Observación electoral es indispensable

El argumento o pretexto principal del régimen de Daniel Ortega para no permitir la observación electoral internacional, ha sido que los votantes nicaragüenses son los verdaderos observadores y deben ser los garantes de sus votos.

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El argumento o pretexto principal del régimen de Daniel Ortega para no permitir la observación electoral internacional, ha sido que los votantes nicaragüenses  son los verdaderos observadores y deben  ser los garantes de sus votos.

Este argumento,   falaz por donde se le mire,  lamentablemente es repetido por personalidades relevantes que no forman parte del régimen, pero por ingenuidad o cualquiera otra razón lo hacen propio.

La observación electoral internacional adquirió gran  prestigio en Nicaragua,  desde que se practicó por primera vez en las elecciones del 25 de febrero de 1990. Gracias a la nutrida presencia de observadores electorales internacionales el voto popular fue respetado por el régimen sandinista y se hizo  posible el cambio democrático de sistema político y económico.

Por eso es que Daniel Ortega ha denigrado sistemáticamente la observación electoral internacional desde que volvió al poder en 2007,  le achicó los espacios en las elecciones de 2011 y ya no la permitió en las de 2016.

Ortega ha invocado supuestas razones nacionalistas y antimperialistas para justificar la prohibición de la observación electoral internacional. Sin embargo,  también ha impedido la observación nacional, de organismos independientes de la sociedad civil como Ética y Transparencia e Ipade,  lo cual demuestra que en realidad lo que pretende es impedir  que se constate  el fraude  electoral como  se constató  en las municipales de 2008 y las nacionales de 2011.

El 4 de junio del año pasado, en el congreso del FSLN que lo proclamó  para su cuarto período presidencial, Daniel Ortega insultó a los observadores electorales internacionales llamándolos  “sinvergüenzas” y aseguró con  prepotencia que “aquí se acabó la observación, que vayan a observar a otros países… en Nicaragua —dijo— se enfrentan a un pueblo que tiene vocación antimperialista”.

No obstante,  en febrero de este año Ortega se tuvo que tragar  sus palabras y firmó con la Secretaría General de la OEA un acuerdo para que este organismo hemisférico observe las elecciones municipales del próximo mes de noviembre. Ortega  se  retractó   de lo dicho el año pasado  creyendo que podría  impedir la aprobación de la ley Nica Act,  la cual se tramita en el Congreso de los EE.UU.  para sancionarlo por sus atropellos a la democracia.

De todas maneras,  hasta  ahora no hay certeza de que  se  podrá  realizar  la observación electoral de las municipales de noviembre. La OEA  carece  de recursos económicos para financiar la observación y en el  caso de que  llegara a realizarla,  sería  muy limitada y seguramente  pocoeficaz,   por la precariedad de tiempo, medios logísticos y espacios de operación.

Pero en todo caso  no es cierto que son los  votantes los únicos  que deben   observar las elecciones y cuidar sus votos. La observación electoral internacional, complementada con la observación nacional de organismos cívicos  especializados e independientes,  es indispensable e insustituible para asegurar la integridad de las elecciones en países no democráticos, como  Nicaragua.

Por eso es entendible que Daniel Ortega se afane en desacreditar  la observación electoral internacional y que la impida o restrinja. Lo que no se puede entender es que personalidades  nicaragüenses con gran autoridad moral en la sociedad,  la desacrediten o nieguen  su  importancia.

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