En Letra Pequeña

Disparates judiciales ha habido en distintas partes y distintas épocas. El problema es que aquí en vez de la excepción se están convirtiendo en la regla

Película,

Justicia

Uno de esos viejos militantes sandinistas se rebeló un día. Reclamó a Daniel Ortega los derechos que él cree tener. Cayó en desgracia. Rápidamente le levantaron un juicio por estafa y lo condenaron a cinco años de prisión. Se declaró «prisionero político». Cumplió su condena. Llegó una orden de libertad del juez. No le hicieron caso. Llegó otra, tampoco le hicieron caso. Al contrario, lo pasaron a una celda de máxima seguridad. Llegó una tercera y hasta una cuarta orden de libertad y nada. Más bien le iniciaron otro juicio por introducir droga al penal a pesar que para ese tiempo ya debería estar en las calles en libertad según la ley. Y por supuesto, fue condenado de nuevo.

Traición al clan

En Nicaragua, de un tiempo acá, hay crímenes abominables que nunca llegan a los tribunales siquiera, pero confrontar a la familia que tiene el poder se ha convertido en uno de los delitos más graves, gravísimos, en este Código Penal no escrito que funciona en el país. Yo no conozco a este personaje, ni puedo decir si es culpable o inocente del delito que originalmente se le acusó, pero no por ello puedo dejar de ver el adefesio jurídico que se le montó para disfrazar una pasada de cuenta por traición al clan al que pertenecía.

Chaguito

El caso de Chaguito es más extraño todavía. Santiago Rodríguez, Chaguito, era un antiguo trabajador de LA PRENSA que murió en un accidente donde participaron tres carros. Hasta ahí sería un accidente más de los que lamentablemente ocurren a diario. El caso sin embargo, comienza a tornarse extraño porque la joven, a quien los testigos culpan del accidente, es hija de una persona cercana a los Ortega. Y no es que por ser hija de un poderoso tenga que ser culpable, sino que desde temprano el proceso estuvo destinado a protegerla sin dar oportunidad que fuesen las pruebas o los hechos quienes determinaran su culpabilidad o inocencia. Contraviniendo sus procedimientos la Policía no la detuvo, no reconstruyó el accidente con las partes presentes y el proceso se hizo sin darle participación a los implicados. Al final, sorpresivamente, se declaró culpable al otro conductor que quedó lesionado. Y tan claros estaban que el acusado no era el culpable, que la Fiscalía pide, y el juez concede, prescindir de la acción penal, o sea, no imponerle castigo alguno al que declararon culpable.

 Talcazo

No es esta la primera vez que la justicia se retuerce para liberar a alguien por orden de arriba. Un clásico de los chistes populares es el famosos caso del talcazo. Una persona es detenida  con una pesa y un paquete de polvo blanco en sus manos. La prueba de campo que hace la Policía determina que es cocaína. Sin embargo, luego se sabe que la persona detenida es hermano de un reconocido boxeador, devoto del presidente Ortega. Y a los amigos no se les deja morir. ¿Qué se puede hacer para declarar inocente a alguien que fue capturado con las manos en la masa? Pues decir que en una segunda prueba, el polvo blanco que se tenía por cocaína resultó que era talco. Y así se hizo. El acusado salió libre y al poco tiempo lo vimos tomándose fotos muy alegre con la mismísima jefa de la Policía Nacional, comisionada Aminta Granera.

Presentadora

Y recientemente, una presentadora de televisión es detenida bajo cargos de «trata de personas». Por ser mujer, bonita y personaje público, sufre un linchamiento virtual en la redes sociales. Sin embargo, al poco tiempo la Policía la libera «por falta de pruebas», según sus familiares, porque la institución es incapaz de dar la cara para explicar nada, mucho menos para pedir disculpas. De nuevo, no se trata aquí de asegurar que la muchacha es inocente o culpable de algo, lo que trato de hacer notar es que los nicaragüenses no podemos estar expuestos a estos procesos donde la justicia te libera o te condena porque le ronca la gana.

Trituradora

Disparates judiciales como los mencionados ha habido en distintas partes y distintas épocas. El problema es que aquí en vez de la excepción se están convirtiendo en la regla. Ya son muchos y demasiado frecuentes, porque podría seguir mencionando más casos. Y esto señores, no es una cuestión de política, ni de partido ni de ideologías. Es un engranaje corrupto al que estamos expuestos todos. Depende de donde triture la rueda. No podemos permitir un sistema que siga condenando inocentes y liberando culpables a conveniencia. Porque mañana podemos ser usted o yo el inocente condenando o la víctima del delincuente absuelto.