El amor no tiene religión

En Nicaragua el matrimonio entre parejas de distintas religiones es más común de lo que se cree. Una pareja judío-católica, una católica-mormona y una evangélica-católica nos comparten sus experiencias. A pesar de algunos obstáculos e incluso lágrimas, el amor prevalece.

Gerald Smith e Ileana Lacayo Remigi se casaron cuando él tenía 64 años y ella 50 años. Ambos eran viudos. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

Gerald Smith e Ileana Lacayo Remigi se casaron cuando él tenía 64 años y ella 50 años. Ambos eran viudos. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

Ileana y Gerald se encontraron como por cosa del destino. Estaban sentados por casualidad la una al lado del otro en una celebración diplomática en la Embajada de Estados Unidos. Eran un par de desconocidos que comenzó a platicar solo porque sí. Ninguno de los dos imaginó que a partir de ahí comenzaría una relación, y menos que terminarían siendo un matrimonio judío-católico que se casara por la Iglesia católica. De hecho, cuando ella se enteró de su religión, lo primero que pensó fue: “¿Y ahora qué hago con este judío?”

Ellos no son el único matrimonio judío-católico que existe en Nicaragua y tampoco de estas dos religiones es exclusivo este tipo de boda mixta. Angélica Ramírez y Walter Mairena son un matrimonio de ocho años y dos credos: él es católico y pertenece al movimiento eclesiástico del Camino Neocatecumenal y ella es cristiana evangélica. Lo mismo pasa con Francisco Somarriba y Kathia Matamoros: él es católico practicante y ella desde muy pequeña es miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, mejor conocida como iglesia mormona. Pero sin importar la religión que profesan y sus diferencias espirituales, todos tienen algo en común: el amor los unió y los mantiene juntos.

Matrimonio judío–católico

Durante la celebración de la boda católica entre Ileana Lacayo Remigi y Gerald Smith, hubo parte de los ritos que los judíos realizan para casarse, como la colación de la jupá. Este fue el primer matrimonio judío-católico en la historia de Nicaragua. LAPRENSA/ CORTESÍA
Durante la celebración de la boda católica entre Ileana Lacayo Remigi y Gerald Smith, hubo parte de los ritos que los judíos realizan para casarse, como la colación de la jupá.  LA PRENSA/ CORTESÍA.

La historia de amor entre Ileana Lacayo Remigi y Gerald Smith comenzó por casualidad. Se conocieron a principios de la década de los noventa cuando ambos habían enviudado. Él rondaría los 60 años y ella los 50. Después de su encuentro en la embajada estadounidense salieron varias veces y en un almuerzo se dieron cuenta de que eran de religiones diferentes.

“Me acuerdo que fuimos a comer juntos y yo no sé por qué le hice una pregunta. No fue pregunta, fue una aseveración, y le digo: ‘Mirá, vos debés ser judío’. Y me dice: ‘Sí, lo soy’”, recuerda Ileana entre risas.

Ella no lo vio como un problema ni tampoco él lo hizo. No pasó mucho tiempo antes que iniciaran el noviazgo. Cuando él llegó con anillo en mano para pedirle que se casaran, a ella la única preocupación que la asaltó fue que no quería irse del país, ya que él es de Londres, Inglaterra, y había vivido parte de su vida en Estados Unidos. La alerta amainó cuando él accedió a quedarse en Nicaragua, pero al instante surgió otro problema: ella aceptaría casarse solo si lo hacían bajo la bendición de Dios, o sea, si realizaban un matrimonio eclesiástico, y como en ese tiempo no había rabino ni sinagoga en Nicaragua, debían hacerlo por lo católico. Él aceptó sin miramientos.

Su matrimonio salió en una de las secciones del diario La Tribuna al ser la primera boda judío-católica de Nicaragua. LAPRENSA/ REPRODUCCIÓN DE ÓSCAR NAVARRETE
Su matrimonio salió en una de las secciones del diario La Tribuna al ser la primera boda judío-católica de Nicaragua. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN DE ÓSCAR NAVARRETE.

El siguiente paso, no obstante, fue pedirle autorización para celebrar el matrimonio de credos mixtos al jerarca católico cardenal Miguel Obando y Bravo, y después de que este les dio el sí, se casaron.

La boda fue una mezcla de ambas religiones que hasta salió en el periódico. Se celebró el domingo 5 de enero de 1997 en la iglesia de Las Sierritas de Santo Domingo. El Coro Nacional cantó los himnos judíos tradicionales y se instaló dentro de la iglesia. La jupá o palio nupcial, que consiste en el tipo de tienda de cuatro pilares que representan la casa de Dios, fue instalada, y los novios se sentaron debajo.

Hubo un momento de la ceremonia en que Gerald sacó de su bolsillo un papel donde estaba escrita una oración que decía que ambos se estaban casando bajo la bendición de Moisés, y se lo dio al padre para que lo leyera. Ambos firmaron el contrato judío conocido como Ketuba, que establece los términos legales del matrimonio, pero tampoco descuidaron la misa y los detalles católicos matrimoniales.

De la boda han pasado 20 años y durante este tiempo, afirman, no han sentido la necesidad de convertirse ni ella al judaísmo ni él al catolicismo. La religión no ha sido un motivo de discusión en su hogar. Es más, ambos se acompañan a celebraciones propias de sus credos.

“En Nicaragua hay otras bodas con nicaragüenses no judíos. También hay conversos, pero los judíos ortodoxos no reconocen las conversiones. Ni tampoco aceptan los matrimonios mixtos”, explica Gerald.

Este año Ileana Lacayo y Gerald Smith cumplieron 20 años desde que se casaron. Ellos afirman que ser judío y católica no ha sido un problema en su relación porque entre ambas religiones hay afinidades.LAPRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
Este año Ileana Lacayo y Gerald Smith cumplieron 20 años desde que se casaron. Ellos afirman que ser judío y católica no ha sido un problema en su relación porque entre ambas religiones hay afinidades. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE.

Casamiento mixto en el catoliscismo

Se debe solicitar autorización al jerarca del lugar. El fiel católico ha de declarar que está dispuesto a evitar peligros que le aparten de su fe y prometer que hará lo posible por bautizar y educar en la Iglesia católica a sus hijos. El matrimonio mixto ha de ser celebrado con la forma canónica, es decir ante el párroco. Si está presente el pastor no católico puede intervenir con una exhortación evangélica, con oraciones y con la bendición final.


Matrimonio mormón-católico

Kathia Matamoros y Francisco Somarriba solamente pudieron casarse por la vía civil porque ella pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como los mormones, y no permiten el matrimonio mixto. LA PRENSA/ CORTESÍA
Kathia Matamoros y Francisco Somarriba solamente pudieron casarse por la vía civil porque ella pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como los mormones, y no permiten el matrimonio mixto. LA PRENSA/ CORTESÍA.

Para Kathia Matamoros y Francisco Somarriba la religión es fundamental en sus vidas. Se casaron a principios de 2015 pero solo pudieron hacerlo por la vía civil, porque son de distintas religiones. Ella pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como los mormones, y esta religión no permite el matrimonio mixto. Francisco, por su parte, es católico.

Se conocieron cuando tenían 10 años de edad. En ese tiempo él era enamorado suyo, le mandaba cartas, pero ella no le correspondía. Después se hicieron muy buenos amigos y fue hasta que estaban en la universidad que comenzaron un noviazgo formal. A pesar que ella evitaba estar con alguien que no perteneciera a su Iglesia.

“Uno de los peros que yo siempre puse, aun cuando lo consideraba un buen chavalo, era la religión, porque yo le decía: ‘Yo no puedo estar con alguien que no sea de mi religión’. Me ponía a pensar en cuando nos casáramos, qué iba a pasar cuando tuviéramos hijos, porque yo iba a querer inculcarles mi religión a ellos y él iba a querer hacer algo diferente”, dice Kathia con tono de preocupación.

Una preocupación compartida. No por Francisco, porque él pensaba que no habría problema con eso, pero los líderes de la iglesia de Kathia le preguntaban a ella si estaba consciente de los problemas que esa relación podría tener. Las familias de ambos estaban preocupadas por lo que podría pasar: la mamá de ella fue quien más se alarmó, pues conocía a la familia del novio y sabía que ellos eran muy católicos. La familia de él tampoco estaba muy de acuerdo y cada vez que podían le decían que se convirtiera ella en católica.

Kathia y Francisco se conocieron cuando apenas tenían 10 años. Ella es la tercera niña (de izquierda a derecha) y él es el niño que está a la par de ella. LAPRENSA/ CORTESÍA
Kathia y Francisco se conocieron cuando apenas tenían 10 años. Ella es la tercera niña (de izquierda a derecha) y él es el niño que está a su izquierda. LA PRENSA/ CORTESÍA.

Ambos confiesan que en algún momento pensaron que con el tiempo y la convivencia ella se podría convertir al catolicismo o él se haría mormón, pero esto no pasó y ante la constante insistencia de ambos, se crearon muchos conflictos, a tal punto que ella buscaba pasajes bíblicos que demostraran que las creencias de él estaban equivocadas.

Ambas familias han insistido en que uno u otra cambien de religión, y esto empeoró cuando decidieron casarse. Ella quería casarse en su iglesia y él y su familia querían que fuera una ceremonia católica.

Uno de los peros más grandes es que para que ellos puedan casarse en la Iglesia mormona, él debe ser miembro activo por un año completo. Luego harían una entrevista con un obispo mormón y él debe aprobar si están listos para casarse. Además, la ceremonia debe hacerse en un templo suyo, porque para ellos es una ordenanza sagrada, y el templo más cercano está en Honduras, pues en Nicaragua solamente hay capillas. Y como si fuera poco, al templo solamente pueden entrar personas que tengan recomendación, o sea que en una virtual boda la familia de Francisco no podría entrar.

“Entonces ese era otro problema, porque me decía él: ‘Cómo nos vamos a casar por tu iglesia y no va a estar nadie de mi familia. Si nos casamos por mi iglesia tu familia puede estar. Eso no tiene lógica’. Yo entendía su punto, pero no puedo cambiar eso. Si así está, así lo puedo cumplir”, expresa Kathia.

La religión la viven cada uno por su lado. Ella ha cedido un poco y de vez en cuando lo acompaña a actividades religiosas. Él nunca la ha acompañado a su iglesia por más que ella le ha insistido y ahora lo que hacen es mantener su fe por caminos diferentes. Casi no hablan de este tema, pero ella aún no pierde la esperanza de poder casarse por su iglesia.

“Hace mucha falta, porque yo a veces quisiera que él pudiera acompañarme a alguna actividad que yo tengo en la iglesia, o que sea como el apoyo en la parte espiritual”, dice en voz baja y con los ojos llorosos.
Matrimonio evangélico -católico.

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Boda mormona

Para los mormones el matrimonio es una ordenanza sagrada que solo puede consumarse entre personas que profesan esta fe. A diferencia de los otros casamientos este es eterno y no es interrumpido ni por la muerte. La ceremonia solamente puede celebrarse en los templos y pueden asistir solo los miembros de esta iglesia que tengan una recomendación.


Matrimonio evangélico-católico

Walter Mairena y Rosa Ramírez se casaron por el catolicismo. A pesar de que ella pertenece a la iglesia evangélica. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
Walter Mairena y Angélica Ramírez se casaron por el catolicismo. A pesar de que ella pertenece a la iglesia evangélica. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE.

Cuando Angélica Ramírez y Walter Mairena se conocieron, ninguno estaba activo en sus religiones. Él siempre había sido católico, fue catequista y estuvo en la pastoral juvenil. Ella entró en la religión evangélica a los 7 años, fue bautizada y después aceptó a Cristo. Pero ambos dejaron de ir a las actividades y fue en ese tiempo que se conocieron, a través del internet.

Por entonces, existían en internet unas páginas para hacer amigos donde se colocaba una foto de ellos y se mandaban solicitudes. Él se enamoró de ella a primera vista. Vio su foto y no dudó en mandarle solicitud. Se la mandó varias veces, pero ella no lo aceptaba hasta que un día por error lo hizo.

“Cuando entramos en contacto, me llamó la atención que escribió bastante sobre él y dije: ‘Pobrecito, cómo le voy a dar que no (a la solicitud de amistad)’. Después comenzamos a chatear, mantuvimos contacto, hacíamos llamadas por teléfono y nos veíamos por cámara”, recuerda, entre risas Angélica.

Pasaron así varios meses hasta que se conocieron en persona y comenzaron a salir. Tiempo después, Walter regresó a su iglesia, y como se veían poco, ella entró a una catequesis para adultos para estar cerca de él. Después ella se fue a España porque allá tenía a su familia y se regresó porque se dio cuenta que su vida estaba al lado de Walter. Tres meses después quedó embarazada y se casaron.

Hasta ese momento, nunca habían pensado en cómo sería su relación si ambos eran de diferentes religiones. Tampoco pensaron en cómo sería su matrimonio ni en la educación espiritual de sus hijos. El primer roce lo tuvieron cuando decidieron casarse y ella rotundamente le dijo que no se casaría por la Iglesia católica y él tampoco pensaba unirse a la Iglesia evangélica, entonces acordaron casarse solo por el civil.

Para casarse por la iglesia católica, Rosa tuvo que cumplir con los sacramentos del bautismo, comunión y confirmación que se requieren para celebrar la boda. LAPRENSA/ CORTESÍA
Para casarse por la iglesia católica, Angélica tuvo que cumplir con los sacramentos del bautismo, comunión y confirmación que se requieren para celebrar la boda.  LA PRENSA/ CORTESÍA.

Otro de los choques más duros que tuvieron, según ellos, fue que cuando nació su hija; él quería bautizarla y ella no estaba de acuerdo, y luego de varias discusiones ella accedió. De ahí los roces empeoraron.

“Después de la boda comenzó a cambiar. Una vez que yo le pregunté me dijo que se sentía frustrado porque él quería estar bien delante de Dios, porque en la Iglesia católica si se casa solo por el civil, aún sigue en pecado. No podía comulgar porque no estaba casado por la Iglesia. Entonces sentía que yo lo estaba alejando de su religión”, se lamenta Angélica.

Angustiada, buscó consejería con los miembros de su iglesia y ellos le dijeron que debía respetarlo a él como “cabeza de familia” y que si para él era importante, que ella accediera a casarse por el matrimonio eclesiástico. Ella se bautizó, hizo la comunión y todo para la boda, pero siguió perteneciendo a su iglesia.

Walter reconoce que su esposa es quien más ha cedido. Ella lo acompaña a las celebraciones de su iglesia, excepto a la Gritería que se celebra en diciembre. Pero él, por más que lo ha intentado, le cuesta acompañarla. Una de las costumbres evangélicas es presentar a los niños ante Dios y ella presentó a su hija, pero nadie la acompañó. En lo que llevan de casados no la ha acompañado más de siete veces. Y ella ya dejó de insistirle.

Tania González, pertenece a la iglesia evangélica y su sueño es que su esposo también se integre. LAPRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
Tania González, pertenece a la iglesia evangélica y su sueño es que su esposo también se integre. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE.

Algo similar vive Tania González con su esposo Gustavo Maltez. Ellos tienen casi 10 años de casados y procrearon dos hijas. Cuando se conocieron ninguno asistía a la iglesia. Él había sido criado en el catolicismo pero nunca fue muy religioso, y ella también. Cuando ella decidió integrarse a una iglesia evangélica vinieron los problemas. Al punto que cuando su hija mayor nació, ella quiso presentarla en la iglesia y él se opuso. Discutieron pero al final él cedió.

“Ese día yo andaba alegre. Incluso, él me dijo y cuando la vamos a presentar y yo le di gracias a Dios. Pero recuerdo que el día que íbamos a presentarla, él entró a la iglesia solo en el momento en que íbamos a presentar a la niña”, cuenta Tania.

Una de las ventajas de este matrimonio es que los papás de Gustavo se convirtieron al evangelio y poco a poco han hecho que él se acerque más a la iglesia. Ahora la relación es más llevadera y como sus niñas van a la escuela dominical y están en un grupo de danza, él llega a verlas cuando se presentan.

A pesar de las discusiones ni Ileana y Gerald, Kathia y Francisco, Tania y Gustavo, ni Walter y Angélica han dejado de amarse y esto, según afirman, es lo que los mantiene unidos. Han aprendido a ser tolerantes y a respetar la religión de sus parejas. Algunos aún esperan que se conviertan a la religión que ellos profesan para que puedan vivir la parte espiritual juntos, pero de no hacerlo no creen que suponga un problema.

“Al final, en el matrimonio la religión no ha influido tanto como imaginé que podría pasar. Creo que la clave es respetarnos nuestros espacios espirituales”, concluye Kathia.

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