Innovar para cambiar el mundo

En Nicaragua nos reunimos constantemente amigos y amigas, periodistas, fiscales electorales, filósofos, para aportar ideas sobre cómo trazarnos una alianza internacional para el rescate de las democracias. Necesitamos escuchar sobre todo a los jóvenes, ceder apegos y estar dispuestos al cambio.

Innovar o morir, dice Carlos Alberto Montaner que es la paradoja actual de nuestra región, lo cual aplica a la situación de la OEA. En la actualidad es urgente la participación de la sociedad civil, filósofos, científicos, líderes religiosos y pensadores, ante las circunstancias de emergencia que hay en nuestro continente.

La OEA fue creada después de la II Guerra Mundial para ofrecer alternativas cívicas a las problemáticas de nuestros pueblos. Ahora es necesario modernizarla y enrumbarla al fortalecimiento de nuestros sistemas democráticos que yacen atrapados en vicios del pasado e ideologías erráticas como la del llamado “socialismo del siglo XXI”. La Asamblea General de la OEA en México necesita ser acompañada de nutridas delegaciones de los sectores independientes, que recuerden a los mandatarios la necesidad de soluciones que traigan alivio a las familias de los jóvenes asesinados en Ayotzinapa, así como los miles de seres humanos que en Venezuela son asesinados y reprimidos en las calles, por exigir alimentos y medicinas, por defender sus derechos humanos básicos secuestrados por un gobierno fallido que se aferra impunemente al poder.

En Nicaragua nos reunimos constantemente amigos y amigas, periodistas, fiscales electorales, filósofos, para aportar ideas sobre cómo trazarnos una alianza internacional para el rescate de las democracias.
Necesitamos escuchar sobre todo a los jóvenes, ceder apegos y estar dispuestos al cambio, a aceptar las propuestas de los nuevos talentos, emprendedores y grupos defensores de la naturaleza.
Hay que trazar un mapa de prioridades mundiales, ya que la mayoría de los consumidores de drogas están en los países desarrollados y los migrantes van hacia allá, las reservas de bosques y agua localizadas en nuestra región latinoamericana son destruidas aceleradamente.

La burocracia y la comodidad excesiva llevan a buscar soluciones mágicas, como legalizar las drogas, cuando es la supremacía de la ley y el fortalecimiento de las familias el mejor antídoto para frenar la descomposición social que nos agobia.

Hay que revisar la estrategia de colaboración público privada y enrumbarla hacia acciones y proyectos de verdaderos avances, con beneficio para todos los sectores, no en acaparamiento de privilegios y licitaciones amañadas para élites económicas que han hecho mucho daño, como en el escándalo de Odebrecht, por medio del cual han succionado la prosperidad y los recursos de la gente para financiar campañas electorales, ostentar mansiones y aparecer como títeres en la TV o en la revista Forbes.
Estamos viviendo en la era de la tecnología digital en la cual todo está documentado y donde con un solo clic se hacen fuertes transferencias económicas y se toman decisiones trascendentales.

El principio de la innovación y actualización hay que aplicarlo al funcionamiento de la Organización de Estados Americanos (OEA), hacer de América Latina una potencia de ética y humanismo, lograr que los migrantes regresen a sus lugares natales porque los recursos no estarán más acaparados por unos pocos y encontrarán respeto a sus leyes y sus tierras.

Hay que soñar con un mundo nuevo en el que los políticos trabajen y sirvan para facilitar el desarrollo de oportunidades, para convertir los sueños en realidades accesibles para todas y todos.
Pero no solo hay que soñar, sino también y sobre todo trabajar y movilizarse en la realidad de nuestras naciones.

La autora es activista de los movimientos ambientalistas.