La epopeya del pueblo venezolano

A la comunidad internacional y en particular a los gobiernos democráticos de la OEA también les ha faltado firmeza para rechazar a la dictadura de Venezuela. Pero ahora, en la reunión de cancilleres que tendrá lugar el miércoles 31 de mayo, los gobiernos democráticos de la región deberían romper o suspender relaciones con Venezuela, mientras Maduro siga en el poder.

Róger Mendieta, FSLN

A Gandhi se le atribuye la expresión de que no basta tener derecho a la libertad, también hay que merecerla.

Esto es cierto, y si hay un pueblo que merece ser libre porque lo demuestra luchando heroicamente por su libertad, es el venezolano.
El pueblo de Venezuela está protagonizando  una epopeya. Las movilizaciones callejeras contra la dictadura chavista comenzaron el 31 de marzo y desde entonces no han cesado, mostrando una  impresionante voluntad de resistencia. En lo opuesto, el dictador Nicolás Maduro  muestra  una terquedad irracional y un inmenso desprecio al pueblo de su país.

Menos del 40 por ciento de los venezolanos apoya a la dictadura, según indican las encuestas. La mayoría de la gente de  Venezuela quiere  un cambio de Gobierno y el fin de un sistema que no solo ha desmantelado la democracia e impuesto una tiranía, sino que  también ha arruinado la economía nacional y causado una crisis  por  la que escasean hasta los alimentos básicos y las medicinas más comunes.

La intensidad y continuidad de la lucha callejera han logrado crear algunas grietas en la dictadura chavista. La fiscal general, Luisa Ramírez, rechazó el golpe de Estado de Nicolás Maduro contra la Asamblea Nacional integrada por una mayoría opositora que fue elegida por el voto popular. Después la fiscal también rechazó la convocatoria del régimen a una Asamblea Constituyente espuria y ha reclamado que se ponga fin a la matanza de ciudadanos opositores que ha dejado ya más de cincuenta muertos.

Otra fisura en el régimen chavista como consecuencia de la lucha popular, ha sido la de dos jueces del Tribunal Supremo de Justicia, que rechazaron la convocatoria a la Constituyente espuria y pidieron poner fin a la represión gubernamental. Una represión que es peor que la somocista en la Nicaragua de  1979, pues la de Venezuela es contra manifestantes pacíficos e inermes  y la de Somoza fue contra insurrecciones armadas en las que inclusive participaban  combatientes extranjeros.

Lamentablemente en las fuerzas armadas de Venezuela no ha habido —todavía—  una ruptura con el régimen de Nicolás Maduro, que podría poner fin al derramamiento de sangre. Las fuerzas armadas no han volteado las armas contra el régimen porque todas las expresiones de disidencia militar han sido reprimidas drásticamente y muchos mandos militares están involucrados en la corrupción y comprometidos con el crimen organizado.

A la comunidad internacional y en particular a los Gobiernos democráticos de la OEA también les ha faltado firmeza para rechazar a la dictadura de Venezuela. Pero ahora, en la reunión de cancilleres  que tendrá lugar el  miércoles 31 de mayo, los gobiernos democráticos de la región deberían romper o suspender  relaciones con Venezuela,  mientras Maduro siga en el poder.

Eso es lo menos que podrían hacer por el pueblo venezolano, el cual  no solo tiene derecho a la libertad sino que está demostrando heroicamente que la merece.