Estas son las tormentas que pondrán a prueba a Nicaragua

La vulnerabilidad de la población ante los desastres naturales también debe incluir la infraestructura de sus viviendas, ya que muchas no cuentan con las condiciones para soportar la fuerza del fenómeno.

Nicaragua, huracán Otto

Vivienda afectada en el municipio de Cárdenas, departamento de Rivas, tras el paso del huracán Otto por Nicaragua. LA PRENSA/ARCHIVO

En el mes de noviembre pasado, el huracán Otto sorprendió a los nicaragüenses con vientos sostenidos de hasta 175 kilómetros por hora. En este año, se esperan entre 11 a 17 tormentas tropicales, de las cuales cinco o nueve podrían ser huracanes, que una vez más, pondrían a Nicaragua a prueba en materia de gestión de riesgo ante desastres naturales.

De acuerdo con la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA-por sus siglas en inglés), en una estación se producen, en promedio, 12 tormentas, de las cuales seis se convierten en huracanes, y de estos, tres podrían ser de categoría tres, cuatro o cinco; es decir, con vientos de 111 kilómetros por hora a más.

En general, la NOAA dijo que hay un 45 por ciento de probabilidad de una temporada por encima de lo normal. En este sentido, Lissette Ruiz Morales, coordinadora del área de gestión de riesgo del Centro Humboldt, consideró que hablar de preparación ante desastres no es solo pensar con qué medios se dispone para responder a una situación de ese tipo, sino que debe ser una acción integral, con diversos actores participantes.

Para Ruiz, al momento de enfrentar un desastre se debería tener certeza que el sistema de vigilancia este siempre activo, pero también que las comunidades que puedan estar más expuestas ante el fenómeno se conozca cómo están preparadas.

Eso implica cómo están organizadas en las estructuras, cómo se coordinan con las instancias inmediatas, y de qué forman activan sus propios comités.

Según Ruiz, Nicaragua ha tenido avances significativos en el campo de gestión de riesgo, pero no es suficiente. También se toman en cuenta las condiciones de vulnerabilidad en la que vive la población, ya que por condiciones de pobreza, muchas familias no construyen viviendas que puedan tener mayor capacidad de resistencia ante un evento de ese tipo, un huracán.

Para la especialista en gestión de riesgo de Centro Humboldt, para hacerle frente a cualquier tipo de desastre, el Gobierno debe tener la capacidad de dar abasto en la prevención, antes que ocurra el hecho. En ese orden, no sabemos cuál es el nivel de preparación de las comunidades, no sabemos cuántas personas hay y si las brigadas dan respuesta, “porque la cuestión no es saber solo hacia dónde correr es también que si existen personas heridas, golpeadas; la gente tiene que saber cómo darles los primeros auxilios”, expresó.

Para el agrometeorólogo del Centro Humboldt, Agustín Moreira, es necesario mantener actualizados los planes de prevención y mitigación, ya que la tendencia indica que dos huracanes podrían afectar a Centroamérica.

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Los desastres y su huella

El rastro de Otto es todavía perceptible en el pueblo de San Juan de Nicaragua, lugar donde golpeó con gran fuerza. Su gente dice que las autoridades actuaron a tiempo y por ello, ninguna persona de las comunidades asentadas a lo largo del río Indio y del río San Juan pereció ante el fenómeno.

No obstante, la queja fue después del evento, ya que la ayuda no fue para todos, dijeron algunos pobladores.
De acuerdo con un estudio de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal) sobre los efectos de los desastres naturales en América Latina, en Nicaragua se contabilizaron siete de orden climatológico y tres geofísicos durante el l período de 1972 al 2010.

 

8, 762
millones de dólares fue la perdida estimada por la Cepal para Nicaragua debido a los desastres naturales ocurridos entre 1972 al 2010. Fueron siete climatológicos y tres geofísicos.