El Cortezal después del asesinato de Vilma Trujillo

El Cortezal, en Rosita, fue el escenario donde un grupo de evangélicos quemó viva a Vilma Trujillo. Tres meses después, en el lugar el crimen no se olvida

Vilma Trujillo, mujer quemada en hoguera

La iglesia Visión Celestial en la comunidad de El Cortezal, municipio de Rosita. Está cerrada tras la muerte de Vilma Trujillo García, quien fue quemada por líderes de la iglesia quienes trataban de sacarle un demonio que supuestamente tenía poseída a la mujer. LA PRENSA/ ROBERTO FONSECA

El Cortezal es una comunidad en la zona montañosa de Rosita, en el Triángulo Minero, con una enorme extensión de tierra para la cantidad de personas que habitan ahí. Un informe de un organismo gubernamental dice que solamente hay 15 viviendas en las que habitan unas noventa personas. Para ir de una casa a la otra por lo menos hay que caminar unos veinte minutos o media hora, al paso de los lugareños, acostumbrados a vivir en la montaña. Al paso de una persona de ciudad la gira puede convertirse en un cansado y adolorido viaje de más de una hora, subiendo cuestas o bajándolas. A veces apartando el monte que está a cada lado de los improvisados caminos o transitando sobre piedras o hundiendo las botas de hule en lodazales, arriesgando a sacar solo el pie y que el calzado se quede incrustado en el lodo en cualquier pisada.

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Antes del 21 de febrero de este año 2017, muy pocos nicaragüenses conocían de la existencia de este remoto lugar. Pero en esa fecha El Cortezal fue el escenario de un macabro hecho que fue noticia a nivel internacional: en una iglesia evangélica que está en la parte más alta de la comunidad un grupo de religiosos quemó viva a una mujer, Vilma Trujillo García, en un ritual de ayuno y oración realizado para expulsar a un demonio que supuestamente tenía poseída a la mujer. Aproximadamente a las 5:00 de la mañana de ese día, mientras oraban, la tenían a la par de una hoguera y la idea era que la mujer vomitaría al demonio en el fuego. En vez de eso lo que ocurrió es que la víctima terminó con el ochenta por ciento del cuerpo quemado, con quemaduras de segundo y tercer grado. El cuerpo estuvo expuesto a una temperatura cercana a los 400 grados, dijo un forense. Murió siete días después, en la madrugada del 28 de febrero, en el hospital capitalino Antonio Lenín Fonseca.

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Tres meses después del suceso, están condenados a treinta años de prisión por el delito de asesinato tanto el pastor de la iglesia Visión Celestial, Juan Gregorio Rocha Romero, como sus hermanos Pedro José y Tomasa; el marido de esta última, Franklin Jarquín Hernández y otra mujer de nombre Esneyda del Socorro Orozco Téllez, todos miembros de la iglesia y parte del grupo que estuvo orando alrededor de Trujillo García. A excepción de Orozco Téllez, los otros cuatro también deberán pagar otros seis años de cárcel por el delito de secuestro simple.

mujer quemada
Los condenados por la muerte de Vilma Trujillo. De izquierda a derecha: Tomasa Rocha Romero, Esneyda Orozco Téllez, el pastor Juan Rocha, Franklin Jarquín y Pedro José Rocha Romero. LA PRENSA/ ARCHIVO.

La sentencia, que no es apelable por haber sido dictada por un jurado de conciencia y no por un juez, dice que los condenados deberán ser liberados hasta el 28 de febrero del año 2047. Los tres varones están presos en la cárcel La Modelo de Tipitapa y las dos mujeres en la cárcel La Esperanza. Todos fueron capturados el 28 de febrero pasado, cerca de las 5:00 de la tarde, hasta que las autoridades policiales se enteraron de que Trujillo García había muerto.

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El destino final de Trujillo García fue una pequeña tumba en el cementerio de la comunidad de donde ella era originaria: San Miguel de Casa de Alto, que está entre La Cruz de Río Grande y Bocana de Paiwas.

Junto a este pequeño árbol estuvo amarrada Vilma Trujillo García antes de ser quemada. Al fondo se ve la iglesia Visión Celestial, en El Cortezal. LA PRENSA/ EDUARDO CRUZ.

 

Vidas alteradas

Entre el casco urbano de Rosita y la comunidad de El Cortezal hay más de media hora de viaje en automotor, más tres horas en bestia. Entre seis y ocho horas si se viaja a pie. En ese trayecto no hay nadie que no hable de la muerte de Vilma Trujillo sin alterar sus emociones. Algunos criticando la forma bárbara con que fue quemada la mujer. Y otros lamentando la suerte de los condenados, quienes tienen hijos aún muy pequeños.

La iglesia donde ocurrió el hecho está cerrada. Hace tres años, Marvin Cruz García donó el terreno para la construcción de la iglesia. Hoy no sabe qué va a pasar con la misma. Explica que los miembros se desanimaron porque el pastor está preso y ya no están llegando. Él y otro miembro de la iglesia, Jarvin Pérez, acusan a los católicos de la zona de haberse aprovechado de la situación para afectar a la iglesia evangélica. Según ellos, después que Vilma Trujillo fue quemada, los familiares de la víctima estuvieron a punto de llegar a un arreglo con el pastor, pero los católicos animaron a un primo de Trujillo para que no aceptara la mediación y en cambio presentara una denuncia formal.

Una tía de Vilma Trujillo, Ángela García Blandón, explicó que ella es muy católica y cuando vio a su sobrina quemada le dijo a sus demás familiares que lo que le habían hecho a su sobrina “no era de Dios, sino del demonio”.

El caso ha acentuado las diferencias que ya existían entre los evangélicos y los católicos del lugar.

Damaris Cruz Dormus sostiene una guitarra que era utilizada en los cultos en la iglesia evangélica Visión Celestial, cerrada desde la muerte por quemaduras de Vilma Trujillo. LA PRENSA/ ROBERTO FONSECA.

Las otras víctimas

Quienes más están sufriendo las consecuencias del caso son los niños. Lejos de El Cortezal viven los dos hijos de Vilma Trujillo. El primero, un varón que tiene 5 años de edad y que fue procreado con un primer compañero de vida de la mujer, y la segunda, una niña de 2 años de edad que le tuvo al compañero con el que convivía cuando fue quemada en la iglesia, Reynaldo Peralta.

El niño mayor vive con el abuelo materno, Catalino García, y comprende más o menos lo que le ocurrió a su mamá. La niña vive con su papá, pero aún no habla bien. Peralta dice que él le explica que la mamá ya no existe, pero la pequeña aún la llama y llora por ella.

Algo similar ocurre con un niño que también tiene dos años, que es el más pequeño de los cuatro hijos de Esneyda Orozco Téllez, una de las condenadas por la muerte de Vilma Trujillo. Todas las noches la niña llora y llama a su mamá. El niño vive con su abuela materna en San Pedro de Kukalaya, una comunidad vecina a El Cortezal, junto a sus hermanos, una niña de 7 años y otro varón de 9. Pero hay otro hermanito de ellos que aún no ha nacido. Orozco Téllez está en la cárcel de mujeres La Esperanza con un embarazo de cuatro meses de gestación.

Los padres del pastor Juan Rocha, Gregorio Rocha y Rosa Aura Romero, junto a un hermano del religioso, Arnulfo y dos de los cuatro hijos de Tomasa Rocha Romero, también hermana del pastor y condenada por el asesinato de Vilma Trujillo García. LA PRENSA/ ROBERTO FONSECA.

Darío Dávila García, tío de Orozco Téllez, la visitó recientemente en Managua y vio de cerca el sufrimiento de la mujer, quien nunca antes se había separado de sus hijos. Para rematar, explicó Dávila García, el marido Samuel Vivas anda supuestamente huyendo porque a él también lo querían investigar.

A unas 15 minutos de la iglesia donde ocurrió la tragedia viven los padres del pastor Juan Rocha. Rosa Aura Romero Pérez, la madre, quien a sus 52 años sufre sordera y las enfermedades tienen minada su salud. Todos los días llora desde que cayeron presos sus tres hijos. Solo uno tiene en libertad, Arnulfo. Además, la señora tiene a su cargo los cuatro niños de su hija Tomasa. El mayor tiene 11 años y los demás 8, 5 y 4.

Como todos los familiares de los condenados, los padres del pastor quieren que ellos sean liberados. Por el momento, lo que más anhelan es que al menos los trasladen a un penal más cercano, explica el papá, Gregorio Rocha González. Las cárceles de Managua están demasiado lejos para ellos. Y el viaje ida y vuelta es muy costoso.

Una panorámica de la comunidad El Cortezal, en las montañas de Rosita. Nótese la lejanía que existe entre las casas, que son muy pocas. Las tierras alrededor de las casas son utilizadas por los campesinos para la siembra de granos como arroz, frijoles y maíz, pero también yuca y bananales. LA PRENSA/ ROBERTO FONSECA.

El Cortezal

Volviendo a El Cortezal, cuando Marvin Cruz García llegó con toda su familia a vivir a esa comunidad, hace poco más de tres años, pensó que en la zona había muchos árboles conocidos como cortez, muy famosos por sus despliegues espectaculares de flores amarillas en la época seca. Pero no encontró ninguno. “Es solo el nombre, El Cortezal”, explica Cruz García entre risas.

Cruz García es originario de Jinotega y su esposa, María Leonor Dormus, de Esquipulas, Matagalpa. Al igual que ellos, la mayoría de los habitantes de El Cortezal provienen de comunidades aledañas donde ya no alcanzaron tierra para sembrar o la misma está debilitada para la agricultura. Muchos de ellos provienen de Siuna, La Cruz de Río Grande, Rosita, Matagalpa. Y hay unos cuantos que vienen de lugares más lejanos, como El Tortuguero o El Ayote, en el Caribe Sur. Aunque principalmente viven de la agricultura, también tienen vacas. Cosechan arroz, frijoles, maíz, yuca y bananos o guineos cuadrados. También tienen gallinas y cerdos.

Esneyda del Socorro Orozco Téllez, una de las cinco personas condenadas, es originaria de La Cruz de Río Grande. Sobrina de uno de los hombres más “ricos” de la zona, Lolo Orozco, llegó a la comunidad San Pedro de Kukalaya, vecina de El Cortezal, porque su abuela Santos García Astorga le regaló diez manzanas de tierra, las cuales trabajaba con su esposo Samuel Vivas.

Orozco Téllez asistía a una iglesia evangélica cerca de la bocana de Kukalaya, pero como hace tres años habían construido la iglesia de El Cortezal, Visión Celestial, comenzó a ir a esta última porque le quedaba más cerca, a una hora de camino a pie. Allí conoció a Vilma Trujillo y eran amigas.

Vilma Trujillo era originaria de la comunidad San Miguel de Casa de Alto, que está entre La Cruz de Río Grande y Bocana de Paiwas. Allí se conoció con quien era su compañero de vida, Reynaldo Peralta, pero no eran casados. Trujillo llegó a El Cortezal donde unos familiares, quienes le daban donde vivir y también trabajaba la tierra. En una campaña evangélica la hicieron “aceptar a Cristo” y tenía seis meses de asistir a Visión Celestial cuando fue quemada en la hoguera.

El pastor Juan Gregorio Rocha Romero también llegó a El Cortezal de la mano de sus familiares. Originarios de Muy Muy, Matagalpa, sus padres Gregorio Rocha y Rosa Aura Romero tenían tres años de estar en El Cortezal, también buscando tierra donde sembrar.

En el camino hacia El Cortezal y en la propia comunidad se pueden observar grandes extensiones de tierra taladas y los árboles quemados. Son los campesinos que están destruyendo el bosque para convertirlo en campos de agricultura. Ellos mismos dicen que las tierras de allí son muy buenas. Producen bastante. Lo único malo es que se les hace difícil sacar la producción por los malos caminos. La frontera agrícola en expansión. Por eso la gente vive en un lugar tan alejado como El Cortezal. Y también tal vez por eso el Estado no tiene la capacidad de llegar hasta esos lugares.

La iglesia Visión Celestial de El Cortezal, vista por dentro. LA PRENSA/ ROBERTO FONSECA.

Sin salud y sin educación

A Marlene Trujillo, de 13 años de edad, le preguntaron sobre su nivel académico en el juicio que se hizo por la muerte de su hermana Vilma.

—¿Estudias?

—Sí.

—¿En qué grado estás?

—En primer grado.

—¿Sabés leer?

—No porque hace poco entré a la escuela.

—¿Hasta qué número te sabés?

—Hasta el 50.

En El Cortezal los niños tienen muy difícil aprender el “abc” y los primeros números. No hay escuelas y la mayoría de los padres tampoco saben leer y escribir. Lo que sí saben hacer muy bien son los trabajos del campo. Los niños hasta caminan siempre con ellos machetes pequeños, a su medida.

Una de las personas que más grado académico había alcanzado, de los que viven en el lugar, era precisamente el pastor Juan Rocha. “¿Cómo se hizo pastor mi hijo? La inteligencia. Estudió. Ya el Señor lo escogió. Llegó hasta cuarto grado. Y estaba por ir a estudiar el pastoreo. Es buen elemento para pastorear, aquí (El Cortezal) se hizo pastor. Pero le pasó eso (muerte de Vilma Trujillo)”, explicó el padre del pastor, Gregorio Rocha González.

Y el tema de la salud también es un desafío. Cuando alguien se enferma de algo común, no grave, bajan de El Cortezal a la bocana de Kukalaya a comprar medicinas como acetaminofén, antigripales, para problemas estomacales o similares. Pero cuando se trata de males más graves, tienen que viajar hasta el Centro de Salud de Rosita.

Para dar una idea de lo difícil de la situación, el padre de Vilma Trujillo, Catalino López Trujillo, explicó en el juicio por la muerte de su hija que el día que ella fue quemada la llegó a traer a la iglesia evangélica al mediodía y la encontró desnuda, porque se le había quemado la ropa. Su hija le pidió un vaso de agua. La vistió y se la llevó en una hamaca a la casa de una familiar, adonde llegó como a las 3:00 de la tarde. Pero ya no había tiempo para llevarla a Rosita, ya pronto se haría de noche.

A las 3:00 de la madrugada del día siguiente casi toda la familia salió a pie de El Cortezal a dejar a Vilma Trujillo al Centro de Salud de Rosita. A Pueblo Santo, donde ya se puede encontrar vehículo automotor, llegaron a las 3:00 de la tarde. Fueron 12 horas de viaje a pie, en las que el papá, los primos y otros familiares se turnaron para cargar con la hamaca en la que llevaban a la lesionada. Israel Tinoco, un fuerte comerciante de la bocana de Kukalaya, vio pasar a Vilma Trujillo como a las 6:00 de la mañana por su negocio. Iba camino de la muerte. Desde entonces la vida en El Cortezal quedó marcada por la inmolación que sufrió Vilma Trujillo.

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Vilma Trujillo García cuando era trasladada hacia el hospital capitalino Antonio Lenín Fonseca, donde murió la madrugada del 28 de febrero pasado. LA PRENSA/ ARCHIVO.

La muerte de Vilma Trujillo

El 15 de febrero pasado Vilma Trujillo García se encontraba en la casa de su primo José Granados, en El Cortezal, adonde llegó el pastor Juan Rocha con otra persona con el pretexto de que llegaban a orar por la mujer, ya que se encontraba enferma, con una alteración de la conciencia. Hablaba sola, decía incoherencias, cantaba y no reaccionaba cuando le hablaban. Los religiosos trasladaron a la mujer a la iglesia Visión Celestial, a una media hora de camino.

Según los religiosos, en la iglesia querían orar seis días con sus noches para que un demonio fuera expulsado del cuerpo de Trujillo. Durante ese tiempo la mujer presentó reacciones violentas, queriendo lastimar a niños, tomando machete para agredir a las personas y hasta trozó un cable a machetazos, razón por la cual decidieron mantenerla amarrada. Dentro de la casa pastoral Trujillo se orinaba, defecaba y vomitaba, siempre según los evangélicos. Encendieron una hoguera para quemar las pertenencias de Trujillo, especialmente las “suciedades”. Encendieron otra hoguera, según la acusación para quemar a Trujillo de acuerdo con una revelación que habían recibido y, según los evangélicos, para ahuyentar a los mosquitos ya que Trujillo estaba amarrada afuera de la iglesia, en un monte.

A las 5:30 de la madrugada del 21 de febrero pasado, Trujillo cayó en esta segunda hoguera y terminó con graves quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo, específicamente en la cabeza, el tórax, el abdomen, las piernas y las manos. Miguel Ramos Zamora, un evangélico que rescató a Trujillo de las llamas, dijo en el juicio: “Vilma buscaba como salir del fuego. Tenía atadas las manos. La piel roja. Estaba quemada la ropa. No tuve más fuerza por lo que sentí por ella. Me puse a orar y a llorar por la desgracia. Solo yo la saqué del fuego. (Los demás) la dejaron ahí”.

Vilma Trujillo murió a las 4:22 de la madrugada del 28 de febrero pasado, en un hospital de Managua.

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