La diversificación de fincas cambia vidas en Río San Juan

Hace más de diez años Daniel Venavides se desempeñaba como profesor en una comunidad de San Carlos, en Río San Juan. La comunidad, a unos 290 kilómetros de Managua, es una zona donde el desarrollo en la infraestructura solo se observa en la carretera principal que conduce hacia esa localidad.

Cacao, Río San Juan

En el marco del proyecto Las Hijas del Cacao, en la comunidad El Castillo, del municipio del mismo nombre, en la actualidad se elaboran seis variedades de chocolate. LAPRENSA /Lissa Villagra

Hace más de diez años Daniel Venavides se desempeñaba como profesor en una comunidad de San Carlos, en Río San Juan. La comunidad, a unos 290 kilómetros de Managua, es una zona donde el desarrollo en la infraestructura solo se observa en la carretera principal que conduce hacia esa localidad, porque para acceder ahí solo es a través de trochas o caminos que solo los lugareños conocen, pero eso no ha sido una limitante para que su pobladores se aventuren a buscar mejores condiciones de vida

Como maestro, Venavides devengaba 6,600 córdobas mensuales, con lo que no podía cubrir los gastos de su familia, conformada por su esposa y tres hijos. Por eso decidió dedicarse de lleno a la siembra de frijoles y maíz. Pero en la búsqueda de generar más ingresos para su hogar y maximizar la producción de su finca El Socorro, en la comunidad La Venada, hace cinco años optó por incluir plantaciones de cacao. Eso en la actualidad le genera hasta 1,500 dólares de ingresos anuales, sin incluir la ganancia que le deja la venta de leche y frutas.

 

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Con ese ingreso, este padre de familia ha asegurado que sus tres hijos vayan a la escuela sin importar las dificultades de acceso en infraestructura que hay en la zona. Los vástagos caminaban por más de una hora a diario entre potreros y quebradas para llegar a la carretera principal, donde abordaban un bus, en un viaje de 15 minutos, para llegar al centro de estudio.

Y ese esfuerzo está comenzando a echar frutos. Su hija mayor —tiene 26 años— ya es enfermera; el segundo, de 24 años, estudia el cuarto año de Ingeniería Agrónoma; y la tercera, de 17 años, culminará este año el quinto año de secundaria.

“Aquí nosotros en la finca buscamos qué hacer para aprovechar todo, desde la leche, las frutas y ahora el cacao que nos ha venido a ayudar. Hasta yo trabajo cortando y secando cacao”, dice Maura Castillo, esposa de Venavides.

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Esa familia habita en condiciones modestas. Ahí no hay energía eléctrica, pero tienen paneles solares. En la actualidad su finca es demostrativa, donde los productores aprenden a desarrollar nuevas técnicas en el manejo de cacao. Pero esos beneficios no solo quedan en los dueños de parcelas, los pobladores a sus alrededores han encontrado una fuente de trabajo.

Anielka Castellón es parte de esa cadena de trabajo que ha generado ese cultivo, el que no solo está dando oportunidades de mejoras económicas, sino en conocimientos básicos sobre el manejo de la producción de este grano. Llega tres veces por semana a un vivero de cacao en la comunidad El Pavón 1, en San Carlos. En un día injerta hasta 200 plantas, lo que le deja un pago de mil córdobas quincenales.

“Antes solo hacía las cosas de la casa, pero ahora con esto del cacao he aprendido a injertar y apoyo con los gastos del hogar”, señala Castellón.

Para el presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), Michael Healy, la diversificación en la producción a pequeña escala ha sido clave para esas familias, porque les está ayudando a sortear los daños del cambio climático en sus siembras.

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Según el Informe Estado Actual sobre la Producción y el Comercio del Cacao en América, elaborado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco 2016, la mayor producción de cacao está en manos de pequeños agricultores que se convierten en sistemas territoriales que aportan a la economía local, como “generar empleos e ingresos, promover la ocupación de los territorios, aportar estabilidad, paz y buena gobernanza en el campo, crear espacios depositarios de diversidad biológica y contribuir con la disminución de las brechas sociales”.

Propuestas con valor

En el marco del proyecto Las Hijas del Cacao, tres mujeres de la Cooperativa Multisectorial de Desarrollo Productivo de San Juan reciben capacitación técnica del programa Progresa-Caribe, ejecutado por el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) con fondos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) y el apoyo de la Lutheran World Relief. Ellas han desarrollado habilidades para darle valor agregado al cacao, que por años solo lo vendían en grano.

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Dolores Talavera y Lilliam Ríos, quienes trabajan en la chocolatería, indican que más que un trabajo, el elaborar chocolate lo ven como una oportunidad de poner a prueba su capacidad de desarrollarse en lo que saben, pues en la zona de El Castillo el acceso a una plaza de empleo es bastante limitada y el darle valor agregado al cacao les permite llevar un aporte mensual a sus hogares. Hace algunos años ellas solo se dedicaban a las labores del hogar.

“Trabajar hace a la mujer más independiente económicamente, además que ayudamos al hogar y estamos en constantes capacitaciones para aprender nuevas cosas que nos sirven para el futuro”, señaló Ana Gatica, chocolatera de El Castillo, otra de las beneficiarias del proyecto.

 

Hay ventajas

“Las características manufactureras (micro, pequeñas y medianas empresas) de la región le dan una ventaja en lo que se refiere a la diferenciación que buscan los mercados: lo orgánico, lo tradicional, el sabor peculiar y lo artesanal.

Todos estos pueden ser factores que permitan un mejor posicionamiento de los productos fabricados en América Latina y el Caribe”, detalla el informe Estado Actual sobre la Producción y el Comercio del Cacao en América, elaborado por el IICA y el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco.

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Ese mismo informe dice que la tendencia de este mercado va en ascenso y que Nicaragua es uno de los 19 países del mundo que producen cacao orgánico y certificado, lo cual da ventajas para vender la producción.

Van por más productos

En el marco del proyecto Las Hijas del Cacao, en la comunidad El Castillo, del municipio del mismo nombre, en la actualidad se elaboran seis variedades de chocolate, pero están en proceso de incluir a mediano plazo vino, vinagre, jabón de cacao y champú a base de baba de cacao.

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