Valorando el papel del sector privado

No es justo culpar al sector privado por el actual estado de cosas. Todos los ciudadanos deben de dejar a un lado la predominante apatía política y asumir cada quien su responsabilidad ciudadana en la construcción de la república.

OEA, Nicaragua, elecciones municipales, partidos políticos

Mi padre fue un gran empresario, lo digo con orgullo porque lo conocí muy de cerca en esta faceta poco divulgada de su vida trabajando a su lado, fue también un gran periodista y un gran político. Con una gran visión patriótica supo conjugar en su vida esas tres facetas, que por lo general son autoexcluyentes.

Su último editorial publicado el 6 de enero de 1978 Palabrería y burguesía, cuatro días antes de su asesinato, fue casualmente una defensa cerrada del empresariado nicaragüense de quienes entonces atacaban a la “burguesía” desde posiciones “proletarizantes” acusándolo de tener una actitud “sospechosa” por querer participar en el propuesto diálogo nacional.

Pero valoremos el papel que ha jugado el sector privado organizado en el Cosep en los últimos años en Nicaragua, primero definiendo cuál es el rol elemental del empresario y nadie lo hizo mejor que el carismático líder del sector privado en los años ochenta, Jorge Salazar Argüello.

En aquella época en junio de 1980 cuando el sector privado era confiscado y perseguido por el gobierno sandinista, el entonces miembro de la Dirección Nacional del FSLN por la facción proletaria, Jaime Wheelock Román, increpó a los empresarios, conminándolos a irse a Miami, o irse a la montaña.

Dos semanas después, en una reunión de cafetaleros en Matagalpa, Salazar respondió con una frase lapidaria: “Ni nos vamos a Miami, ni nos sometemos. Y si nos vamos a la montaña, es a producir divisas para este país”.

El papel más elemental del empresario es producir: ser eficiente y producir utilidades generando empleo y bienestar con responsabilidad social.  Yo creo que a diferencia de la década de los ochenta, cuando se avasalló y confiscó al sector privado no dejándolo producir y la economía colapsó, ahora el sector privado es garante de la estabilidad y seguridad que todos disfrutamos en Nicaragua y ha jugado su rol con inteligencia, a como lo jugó con Somoza al final de la dictadura, cuando los sectores de izquierda acusaban al sector privado de ser aliado de la dictadura y del “imperialismo yanqui”.

Para la buena marcha del país es mejor un sector privado que tenga incidencia en las políticas públicas en materia económica por medio del diálogo, que uno que se mantenga haciendo comunicados incendiarios y enjuiciando continuamente al Gobierno.

En todo caso, la tarea de investigar y denunciar la corrupción es algo que le compete al periodismo independiente y a los partidos políticos, sobre todo cuando  las instituciones encargadas: Contraloría, Fiscalía, Asamblea Nacional —como ocurre en Nicaragua— no lo hacen, pero este no es un rol que corresponde al sector privado.

No se le puede exigir al Cosep, una organización gremial, que actúe como partido político porque no es una organización homogénea políticamente hablando. Los fines de un partido político, que sí es homogéneo, son otros: llegar al poder para desde allí cambiar las cosas de acuerdo con su programa ideológico.

No obstante, el sector privado organizado en el Cosep sí se ha pronunciado —a como también lo ha hecho la Iglesia católica— sobre los temas torales, como las elecciones libres y transparentes, la separación de los poderes del Estado, el respeto a los derechos humanos, libertad de expresión y otros contemplados en el decálogo del Cosep.

Los empresarios que fueron confiscados en los años ochenta y se fueron a Miami, regresaron en los noventa y están en la montaña produciendo divisas para este país, generando riqueza, empleo, y cumpliendo de paso, con su función social más elemental, como lo señaló Jorge Salazar.

En este sentido, tal como lo evidencian las encuestas de opinión, el sector privado está haciendo un buen papel en Nicaragua, cuya economía es la segunda más dinámica de Centroamérica, solo después de Panamá y registra una de las mayores tasas de crecimiento sostenido de América.

Claro que ese diálogo permanente entre el sector privado y el Gobierno, que ha sido satanizado por algunos sectores de izquierda, debe ser más incluyente para la buena marcha del país. Pero esto no depende del sector privado, sino del Gobierno.

No es justo culpar al sector privado por el actual estado de cosas. Todos los ciudadanos deben de dejar a un lado la predominante apatía política y asumir cada quien su responsabilidad ciudadana en la construcción de la república.

El autor es periodista, ex ministro y ex diputado