Amor de madre vence la discapacidad

Gabriela Molina sufrió un accidente en el que perdió un brazo. En ese momento pensó que no volvería a sonreír, pero años después encontró un motivo: el nacimiento de su hijo.

Gabriela Molina, Día de las Madres,

Gabriela Molina y su hijo Ethan, de cinco meses. LA PRENSA/CORTESÍA

Su sonrisa le fue arrebatada en el 2007 después de sufrir un accidente automovilístico, cuando regresaba de trabajar en una hípica como modelo. Ahí perdió su brazo. Después de terapias, charlas con el psicólogo y el apoyo de su familia Gabriela Molina volvió a reír, pero no como antes.

Aprendió a hacer todo con un solo brazo. “Es una etapa que nunca la voy a olvidar, pero ya la superé”, dijo. “Dios me dejó con un propósito y me ha dado experiencias bonitas. Soy un ejemplo para muchas personas que están completas y se dejan agobiar por tonterías, en muchos casos”.

Han pasado 10 años del accidente y el 27 de diciembre de 2016 volvió a sonreír como nunca pensó hacerlo, incluso con más ganas que las que tenía antes del accidente. Ese día nació su hijo. Ese día conoció el amor verdadero. Ese es el día de Ethan Dubon Molina, su bebé.

Gabriela Molina, Día de las Madres
Gabriela Molina junto a su hijo.

“Cuando nació mi hijo no solo cambió mi vida, también lo hizo una parte de mí. Adquirí habilidades que nunca había tenido y mis prioridades y mi visión del mundo se  transformaron”, expresa Gabriela, quien es licenciada en Periodismo.

“Siempre me dije ‘el día que me convierta en madre se terminan las parrandas’, y el gran día llegó sin ser planeado. Fue un cambio rotundo en mi vida”, agrega.

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Durante los nueve meses de embarazo tuvo dudas, tuvo miedos. Miles de preguntas venían a su mente. “¿Cómo haré con un brazo?, no podré cargarlo, no podré vestirlo, bañarlo, darle pecho”, se repetía.

El  pequeño Ethan nació. “Me convertí en madre, sin duda alguna es el sentimiento más puro y más dulce que una mujer puede experimentar… al sentirlo en mi brazo mis miedos fueron desapareciendo, fue una conexión única, y aquel dolor que sentí al perder mi brazo desapareció por completo. Es el hombrecito que vino a cambiar mi vida fortaleciendo mis capacidades. Con un brazo hago maravillas y espero que él me siga enseñando cada día a ser mejor ser humano y una madre a todo terreno”, expresa.

Felicidad total

“¿Soy feliz?, sí, porque tengo un gran esposo quien me apoya incondicionalmente, quien desde el primer mes de embarazo consiente mis locuras y me brinda su amor al cien”, añade esta amante al baile.

También es feliz porque es madre. “Porque la maternidad me ha mostrado un nuevo mundo, donde aprendo cada día. Mi hijo me ha mejorado como persona y como mujer, me ha ayudado a crecer”.

El hecho de tener menos tiempo para hacer las cosas que le gustaban no le importa. Ahora se baña rápido, tiene menos tiempo para dormir, no tiene hora de almuerzo, sale poco, pero es feliz.

“No cambiaría esta experiencia por nada del mundo, a mi vida sin un brazo se ha sumado mi pequeño Ethan, quien será mi mayor orgullo y ese brazo derecho, que no tengo, el resto de mi vida”.

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