Fuentes hídricas de Nicaragua reciben aguas sucias

Las plantas de tratamiento del país carecen de inversión para su ampliación y mantenimiento. En el caso de la planta de aguas residuales de Managua nunca fue diseñada ni pensada para el total de la población.

Pobladores de Masaya lamentan la contaminación de la laguna. La suciedad es arrojada por pobladores y trabajadores de la municipalidad. LA PRENSA/NOEL GALLEGOS

En Nicaragua existen alrededor de 30 plantas de tratamiento de aguas servidas. Las acechan varios males, pero en especial dos: su capacidad no es acorde con el crecimiento poblacional y tampoco cuentan con el mantenimiento y la gestión adecuada, según la expresidenta de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), Ruth Herrera.

Conforme a la opinión de Herrera prevalece un abandono en las plantas de tratamiento. Lo aconsejable es que el mantenimiento, que en términos generales, consiste en remover sedimentos, reparar las paredes, aliviar los conductos y garantizar que no se llene de malezas (si son abiertas), se haga dos veces al año, pero eso no se hace, explicó la extitular.

Aguas salen crudas

A pesar que las plantas de tratamiento siguen recepcionando todo lo que llega por medio del alcantarillado, las aguas salen crudas, sin depurarse, y en ese estado son vertidas a las cuerpos de agua.

Eso sucede en Masaya con la laguna del mismo nombre, destacó el ambientalista Jaime Incer Barquero. Algunas plantas de tratamiento respondían a una cierta cantidad de personas, y ahora, ese número se ha duplicado o triplicado, es por tanto, que requieren de una ampliación, recomendó Herrera.

Para el experto en recursos hídricos, Salvador Montenegro, la Ley 620, Ley General de Aguas Nacionales mandata la existencia de un sistema de tratamiento que reduzca el impacto sobre los cuerpos de agua, que siguen siendo receptores de desechos; sin embargo, una cosa es lo que está escrito y otra la práctica.

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A la vez, Montenegro destacó que el diseño de una planta de tratamiento obedece a la disponibilidad de financiamiento. Existen plantas de tratamiento capaces de eliminar hasta el 99 por ciento de los contaminantes, de tal forma, que el agua final podría ser consumida, pero el problema son los costos altísimos que implica.

En el caso de la planta de aguas residuales de Managua nunca fue diseñada ni pensada para el total de la población, sino para una determinada parte, refirió el experto. Según el integrante de la Red de Agua y Saneamiento de Nicaragua (Rasnic), Sergio Gámez, en Nicaragua prevalecen los sistemas de lagunas de estabilización a través de los que buscan mejorar las características sanitarias de las aguas.

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A criterio de Gámez, estos sistemas “son robustos” y aunque no tengan tratamiento, pueden remover entre el 70 y 80 por ciento de la materia orgánica, destacó. Sin embargo, en el caso de las plantas más modernas, si se daña cualquier dispositivo la remoción si se ve afectada, explicó.

Riesgo para el medioambiente

Para Ruth Herrera, expresidenta de Enacal, otro de los riesgos importantes son las plantas de tratamiento que están bajo la coordinación de proyectos residenciales, ya que el manejo de estas requiere de la realización de pruebas para valorar cuáles son los contaminantes y a la vez, remover los sedimentos, haciendo las obras de limpieza. Si estas no cuentan con mantenimiento se convierten en un sistema que contamina el medioambiente.

“Porque te puede decir un urbanizador yo coloqué plantas de lodos activados (sistema de tratamiento moderno), aja, pero cada cuánto le da mantenimiento a esa planta. Si esto no pasa, la estructura se convierte en una inmensa pileta que está almacenando todos los patógenos que hay ahí y las aguas salen crudas”, refirió Herrera.

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