico al que estrangula como un anagrama de poder, luz, fuerza, coraje y pureza de corazón.

¿Cuántos de nuestros niños y niñas han aprendido el sentido de nuestros símbolos patrios?

Nuestros queridos maestros tienen la repuesta especialmente en este mes cuando los celebramos con el respeto y consideración que muy bien se merecen.

El autor es médico.

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