ENTREVISTA

Monseñor Silvio José Báez: “Los obispos tenemos diferencias, no desunión”

Monseñor Silvio José Báez habla para Revista Domingo sobre la Nica Act, las elecciones, la cúpula empresarial y la percepción de la supuesta desunión de obispos.

28/05/2017

Hace tres años, los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua se pronunciaron ante el presidente Daniel Ortega —entonces inconstitucional y ahora designado—, con un fuerte documento que llamaron “En busca de horizontes por una Nicaragua mejor”. Fue la primera y última reunión de la jerarquía católica con Ortega. Prácticamente hubo oídos sordos al clamor de los obispos.

El redactor principal de ese documento fue monseñor Silvio José Báez. “A mí me tocó la redacción final del documento. La aportación fue de todos los obispos. Ellos me dieron los insumos. Fue una experiencia de comunión total. Fue firmada por todos. Todos trabajamos en el documento. Tuvo un impacto enorme, que todavía lo sigue manteniendo”, dice Báez en esta entrevista que se produce en otra fecha importante para él: su octavo aniversario como obispo este 30 de mayo.

Báez, una de las voces más críticas de la Conferencia Episcopal, habla además de la Nica Act, las elecciones, sobre la cúpula empresarial y la percepción de la supuesta desunión que existe en la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

Los obispos de Nicaragua participaron recientemente en una jornada de oración por Venezuela. ¿Qué significa para usted eso?
Te lo resumiría en una frase: la Iglesia no tiene fronteras. Somos un pueblo de Dios. Católico. Este domingo pasado los obispos de la Conferencia Episcopal de Venezuela decretaron una jornada de oración y ayuno por la paz en su país. Eso fue lo que nos motivó a nosotros a unirnos a ellos. Por los lazos de cercanía que hay entre Venezuela y Nicaragua, por distintos motivos. Y quizá también porque lo que estamos viendo en Venezuela de alguna manera se vivió ya en Nicaragua de forma muy parecida en los años 80. Es verdad que no basta rezar, pero es verdad que no basta actuar o decir. Los creyentes creemos que en la acción de Dios que transforma la historia, siempre a través de nuestro compromiso. Esto, como dije, en Catedral, es un gesto de amor hacia Venezuela pero también es un testimonio de los obispos de Nicaragua hacia nuestros pueblo. Esto muestra que los obispos de Nicaragua estamos unidos, nos comunicamos y que en los momentos dramáticos somos capaces de sentir lo mismo y presidir sin mucho protocolo, una jornada que no se programó, sino que fue espontánea, de corazón pastoral.

¿Diría que los obispos de Nicaragua tienen una posición unánime con respecto a lo que acontece en Venezuela?
Por lo menos eso fue lo que demostramos con esta jornada de oración. A mí me consta porque me comuniqué personalmente con todos. Todos me manifestaron su deseo de orar por una salida justa y pacífica a esta crisis dramática de Venezuela.

¿Y cuál sería desde su punto de vista una salida justa a la situación de Venezuela?
En primer lugar, debe ser una salida pacífica en la medida de lo posible. Esta violencia que se ha desatado no se puede llevar al infinito. Indudablemente que el Gobierno tiene una enorme responsabilidad porque la violencia es represiva. Los obispos de Venezuela han insistido: un diálogo con las condiciones que la Santa Sede ha propuesto. En primer lugar que se abra un canal humanitario a Venezuela para que lleguen alimentos, medicina, ayuda de primera necesidad, a un pueblo que está padeciendo. En segundo lugar, liberación inmediata de todos los presos y detenidos políticos. En tercer lugar, reconocimiento de la Asamblea Nacional, que fue elegida democráticamente. Y en cuarto lugar, realización de elecciones nacionales al menor tiempo posible.

¿Cómo entra en esa propuesta la elección de una constituyente que impulsa el presidente Nicolás Maduro?
Los obispos de Venezuela la han rechazado con la frase “no necesitamos una nueva Constitución, lo que necesitamos es que la Constitución actual se cumpla”.

Se tiene una percepción que ahora la jerarquía católica está dividida y que esas posiciones como las que se tuvieron con Venezuela no se tienen con respecto a los problemas de Nicaragua.
En primer lugar, la situación de Venezuela no es exactamente la situación de Nicaragua. En Venezuela prácticamente se han agotado todas las vías de solución pacíficas y democráticas. En Nicaragua, a estas alturas, con todo lo complejo que es este país y lo difícil de la situación en la que estamos, todavía es posible encontrar salida. En la Conferencia Episcopal tenemos una visión de la realidad bastante unitaria. Sin embargo, cuando se trata de interpretarla, de enfocarla o de establecer estrategias de comunicación, de cómo presentarlas o hacer una exhortación práctica que pueda llevar a solucionarla o superarla, ahí es donde encontramos diferencias. Es indudable que hay diferencias en la Conferencia Episcopal. Esto no quiere decir que sea una Conferencia desunida. Una Conferencia dividida es una Conferencia enfrentada. Ahora, cuando existen estos tropiezos de falta de entendimiento, en el fondo no es mala voluntad, en el fondo es porque todos estamos buscando, de alguna manera, con mucha prudencia, no echarle más leña al fuego, no ser manipulados por un grupo o por otro. Yo respeto mucho la posición de mis hermanos obispos porque yo no viví lo que vivieron muchos de ellos. Experiencias dolorosas en los años 80.

Se habla de obispos que han sido seducidos por el Gobierno, y que ya estarían colaborando y que por eso es que no hemos visto ya en la Conferencia Episcopal pronunciamientos tan vigorosos como el que vimos hace tres años. ¿Ha dividido el Gobierno a la Iglesia?
No lo creo. A mí personalmente no se me ha acercado nadie. Sé que a sacerdotes en nuestra Arquidiócesis, de vez en cuando, pero nuestros sacerdotes saben manejar sus libertad profética y su labor pastoral. Ni ideologizada ni hipotecada.

¿Esa diferencia de opinión que existe explicaría la ausencia de cartas pastorales estos últimos años?
Una cosa que hay que aclarar es que no está establecido como una norma que la Conferencia Episcopal saque una carta al año o una carta en Cuaresma o una carta en determinada ocasión. La Conferencia Episcopal se pronuncia cuando lo cree conveniente. Habíamos acostumbrado al pueblo de Nicaragua a sacar hasta dos o tres comunicados al año, pero no quiere decir que esto tiene que ser siempre así. El año pasado cuando se produjo la destitución de los diputados en la asamblea legislativa, y luego cuando ya se acercaban las elecciones nacionales no faltaron dos comunicados de los obispos y decían cosas muy importantes. En el primer comunicado dijimos: Esto nos preocupa porque no está enrumbando hacia un sistema de partido único o hegemónico, con una ideología que se está imponiendo en modo autoritario y casi dictatorial y esto es nocivo para el país. En el segundo comunicado, cuando se acercaban las elecciones, dijimos algo que nunca habíamos dicho, que fue no invitar a votar. Primera vez que los obispos de Nicaragua no invitaban a la población a votar. Y dijimos que cada quien decida en su conciencia. No entre candidatos, sino entre votar o no votar. Nos dábamos cuenta de la farsa que se estaba organizando. No podíamos en aquel momento jugar con el pueblo y decirle vayan a votar.

De hecho se tomó como un llamado implícito a no participar.
Pero no podíamos tampoco dejar fuera a quienes por el motivo que fuera, convicción ideológica, por miedo, por lo que fuera, querían ir a votar. Yo personalmente no hice pública mi decisión antes de las elecciones para como obispo no condicionar la decisión de nadie. Pero la hice pública en las elecciones porque me lo preguntaron.

¿Y cuál fue su valoración de ese proceso electoral?
Una farsa total. Para mí fue una burla al pueblo de Nicaragua. Cuando me preguntaron si me abstuve de votar, dije: No, no me abstuve. Yo he votado, lo que no he hecho es ir a depositar un papel en una urna. Pero esto no es abstención. Lo quiero dejar claro: no me estoy absteniendo. Al no ir a depositar una boleta a una urna estoy votando. Estoy votando por no legitimar a un gobierno que para mí es ilegítimo, un gobierno que para mí no es democrático sino autoritario y un gobierno que está plagado de corrupción. Y tampoco lo hice porque mi compromiso con Nicaragua es de otra manera. Al no ir a depositar una papeleta a una urna yo me comprometo con mi palabra profética de obispo, con mi vida coherente, austera, pobre de pastor, con mi cercanía a la gente, de contribuir a una mejor Nicaragua, a una sociedad diferente.

 

“Creo que lo que más les estará preocupando a muchos es la segunda parte de la Nica Act2: la lista de corruptos”. Monseñor Silvio José Báez.

Monseñor Silvio José Báez. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Monseñor Silvio José Báez. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

¿Si votar para usted significaba legitimar una farsa y un gobierno que considera ilegítimo, otros obispos que votaron, como el cardenal Brenes, por ejemplo, estarían legitimando este gobierno y las elecciones?
Ahí cada uno tendría que dar las razones por las que tomó la decisión. Yo respeto su decisión.

¿Usted le da algún crédito a los datos oficiales que hablan de más de un 60 por ciento de gente que fue a votar? Digo porque extraoficialmente se habla de una abstención del 70 por ciento.
Yo no tengo medios para poder afirmar una cosa u otra. Yo pude ver la gran abstención porque recorrí un poco la ciudad, los centros de votación. Por la gente con que he hablado deduzco que fueron muchísimos los nicaragüenses que no fueron a votar.

¿Cómo está la relación de la Iglesia católica con el Gobierno?
A nivel de Conferencia Episcopal es una relación distante, de respeto recíproco y nada más. Que cada obispo pueda tener relación con su Diócesis, eso yo no lo sé, pero como Conferencia Episcopal es distante y respetuosa.

¿No ha habido otro acercamiento desde aquel de hace tres años?
Absolutamente.

¿Hubo algo que el Gobierno cumpliera de las solicitudes que ustedes le hicieron hace tres años?
Nicaragua es un país que lamentablemente vive de parches. Aquí los problemas de fondo no se tratan. Y los pobres siguen sufriendo. Da la impresión que cuando los obispos hablamos de institucionalidad estamos queriendo tomar el poder, sustituir al Estado. Lo que nos duele es la gente. ¿Esta situación qué ha provocado? Que la gran mayoría de los nicaragüenses pobres siga siendo pobre. Los grandes problemas de fondo de ese documento, que tenía como objetivo el bienestar de la población nicaragüense, y sobre todo de los más pobres, en realidad no se ha dado.

¿Cómo ve usted la relación que mantiene la cúpula empresarial con el Gobierno? Ellos han abierto un canal para conversar con el Gobierno.
Yo en primer lugar no me permito juzgar la presencia personal de estos nicaragüenses que colaboran con sus empresas en el desarrollo del país y que tienen tanta cercanía con el Gobierno. Me parece que estando tan cerca deberían abrir las posibilidades de un diálogo no solamente con un sector. Ya que tienen tanta cercanía con quien tiene casi todos los poderes en la mano deberían presionar para que se abra un poco más el diálogo con otros sectores del país, porque la exclusión social te produce pobreza. Hay una gran exclusión de grupos sociales y políticos. Mientras haya esta exclusión creo que la cercanía del sector empresarial con el Gobierno no ofrece una solución durable. La imagen que me da es que se está viendo con mucha miopía. Se está aprovechando el presente hipotecando el futuro. Hay que tener una visión a largo plazo. ¿Qué va a ser de Nicaragua dentro de unos años?

¿Por qué la Iglesia no ha logrado lo que logró el Cosep: abrir un canal de comunicación directo con el Gobierno?
Son dos instituciones distintas. La Iglesia católica no está para hacer negocios con el Gobierno, no tiene pretensiones de acumular riquezas. Aún en su historia de luces y sombras, esta no es la función de la Iglesia. La función de la Iglesia es ética. Es profética. Es una comunidad de fe que tiene como misión continuar el proyecto de Jesús, y denunciar todo lo que se oponga a él. Entre más libre sea, la Iglesia tendrá más capacidad de ofrecer lo único que puede ofrecer, que es la competencia que le viene de los valores del evangelio. La misión de la empresa privada es hacer crecer económicamente al país. Que eso conlleva a crecer económicamente ellos también. Es un sector que está dedicado a hacer negocios, lo cual está muy bien si es un sector empresarial solidario, preocupado por el desarrollo de las clases más desamparadas del país, una economía con rostro humano es también un valor para el país. El problema de Nicaragua es que este diálogo con el sector empresarial se ha encontrado con alguien que no solo posee el poder sino que posee gran parte del poder empresarial del país. Entonces, como dijo un obispo en una reunión, la imagen que tenemos es la de dos grupos empresariales que están poniéndose de acuerdo. Para mí eso es lo grave. Porque si el gobierno actual estuviese libre de la búsqueda de ganancias económicas, si no tuviera empresas, si no tuviera en sus manos la decisión de tantas inversiones financieras en todos los campos, si no fuera un poder económico también, no sería tan grave. El problema aquí es que son dos poderes económicos juntos, y uno de ellos además con el poder político de decidir en modo arbitrario y absoluto, verticalista, desde arriba hasta el último sector de la sociedad y en todas las áreas, porque ahora deciden hasta en lo judicial.

Esta semana entró a discusión en Estados Unidos una ley llamada Nica Act, que es una ley que sanciona ciertos comportamientos del Estado nicaragüense. ¿Cuál es su opinión sobre ella?
Nunca he estado de acuerdo con ningún tipo de injerencismo extranjero en la historia de Nicaragua. Me duele que sea un país extranjero quien venga a recordarnos los problemas que tenemos aquí porque, en el fondo, lo que la Nica Act pone como condiciones para detener las ayudas económicas, los préstamos internacionales, son problemas reales que tenemos en Nicaragua. Aunque no hubiera Nica Act aquí hay un reto muy grande: Nicaragua tiene que ser democratizada. Creo que lo que más les estará preocupando a muchos es la segunda parte de la Nica Act2: la lista de corruptos. Aquí se le ha robado dinero al pueblo. Aquí no ha habido transparencia en la gestión de ayuda internacional que Nicaragua ha recibido. Aquí no se rinde cuenta en modo transparente de los bienes del Estado. Aquí ha habido gente que se ha enriquecido a costa del pueblo.

Monseñor Silvio José Báez. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Monseñor Silvio José Báez. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

¿Cree que las cosas podrán mejorar con la gestión que se está haciendo con la OEA?
Desearía creer más intensamente. Creo que es positivo que un organismo internacional se haga presente en este momento en Nicaragua. Me preocupa la falta de transparencia, el secretismo con que se está llevando todo. Y me preocupa sobre todo que no se abordan los problemas cruciales. Para mí el problema no es electoral. Aquí el problema es de sistema de gobierno. Aquí el problema es de irrespeto a la Constitución.

¿Ve al Gobierno actuando de buena fe en esta negociación con la OEA?
Mientras no vea al Gobierno afrontar los problemas que se han planteado desde eso que llaman oposición, desde la acera de enfrente, mientras yo no vea que se afrontan estos problemas seriamente no termino de creerle su discurso. Me parece que evade la realidad. Que vive en una burbuja, en donde nada les toca. Los obispos le pedimos al presidente de la República ¡dé conferencias de prensa! Enfréntese a los medios, deje que le pregunten. Yo mismo le dije: dé elecciones libres y muestre su popularidad. Eso le va a hacer bien a Nicaragua. Su silencio permanente a estas exigencias siempre deja mis dudas frente al discurso oficialista.

Vamos a otras elecciones. Esta vez municipales, en noviembre próximo. ¿Ve otra farsa?
A estas alturas no me atrevería a hacer un juicio, pero no quisiera que volviera lo mismo. Sin embargo, no veo signo que aliente para que sea diferente. Estamos ante un gobierno que piensa que ceder es mostrarse débil. Un gobierno que piensa que conceder espacios políticos es empezar a perder poder. Es la concepción de la política trasnochada y dañina. Me alegro que haya partidos que tengan personería jurídica. ¿Por qué no lo pueden tener todos los demás, si ser partido político es un derecho de los ciudadanos? Me alegro por los que ya lo tienen, pero lamento que no lo tengan otros partidos. Y que no lo tenga todo aquel que lo quiera tener en Nicaragua.

¿Vislumbra para Nicaragua un panorama como el que vive Venezuela actualmente?
Mucha gente lo dice. Yo me resisto a creerlo. No lo creo ni lo quiero. El problema en Nicaragua no es solamente político. Es ético. Aquí se han descuidado valores fundamentales. Es un problema ético pero al final también es un problema espiritual. Aquí parece que con crecer económicamente está hecho todo. Se está descuidando a la persona humana.


Ocho años de obispo

El 18 de marzo del 2009 estaba el sacerdote Silvio José Báez en su oficina de profesor y vicedecano de la Pontificia Facultad Teológica Teresianum, en Roma, cuando recibió una llamada del cardenal prefecto de la Congregación para los Obispos. Le pedía que se presentara a la Santa Sede, que le urgía hablar con él.

“Me hicieron obispo”, pensó. “¿Para qué otra razón va a querer hablar conmigo el prefecto de la Congregación para los Obispos?”, y el nombramiento, que se concretó el 30 de mayo de ese año, lo inundó de un sentimiento encontrado de dolor y alegría. Dolor, porque significaba dejar a su familia religiosa, los Carmelitas Descalzos, con quienes llevaba 30 años conviviendo, y alegría porque significaba regresar a su patria, Nicaragua, la que había dejado durante esos 30 años.

Así llegó monseñor Báez a ser el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, cargo en el cual lleva ocho años ya.

Dice que tiene la elaboración del documento que presentaron ante Ortega hace tres años como “un momento de mi vida pastoral que recuerdo con grandísimo gozo”.

Otro momento sería la misa que realizó con los jóvenes OcupaINSS en junio de 2013. “Fue una de las eucaristías más emotivas que he celebrado como obispo. La Catedral estaba llena totalmente. Los muchachos sentados en el suelo con la Bandera de Nicaragua y con velitas encendidas, el contexto de sufrimiento, de agresión brutal que se había dado le daba a esa eucaristía un sentido de acogida de la Iglesia al llamado de curación de los corazones, de búsqueda de reconciliación. Y fue una celebración que quedó fuertemente marcada en mi corazón”.

Dice que no sabe cómo fue que su nombre llegó a la Santa Sede, ni por qué motivos lo escogieron a él para este cargo.


Monseñor Silvio José Báez. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Monseñor Silvio José Báez. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Plano personal

Monseñor Silvio José Báez tiene 59 años de edad.

A los 19 años dejó a su novia y la carrera de Ingeniería Eléctrica que estudiaba para meterse al Seminario con vistas a ser padre carmelita.

Su padre abandonó el hogar cuando él tenía 15 años. Justo en el terremoto. “Desapareció de la casa y mi mamá cargó con la educación nuestra”, refiere.

Cuando entró al Seminario dice que su aspiración era “ser un curita de pueblo”.

Perteneció antes al Movimiento de Renovación Carismática que se caracteriza por los aplausos y
gritos en sus celebraciones. “Yo no me avergüenzo de decir que ahí conocí a Cristo”, dice.

Cuando rompió con su novia, ella le dijo: “Tú te vas por una motivación religiosa, y yo con qué me quedo”.

Toda su familia se opuso a su ingreso al Seminario. “Mi mamá se opuso casi violentamente. Casi toda mi familia, a excepción de mis hermanos. Y con la oposición de todos fui adelante”.

Sobre el sexo, dice: “Es posible vivir célibe y encauzar la sexualidad a través del amor, de tal manera que abarque más allá de lo que es la relación matrimonial con la intimidad sexual y la paternidad biológica en una familia”.

Dice que no tiene propiedades, no tiene cuentas en el banco, no tiene salario y vive de las ayudas que le dan los fieles y de las conferencias que de vez en cuando da en el exterior.

Vive en un modesto apartamento del Seminario y cocina sus propios alimentos.

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