El lente de Molina: De Somoza a Rosario Murillo

Vecino de Alexis Argüello, fotógrafo de los Somoza y Rosario Murillo, Uriel Molina ha tenido una vida intensa registrando la historia de Nicaragua con su cámara en la mano

Uriel Molina es fotógrafo desde los 15 años. Ha retratado a grandes personajes a nivel nacional. LAPRENSA/ OSCAR NAVARRETE

Uriel Molina es fotógrafo desde los 15 años. Ha retratado a grandes personajes a nivel nacional. LAPRENSA/ OSCAR NAVARRETE

“¿Usted es el fotógrafo?”, le preguntaron los guardias. “Sí”, dijo Uriel Molina sin dudarlo. La verdad él era solo el ayudante, pero ante la ausencia de su jefe decidió agarrar la cámara ese 2 de noviembre de 1973, cuando funcionarios de la Guardia Nacional llegaron al Cementerio General a dejarle ofrendas al difunto general Anastasio Somoza García.

Para su suerte, las fotografías salieron bien y ya nunca más soltaría la cámara. Trabajó por un año en el despacho de Somoza. Casi al final de la década de los 70 fue corresponsal de guerra del noticiero de esa época Teleprensa y luego del triunfo de la revolución trabajó con la hoy vicepresidenta designada por el Consejo Supremo Electoral, Rosario Murillo.

A la fotografía llegó por necesidad, él era el tercero de sus siete hermanos y su mamá era madre soltera. Ella le dijo que no podía seguir pagándole los estudios y como él quería estudiar fue donde la familia Carranza que tenían el estudio Fotografía Carranza a pedir trabajo. Comenzó vendiendo fotografías cuando cumplió 15 años y al verlo tan interesado en aprender, en los ratos libres le enseñaban a usar los equipos. Un par de ocasiones antes de aquel Día de los Muertos, había visto cómo se usaba la cámara que llevaban ese día y por eso no dudó en tomar las fotos cuando se lo preguntaron.

Después de ese día cubría los eventos sociales donde asistía el entonces presidente Anastasio Somoza Debayle y en más de una oportunidad hasta almorzó con él. “Somoza era un tipo bien culto. Siempre me saludaba. Me preguntaba sobre los equipos, los videos”, recuerda.

Su infancia la vivió en el barrio Monseñor Lezcano, el mismo barrio donde se crió Alexis Argüello. De hecho su casa estaba a unos cuantos metros de la suya y como a ambos les gustaba jugar beisbol, era común verlos juntos. Cuando el “Flaco Explosivo” comenzó su carrera boxística, Uriel  Molina era uno de muchachos que le pasaba el protector y las botellas de aguas en el ring.

“Me acuerdo que una vez me zafé el brazo y él llegó a mi casa a sobarme. Él gozaba haciéndolo llorar a uno. Siempre fue maldoso”, cuenta entre risas.

Cuando se volvió fotógrafo profesional más de una vez se topó con él y siempre lo trató con aquella confianza que tenían en el barrio.

Encuentro accidental

Su primera cámara fotografíca la compró hasta 1980, casi 10 años después que inició como fotógrafo. LAPRENSA/ CORTESÍA
Su primera cámara fotográfica la compró hasta 1980, casi 10 años después que inició como fotógrafo. LAPRENSA/ CORTESÍA

A Sobeyda Inés Reyes, con quien tiene 37 años de casado, la conoció en el estudio fotográfico Galería del Arte, que pertenecía a Norita López, esposa del historiador Nicolás López Maltez; ella era secretaria y él en este tiempo trabajaba y también estudiaba Periodismo. Ambos se enamoraron y no tardaron mucho en casarse.

En Galería del Arte aprendió a usar las cámaras de video y como don Nicolás López Maltez tenía un noticiero en Canal 6 llamado Teleprensa, a final de 1979, él y otros fotógrafos fueron designados como corresponsales de guerra. Pero Molina siempre destacó porque como él mismo narra no le daba miedo, pues muchos de sus compañeros renunciaron.

“Eran tiempos de mucho dolor, lo que uno aprende ahí es a ser un poco frío al ver tanto desastre. Yo vi muerto a Gaspar García Laviana, yo vi donde lo estaban enterrando. En Estelí también vi cuando la Guardia llevaba un camión repleto de muertos. Me subí al camión y estaba lleno de muertos. Me bajaron, pero alcancé a ver muchos cadáveres, estaban vestidos de médicos. Luego me enteré que uno de ellos era el doctor Alejandro Dávila Bolaños”, recuerda.

Volvió a esos escenarios de guerra años después cuando comenzó a laborar en el Instituto Nicaragüense de Cine (Incine), allí iba junto a varios artistas a grabar algunas presentaciones que ellos hacían a los movilizados del Servicio Militar Patriótico (SMP).

Murillo como jefa

Don Uriel Molina junto a su profesor de fotografía en Japón. LAPRENSA/ CORTESÍA
Don Uriel Molina junto a su profesor de fotografía en Japón. LAPRENSA/ CORTESÍA

A Rosario Murillo en los ochenta la conoció en Ventana, una publicación de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura. Ella era su jefa y una vez a la quincena se reunían para organizarse. Juntos trabajaron casi tres años y medio.

“Ella es una persona muy creativa, con mucha energía, muy propositiva, conoce el trabajo y todo lo que ella hace le mete ganas”, afirma con el tono de cariño que lo caracteriza.

Después comenzó a trabajar en el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) y allí se ganó una beca para estudiar fotografía y también para trabajar en Japón. Salió de Nicaragua en 1994 rumbo a Akita, ciudad japonesa, solamente con un mes de haber estudiado el idioma.

“El problema era escribirlo, yo hablaba lo básico. Como yo he sido vago con este trabajo nunca me perdí, creo que el ojo del fotógrafo me ayudó”, cuenta sonriente.

Allí vivió durante un año, aprendió sus costumbres e incluso aún recuerda algunas palabras en japonés. Cuando debía regresar le ofrecieron quedarse a vivir allá, pero como no había forma de llevarse a su esposa ni a sus hijos regresó al país. Poco tiempo después comenzó a trabajar en La Prensa y aún sigue haciendo lo más le gusta: la fotografía.

Uriel Molina junto a su familia, su esposa Inés Reyes, sus hijos Eduardo Molina, Denis, Óscar y su hija Iné. LA PRENSA/ JADER FLORES
Uriel Molina junto a su familia, su esposa Inés Reyes, sus hijos Eduardo Molina, Denis, Óscar y su hija Inés. LA PRENSA/ JADER FLORES

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