Azucena Castillo: «Yo reviví Radio Universidad»

"Chena" Castillo habla sobre su vida, su trayectoria como locutora y los motivos por los que cree que la rectoría de la UCA pidió su renuncia.

Azucena Castillo, comunicadora social. Managua 18 de mayo de 2017. FOTO LA PRENSA/Lissa Villagra

Azucena Castillo ha sido noticia en las últimas semanas por su intempestiva salida de Radio Universidad, de la cual era directora. Sobre el hecho hay varias versiones, y esta entrevista presenta la versión de Castillo, una periodista cuyo vínculo con la radio comenzó, dice, a los 4 años cuando oía las novelas de Radio Mundial recostada en las piernas de su mamá, que era costurera.

En esta entrevista, “Chena”, como se le conoce popularmente, habla sobre su infancia marcada por dos guerras y un terremoto; sobre su participación en el Frente Sandinista, su trayectoria en las radios de Nicaragua y, por supuesto, su salida de Radio Universidad.

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¿Por qué cree que pidieron su renuncia en Radio Universidad?

La UCA es la mejor universidad del país, porque es la que todavía desafía al sistema provocando debates… Pero se cuida. Tiene el 6 por ciento constitucional. Y lucharla abiertamente como yo la lucho es un peligro para la estabilidad de la universidad y para esos jóvenes.

¿Usted cree que fue un problema político?

Sí. Porque tengo una posición de periodismo crítico. Yo estoy de acuerdo con la apertura, todos mis proyectos son inclusivos. Y ahorita estaba aplicando la política de género y eso no gusta. Yo creo que es político y es cultural. Lo primero se resuelve con alianzas, lo segundo volver a nacer. Porque si sos machista tenés que educarte y a la gente que está cómoda no le gustan las mujeres como yo.

¿Cómo fue cuando le dijeron?

Feo. A nosotros siempre nos solicitan cuando firmamos, que cuando el rector nos pida la renuncia tenemos que darla. Me pidieron la renuncia y yo se las di. Solo me avisaron que tenía 15 días y me habían dicho de problemas… Había un compañero, alguien que yo había formado, que se molestó conmigo por llamados de atención mientras yo estaba en lo de la muerte de Valentín. Hubo cosas que ocurrieron el año pasado que yo no miré.

¿Qué cosas?

Me imagino que hubo seducción a mi personal joven. Como es mi “hijo” el que dirigió eso para que yo saliera del cargo, obviamente lo perdono.

Pero para usted ¿cuál fue el verdadero motivo?

Político, político. Yo vengo denunciando cosas.

¿Y qué es lo que hizo esta persona para que usted saliera del cargo?

Él se llenó de vanidad. Era alguien en quien confiaba. Él dijo que yo lo maltrataba.

¿Por eso es que en el comunicado la UCA habla de maltrato a colaboradores?

Sí… sí.

¿Alguna vez tuvo algún llamado de atención por maltrato?

Con los viejos trabajadores… Yo heredé un personal técnico bien machista y no es fácil. Yo les daba orientaciones y hasta ahora lo veo claro, después de esto que he investigado. Hubo un proceso de boicot permanente contra todo lo que yo impulsaba. Pero me alié con los jóvenes, los entrené, aprendieron de mí y después en todo este periodo que yo estuve súper distraída con la muerte de Valentín, mi enfermedad y el choque que tuve, deposité mucha confianza en una de las personas y una de esas personas fue a la que cuentearon y sedujeron. Hubo seducción y es el nuevo director de la radio.

¿Quién es?

Bismarck Artola, el director de la radio.

¿A qué se refiere cuando me habla de seducción?

La vanidad. Que te dicen vos podés, vos sos el único. Yo descargué mucha confianza en él por el problema que estuve enfrentando el año pasado. Y todo ese año lo trabajaron.

Me imagino que fue su mayor apoyo en la radio durante ese tiempo…

Era el productor de la radio, el programador. Y yo soy una voz crítica que quieren callar. Durante todo este tiempo yo lo miraba y estaba hablando con los otros; que la Chena lleva más años aquí, que ya es tiempo de cambiar… ese tipo de cosas que suceden. Pero no vieron a quién perdían.

¿Alguna vez sintió que ya querían que se fuera de la radio?

Todo el año pasado… fue un proceso difícil. A veces a los jóvenes se les presentan oportunidades así y hay personas con otros intereses, entonces los promueven para hacer este tipo de cosas feas. Yo lo perdono a él, pero es un instrumento de toda esta cosa. Yo sé que mi voz con toda mi trayectoria tiene fuerza. Lo único que tengo es trabajo honesto, profesionalismo.

¿Que pidieran su renuncia tuvo que ver con el convenio que iba a hacer Radio Universidad con Onda Local?

Puede ser, pero ya lo iban a aprobar. Ya la Patricia (Orozco) había conseguido apoyo para estar en la radio. Solo me dijeron que me esperara un ratito. Me dijeron que les interesaba, pero no estaba aprobada todavía. No sé de ahora en adelante qué cambios va a tener la nueva dirección, pero si dejan a Bismarck es mi misma dirección.

¿Usted llevó a Bismarck a la radio?

Sí, es mi “hijo”. El más amado. El mejor alumno de la carrera de periodismo, yo lo seleccioné por eso. Bismarck me gustó porque es una persona noble y me ayudó muchísimo. Me entendió en algunos problemas que a veces uno se enfrenta por las cosas que le caen y él se adecuó conmigo, estuvo siempre cerca. Me dolió su decisión, me dolió, porque era una persona en quien yo deposité toda mi confianza. Me preocupé por él porque sé que hay mucha gente que te llena de vanidad, que fue lo que le pasó a él. El ego lo elevaron… “Esta es tu oportunidad, la maje está distraída”.

¿En qué piensa trabajar ahora?

Mi prioridad es lo económico. Tengo que construir un proyecto que me acompañe en esta etapa de mi vida para apoyar a mis padres que quedaron desprotegidos por la muerte de Valentín. Y como desafío siempre apoyar la parte cultural contra la violencia.

¿Tiene algún proyecto?

El proyecto que me gustaría es el que nos prometimos con Valentín. Hacer una escuelita de comunicación popular. Nada más que ando buscando al teatrista… porque los mejores teatristas se han muerto. Ese era nuestro proyecto de retiro.

¿Cree que hay espacios en el país para criticar al Gobierno?

Cada vez se cierran más… Si los jóvenes no la piensan a la vuelta de la esquina vas a tener todos los espacios totalmente cerrados.

¿Y usted cómo llegó a Radio Universidad?

Llegué cuando mi papá me quitó la mesada porque a nivel económico estaba quebrado. Me dijeron, no me acuerdo quién: “Mira, hay una radio que está sonando duro. Vos deberías ir a la Radio Universidad”. Fui y no me hacían caso. Ya por aburrimiento iba, pero yo le gusté al productor de Radio Universidad y me dijo que siguiera viniendo. Me pusieron a hacer un programa que a cualquiera corría, porque en la época no teníamos la costumbre de escuchar clásicos. Y eran los clásicos del color; era Tchaikovsky, Mozart, Chopin, y me ponían a traducir los LP rusos para contar la historia en la radio. Y yo le puse mi estilo. Así comencé. Después me pasaron a hacer los Recuerdos y llegué a hacer El ritmo de la adolescencia. Pasé a hacer Al día todos los días, leyendo noticias, poniendo música.

¿Cuánto tiempo estuvo en la radio?

Mis primeros seis años… de 1989 a 1995. No ganaba dinero, me pagaban con fichas estudiantiles para el transporte. Colaboré y aprendí… Fue mi escuela. Ahí nací profesionalmente. Logré pasar a la Radio Ya, también me contrataron para hacer un programa en Radio Nicaragua. Estaba en Taxímetro en La Sandino. Pero Luis López, el director de Radio Universidad, me dijo o la Radio Universidad o la Radio Ya…

¿Por qué le pidieron que decidiera entre Radio Ya y Radio Universidad?

Porque estaba pegando duro en Radio Ya… Y como estaba en todo: estaba en la televisión, estaba en otras radios, parece que querían exclusividad. Yo me quedé en la Radio Ya porque estaba terminando la carrera. También colaboraba con notas para el Semanario, de Sergio Ramírez; estaba en el programa Hablemos, en la Cámara Matizona, en Taxímetro, en el programa de televisión Media Naranja.

También trabajó con el Frente…

Trabajando en la Radio Ya, Carlos Guadamuz me mandó a cubrir a Ortega… Era la que andaba detrás de Ortega para todos lados. Pero comienza el conflicto de Carlos Guadamuz con el Frente y William Grisby me ofreció irme a La Primerísima y me gustó. Ahí estuve nueve años. Estando ahí trabajé con Ruth Herrera. Apoyé la estrategia de comunicación para la Red Nacional de Defensa de los Consumidores. No permitimos la privatización del agua. A la Ruth la llamó el Gobierno a estar en Enacal y ella me llamó a trabajar un año. Fui la directora de Comunicación de Enacal.

¿Por qué volvió a trabajar con el Frente Sandinista?

Yo no quería trabajar con Ortega. No quise. Fue por mi amistad con la Ruth Herrera.

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¿Y cómo es que regresa a la Radio Universidad?

Renuncié en Enacal porque mi jefa ya no iba a ser la Ruth, iba a ser doña Rosario (Murillo). Regresé a La Primerísima pero ya no me dieron mi programa y me mandaron a cubrir la parte política. Conocí a Enrique Sáenz y ahí la comandante Dora María me propuso ser candidata a vicealcalde de Managua por el MRS y acepté. En ese entonces la intención de voto del MRS era del 3.7 por ciento. Eso fue en marzo. A junio el MRS ya tenía 14 por ciento de intencionalidad de voto. Y me comienzan a llamar del Frente diciéndome: “No podés ir de candidata, vos sos nuestra”. Se llenaron de miedo y le quitaron la personería jurídica al MRS. Ahí terminó mi aventura política que me originó mi despido en La Primerísima. Me quedé sin empleo cuando comenzó el Frente otra vez a llamarme. Me llamaron y pasó todo ese proceso difícil porque yo no quería volver a eso.

Pero no tenía trabajo…

Sí. No tenía trabajo. La Daysi Torres me llamó, llegó a mi casa… Me ofrecieron trabajar en el área social en la Alcaldía de Managua. Yo había vuelto a Radio Universidad a tratar de volver a mi periodismo con un programa. Y en ese contexto que estaba viviendo la seducción del poder de nuevo, la UCA me salvó de andar en esos conflictos políticos partidarios. Me llamaron y el primero de octubre de 2008 me nombraron directora. Ese fue mi regreso.

¿Cuál era la situación de la radio cuando usted regresó?

Estaba literalmente apagada. Los dos transmisores quemados, solo con el excitador de señal. No tenía personería jurídica, no tenía los permisos. Todo eso lo logré. Le pedí a la rectoría que construyéramos una radio ciudadana, una radio universitaria para todo público, comprometida socialmente. Escribí las políticas de la radio, de prensa, porque no había. Encontré eso un desastre. Y me prometí hacer la radio que conocí.

¿Diría que transformó la radio?

Estaba literalmente apagada. La reviví.

Cuénteme de su niñez… ¿recuerda las primeras veces que escuchó la radio?

Sí… con mi mamá. La radio era su única distracción. Ella era modista y yo era la que la acompañaba y me dormía en sus piernas mientras ella cosía. Y nos tirábamos todas las novelas que tenía la Radio Mundial. Fue magia. Valentín (Castillo) y yo decíamos que había personitas ahí hablando y abríamos el radio buscándolas. Se lo jodimos porque quería saber quiénes eran esas vocecitas que se oían ahí. Para la guerra me acuerdo que escuchábamos con Valentín debajo de la cama la Radio Sandino en la clandestinidad. Y mi mamá nos decía: “¡Ahí va el Becat!” Porque ponían los Becat a circular por los barrios para ver quién estaba escuchando la Sandino. Dicen que es la Chayo Murillo la que hablaba.

¿Cómo fue su infancia, su familia?

Yo nací en el barrio Altagracia. Mi papá fue chofer de la Embajada de Estados Unidos y de México; mecánico y uno de los primeros taxistas. Mi mamá, una diseñadora de ropa de niños. Y de ahí vengo, de esas dos personas. Él originario del campo, en Estelí, y mi mamá originaria de Managua. Soy hermana de cinco mujeres y era hermana de dos varones.

La insurrección ¿cómo la vivió?

Fue horrible. Casi a todos nuestros amigos, varones sobre todo, de esa generación los mataron. A los chavalos que eran adolescentes los mataban… Era brutal, era cacería. Mi mamá en la casa puso una ventecita, se dedicó a echar tortillas y ahí llegaban los guerrilleros a comer; Valentín ya era correo infantil y mis hermanas mayores participaban en las huelgas.

¿Cómo la marcó la guerra?

Para 1978 yo tenía 10 años y era ver muertos por donde quiera. Había un francotirador y teníamos que llevar una banderita blanca para caminar por Estelí. A mí me trasladaron a la finca de mi abuelo. Desde entonces no vivo con mi familia. En julio del 79 bajamos de la finca.

¿Y el día del triunfo cómo fue?

Yo regresé a Managua. Recuerdo que andaban los guardias corriendo tratando de salir del país. Estuve en la plaza el mero día con mi papá y Valentín. Nos subimos arriba de la Catedral. Cuando miren ustedes esa escena de la Catedral de un cachimbo de gente allá arriba, yo estaba en la punta. Yo miraba gente alegre y decía “¡triunfaron los sandinistas!” Y todo mundo orgullosísimo… Pero yo estaba más emocionada por el lago de Managua.

La guerra de los ochenta ¿cómo la vivió?

Me integré en los batallones, fui dirigente estudiantil. Tuve ocho jornadas de cortes de café. Nosotros defendíamos la revolución. En la prepa nos enseñaban consignas: “Solo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie. Y nosotros los sandinistas moriremos como el Che”. Nos entrenaron… A los 15 años estuve en las milicias populares. Yo fui una de las primeras mujeres que fue a la primera brigada política ideológica del Frente en 1987, hacia las zonas de guerra en Acoyapa Sur. Ahí fue cuando yo vi que la guerra era absurda y estúpida para Nicaragua.

¿Cómo pasó de estar tan ligada al Frente Sandinista a ser crítica del partido?

En el 87 me impactó lo de la guerra. Se me murieron montones de amigos. Yo odio la guerra porque me quitó a mi familia porque no volvimos a ser la de antes, me quitó mis amigos.

¿La guerra fue el inicio de su posición crítica?

Sí, porque había una línea guerrerista dentro del Frente y nosotros cogimos la bandera de la democracia. Estando en Radio Universidad organicé un programa bien gustado, que era panorama universitario y pusimos en primer lugar Radio Universidad. Porque nuestro tema era el 6 por ciento y la radio era la voz de las universidades. El debate libre de las ideas comenzó en las universidades. Estaba estudiando Periodismo en la UCA en el 90 y creo que en la UCA empezó a cambiar mi visión partidaria. Mi carrera me ayudó a escuchar voces, a pensar y a tener criterio propio y además tenía la experiencia vivida. A mí no me iban a contar cuentos.

¿Usted se considera sandinista?

Yo soy sandinista, no militante, pero soy una sandinista ideológica. Soy sandinista de Sandino. Pero yo renuncié a seguir en ese sistema.


Plano personal

Azucena Castillo nació el 19 de abril de 1968 en Managua. Tiene 49 años. Estudió Matemáticas y Periodismo.

Tiene especializaciones en Género, Medioambiente, Periodismo de Investigación y Niñez.

Sus hobbies son ver películas, leer, viajar y principalmente escuchar música.

La vida es bella es su película favorita. Y su canción predilecta es Forever Young, de Rod Stewart.

Alguna vez quiso ser la mejor basquetbolista del país. Llegó a la selección nacional. Pero se cayó en uno de los cortes de café y se fracturó la pelvis. Por eso no pudo seguir jugando.


 

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