Arístides Pavón, el nieto de Sandino que fue guardia de Somoza

Arístides Pavón Sánchez, el segundo nieto del General Sandino, fue oficial de la Guardia Nacional, telegrafista de confianza de Somoza y prisionero del gobierno sandinista.

Arístides Pavón Sánchez, un hombre pequeño, de rostro indígena y sonrisa discreta, heredó de su familia materna un par de ojos achinados y chiquitos y la costumbre de peinarse con un partido al lado.

Si su nombre no le resulta conocido, hay una explicación: Arístides es el segundo hijo de Natalia Sánchez Sandino, la poco conocida primogénita del General Augusto C. Sandino, quien vivió con sus tres hijos: José Miguel, Mercedes y Arístides en la casa de don Gregorio Sandino, padre del General.

Resulta pues, que un mal día doña Natalia decidió marcharse de la casa de don Gregorio y las penurias empezaron para la familia. Los hijos mayores, José Miguel y Arístides, debían trabajar en cualquier cosa que les saliera para ayudar a su madre: desde vender mondongo en las calles de Niquinohomo hasta salir a cortar café. Siempre descalzos y de pantalón chingo.

Así fue que ambos hermanos llegaron como aprendices del telegrafista a la Oficina de Comunicaciones del pueblo. Pero mientras José Miguel se dedicó a su oficio durante el resto de su vida, Arístides se fue a trabajar como telegrafista para la familia Somoza, la misma que había mandado a matar a su famoso abuelo, el General Sandino, unos años antes. Además, después de recibir la tentadora oferta de un salario más jugoso, también se unió a la Guardia Nacional, donde comenzó como soldado raso y terminó como subteniente.

Y lo hizo sin culpas ni remordimientos. Cuenta, pues, su familia que su sangre y su origen no los ocultó nunca. Dicen que en las reuniones que tenía con sus compañeros, vistiendo el uniforme de la Guardia y armado con su fusil Galil, gritaba airoso y a todo pulmón: “¡Aquí está el nieto de Sandino! ¡Viva Sandino!”.

Fotografías de Augusto C. Sandino (izquierda) y de Arístides Pavón, su nieto que trabajó para Anastasio Somoza. LA PRENSA / Cortesía: Nicolás López Maltez.
Fotografías de Augusto C. Sandino (izquierda) y de Arístides Pavón, su nieto que trabajó para Anastasio Somoza. LA PRENSA / Cortesía: Nicolás López Maltez.

La descendencia desconocida del General

Son casi las 4:00 de la tarde en Niquinohomo, Masaya, y los techos crujen por la amenaza de una tormenta que oscurece la ciudad. Don José Miguel Pavón, de 80 años, vestido de guayabera blanca, pantalón negro y zapatos lustrados militarmente, camina a paso lento mientras entra a la casa en la que una vez vivió: el ahora Museo del General Sandino.

La historia de Arístides Pavón Sandino y la de esta rama de nietos del General Sandino empezó aquí, en Niquinohomo, hace unos cien años, cuando nació su mamá, la primogénita del General: Natalia Sánchez Sandino.

El guía no se encuentra y el vigilante del lugar se ofrece para hacer un recorrido. Pero don José Miguel conoce el lugar incluso mejor que la palma de su mano. Señala, por ejemplo, el patio de la casa y recuerda cuando don Gregorio Sandino, su bisabuelo, a quien toda la vida llamó “Mi papito Goyo”, lo llegaba a despertar a él y a su hermano Arístides para que ambos se pusieran a barrer las hojas del patio mientras él se bañaba con agua amanecida. Don Gregorio, al ver que Arístides tenía que sentarse en el suelo para poder recoger las hojas le decía a su madre, Natalia: “Vos, mujer, ese chavalo no te va a servir para nada. Mirá cómo está recogiendo la basura”.

Natalia Sánchez Sandino fue el resultado de la unión del General Sandino con Mercedes Sánchez Gaitán. Mercedes había llegado como hija de crianza a la casa de don Gregorio Sandino y su esposa América Tiffer, cuando apenas tenía unos 8 años. Cuando la niña creció y tuvo 27, salió embarazada. Los dos hombres de la casa e hijos de don Gregorio, Sócrates y Augusto, fueron los sospechosos. Aunque la fama de mujeriego la tenía Sócrates, fue el General el que confesó que era el padre de la criatura. Así, en 1917, hace cien años, nació María Natalia Sánchez Sandino, la primera pieza de este rompecabezas y quien llevó primero el apellido de su madre por ser hija ilegítima del General Sandino.

De izquierda a derecha: Natalia Sánchez, Marco Conto y Arístides Pavón. LA PRENSA/ Cortesía de la familia.
De izquierda a derecha: Natalia Sánchez, Marco Conto y Arístides Pavón. LA PRENSA/ Cortesía de la familia.

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Sin embargo, Walter Castillo, nieto del General Sandino e hijo de Blanca Segovia, la esposa oficial del guerrillero, no reconoce a esta familia como descendencia de su abuelo. “En el seno de nuestra familia y según nuestras propias investigaciones, lo que hemos sabido es que esa niña llamada María Natalia Sánchez Sandino era en realidad otra hija ilegítima de don Gregorio Sandino”, expresó en una carta a LA PRENSA.

Natalia nació y vivió sus primeros años en la comunidad de donde su madre era originaria: El Portillo. Pero cuando tenía unos 4 o 5 años, don Gregorio y Augusto llegaron a buscarla para que se criara en la casona del “papito Goyo”, pues las condiciones en las que vivía con su mamá y su abuela materna no agradaban a la adinerada familia del General.

Una pintura del General Sandino junto a su primogénita, Natalia Sánchez. LA PRENSA / Cortesía de la familia.

Aquí, en la casa de don Gregorio Sandino, Natalia creció, fue bautizada y hasta recibió clases para aprender a bailar.
Cuando tenía 17 años, unos meses antes de que su padre falleciera, se casó con un músico trompetista del pueblo llamado Arístides Pavón Usaga, porque ante las insistencias del General Sandino, para que se casara con uno de los hombres de confianza de su ejército, Juan Ferreti, Natalia terminó confesándole que tenía un enamorado.

El registro del matrimonio eclesiástico de Natalia Sánchez y Arístides Pavón. LA PRENSA/ Uriel Molina.

El acta de matrimonio de Natalia y Arístides certifica que ella es hija de Sandino: “María Natalia Sánchez, soltera, de 17 años de edad, de esta feligresía e hija ilegítima de Mercedes Sánchez y el famoso guerrillero de Las Segovias, Augusto Calderón Sandino”, dice el documento.

Natalia se fue a vivir con su esposo, fuera de la casa de don Gregorio, aunque según el relato de su hijo José Miguel Pavón, Arístides golpeaba a Natalia porque tenía “mal guaro”. Y de hecho, su vicio le jugó una mala pasada. Un día cayó borracho dentro de un pozo y se ahogó. El cadáver lo encontraron a los tres días. “La gente estuvo tomando agua de muerto del pozo”, relata don José Miguel, entre risas y asombro.

Natalia, viuda y con tres hijos, no tuvo otro remedio que ir a pedirle ayuda a su abuelo Gregorio. Pero como ya no solo era una boca a la que debía alimentar, el “papito Goyo” aceptó que volviera a la casa solo si ayudaba en la cocina.

Fue así como don José Miguel, Arístides y Mercedes, los hijos de Natalia, llegaron donde don Gregorio Sandino por primera vez.

Adiós al pueblo

José Miguel Pavón, primer nieto de Sandino, vivió junto a sus hermanos en la casa de don Gregorio Sandino, padre del General. LA PRENSA/ Carlos Valle.

En el escrito que el nieto de Sandino, Walter Castillo, publicó en las Cartas al Director del diario, expresó que le parecía “inaudito” el hecho de que Arístides hubiese estado “al servicio del asesino de su supuesto abuelo materno”. Y sí, de hecho así lo fue.

La historia continúa en una parte de la casa que José Miguel recuerda perfectamente: la cocina. Mira el interior de la habitación en la casa museo y asegura que ahí pasaba su madre, Natalia, la mayoría del tiempo para poder ganarse la comida de ella y sus hijos. “Aquí se mantenía negro de puro humo”, dice José Miguel mientras señala la pared del fogón.

En los patios de aquella casa, José Miguel y Arístides solían bajar naranjas agrias por órdenes de don Gregorio Sandino. El mayor de los hermanos aún recuerda un desafortunado evento en el que le pegó a su hermano con la vara que usaban para bajar la fruta. A José Miguel lo agarraban para hacer todos los mandados de la casa: llevar café, ensillar las bestias, ir a comprar la carne.


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Un día, José Miguel se paseaba por los pasillos de aquella casona cuando doña América Tiffer, que estaba sentada en la sala, lo llamó. “Tsss, tsss. Vení, Miguel”, le dijo. El niño llegó donde la señora y ella le dijo que su mamá, Natalia, había decidido irse de la casa, pero que ella y don Gregorio le ofrecían adoptarlo para que se quedara viviendo con ellos. Pero el niño no aceptó. “Uno siempre se va donde su mamá”, dice ahora Pavón.

Dicho y hecho. A los pocos días Natalia se fue de la casa con sus tres muchachos. Y a los dos mayores les tocó ayudarla a trabajar. Vendieron chicha, mondongo, chicharrón, en carretones y descalzos por aquellas calles de Niquinohomo. También se iba toda la familia a cortar café. José Miguel asegura que anduvieron errantes durante mucho tiempo, alquilaban en una casa, luego en otra, y otra y otra.

Unos años después Natalia Sánchez volvió a casarse, esta vez con Eliseo Conto. Y dio a luz a su cuarto hijo: Marco Conto.

Subteniente de la Guardia

Arístides Pavón Sánchez trabajó como telegrafista de la familia Somoza, fue oficial de la Guardia Nacional y estuvo preso por el gobierno sandinista después del triunfo de la revolución. LA PRENSA/ Cortesía de Nicolás López Maltez.

Para ayudar a su madre, José Miguel y Arístides se hicieron aprendices de telegrafista en el centro de Comunicaciones del pueblo. Arístides era el “chequero” del lugar. Se pasaba el día en una ventanilla recibiendo a las personas que querían enviar un telegrama. “Se encargaba del conteo de las palabras para cobrar el valor del mensaje”, explica José Miguel.

Allá en Niquinohomo Arístides conoció a Gloria Jacoby y se casó con ella cuando tenía 20 años.

Cuando Arístides terminó de aprender el oficio de telegrafista, los caminos de él y su hermano se separaron. Él dejó el pueblo, se fue a Managua a trabajar a la residencia Jefe Director, ubicada en la Loma de Tiscapa, en la Casa Presidencial de la familia Somoza. “Mire qué contrasentido. Ahí le ofrecieron, ahí se fue a trabajar. Le estaba sirviendo al que por orden de él mandaron a matar a su abuelo. No sé cómo llamarle a eso”, dice José Miguel.

El hermano de Gloria, la esposa de Arístides, era el teniente de la Guardia Nacional Rommel Castañeda Hernández. Cuenta su sobrina, Lourdes Dávila Pavón, que este le ofreció a Arístides que ingresara en las filas de la Guardia Nacional, porque iba a ganar más dinero. El telegrafista le contó a su hermana Mercedes Pavón, madre de Lourdes. “Rommel dice que voy a ganar más”, le dijo a su hermana. Mercedes le sugirió que aceptara y así lo hizo.

En un amplio reportaje publicado por el historiador y periodista Nicolás López Maltez este afirma que “el 20 de septiembre de 1964, cuando Arístides contaba 25 años de edad, se enganchó en la Guardia Nacional de Nicaragua, donde recibió el nivel de raso GN, número 20541, Servicio Regular. Casi inmediatamente después fue promovido al rango de sargento Servicio Especial como telegrafista de la 3ª. Compañía, bajo las órdenes del teniente GN Horacio Arce Blanco, jefe de Telégrafos de La Curva y Casa Presidencial”.

“Esa parte de la verdadera doctrina sandinista, muy liberal, basta y sobra para demostrar que esas hordas de ladrones, asesinos y aberrados que todavía dominan al actual Gobierno de Nicaragua, no son, ni nunca fueron sandinistas, esa es una etiqueta, un rótulo que utilizaron para engañar al mundo”, Arístides Pavón Sánchez en una entrevista hecha por La Estrella de Nicaragua, en Miami, cuando se encontraba en el exilio.

Además, López Maltez entrevistó a Arístides en 1991 y ese confesó, según el escrito publicado, que él no había sido el único familiar de Sandino que ingresó a la Guardia Nacional. “No solo yo de la familia del General Sandino ingresé a la Guardia Nacional, también Adalid Calderón, primo hermano del guerrillero, llegó a ser director de la Banda de la Guardia Nacional de Nicaragua, —nos revela Arístides— otro primo hermano del General Sandino y hermano de Adalid, de nombre Adolfo Calderón, también era músico de la misma Banda de la Guardia Nacional”, cita el historiador.

Pavón desempeñaba trabajos nocturnos en el telégrafo. En 1965 fue trasladado a la Compañía de Reemplazo (que después fue la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, EEBI), donde recibió entrenamiento sobre toda clase de armas, bajo las órdenes de su comandante el capitán Benjamín Campos.

Ocupó puestos y nombramientos importantes como cabo efectivo de la Guardia Nacional; fue comandante efectivo, comandante provisional y su trabajo era tan eficiente que a finales de 1976 fue transferido al Primer Batallón Blindado Presidencial. En 1978 fue ascendido a sargento primero y participó en combates como la Operación Limpieza de León. “Apenas terminamos de limpiar León, cuando salimos para Chinandega a combatir contra los chapuceros del FSLN. Los combates en Chinandega fueron semejantes a los de León, entonces teníamos bastantes municiones y estábamos frescos para la guerra”, dijo Pavón al historiador y periodista.

Lourdes Dávila Pavón, sobrina de Arístides, recuerda que cuando su tío aún trabajaba como telegrafista, los fines de semana se iba a vender algunos productos al lado del norte, porque le gustaba hacer dinero. Pero también era solidario.

Ella asegura que siempre estuvo pendiente de su familia y sus hermanos. Cuando Mercedes, su hermana, lo visitaba en Managua, él la llevaba al supermercado y le alistaba hasta tres cajas con cosas para el hogar. A Lourdes le daba uniformes, zapatos, transporte y todo lo que necesitaba cuando estudiaba en la Escuela Normal.

Prisión y exilio

Arístides Pavón junto a sus nietas, durante su exilio en Miami. LA PRENSA/ Cortesía de la familia. 

En los primeros días de julio de 1979, Arístides fue ascendido a subteniente de Infantería de la Guardia Nacional. Su nuevo rango requería un nuevo salario que iba a empezar a cobrar en agosto de 1979. Pero ya fue demasiado tarde. Cuando triunfó la revolución, tuvo que esconderse. “El coronel Isaías Cuadra nos habló a todos los oficiales, clases y rasos que estábamos en el Batallón Blindado, nos explicó que ya no teníamos municiones y que se había decidido organizar un convoy que se dirigiera con toda la tropa a presentarse a la Cruz Roja Internacional; pero yo me quedé con un pequeño grupo de soldados. Nos quitamos el uniforme de jungla, nos vestimos de civiles y nos fuimos donde nuestras respectivas familias, después supe que todos los oficiales, clases y soldados habían sido traicionados por la Cruz Roja y entregados prisioneros en manos de los comunistas”, narró Arístides al periódico La Estrella de Nicaragua.

Cuando escapó, Arístides buscó refugio con su familia en una iglesia cristiana, pero en uno de los sermones escuchó cuando los feligreses hablaban maravillas de los sandinistas y escupían los peores verbos en contra de la Guardia Nacional e incitaban a la gente a denunciar a los guardias que estaban ocultos. Huyó de la iglesia en la noche.

Se fue a Tipitapa, donde un viejo socio que tenía con el comercio de granos. “Mi viejo socio me recibió muy bien y me dio mucha protección, me sentí tan confiado a los ocho días de estar en el negocio de los granos, que insistí en acompañarlo al Mercado Oriental de Managua. Algunos en el mercado me reconocieron y me delataron, los piris (sandinistas) me detuvieron un par de veces, pero mi socio les explicaba que era una equivocación. En otro viaje andábamos por el Hotel Intercontinental, cuando nos detuvieron el vehículo. ‘Que nos lleven a los dos’, dijo mi socio; pero los chapuceros (sandinistas) dijeron: ‘Solo queremos a este hijo de p…’ y me llevaron preso a El Chipote”, relató Arístides.

Sin embargo, Lourdes Dávila, su sobrina, y José Miguel Pavón, su hermano, insisten en que Arístides no fue capturado, sino que él decidió entregarse porque sentía que no debía nada. Lourdes Dávila asegura que su madre y la esposa de Arístides lo entregaron ante las autoridades.

Una vez que estuvo preso, su diabetes comenzó a empeorar. Sus tres hermanos buscaron ayuda por todos lados. José Miguel fue donde el entonces ministro de Defensa, Bernardino Larios, para que le entregaran un salvoconducto a su hermano, pero el ministro le aseguró que el comandante Tomás Borge había ordenado no extender ni un salvoconducto más.

Después, los tres hermanos visitaron a Blanca Segovia, la hija de Sandino, para que les ayudara a liberar a su hermano. Ella les dijo que no podía hacer nada por ellos y que estaba en la misma situación porque habían apresado a unos sobrinos en el norte del país.

Por último, Marco Conto, el menor de los hermanos de Arístides, era amigo de infancia del comandante William Ramírez y también le pidió ayuda. Fue el único que hizo algo por él, dice Lourdes. Inmediatamente le llevó un médico hasta la prisión y su estado de salud mejoró.

Arístides asegura que estuvo preso en la Zona Franca y también lo trasladaron a la cárcel La Modelo. Recuerda que los tuvieron “como animales” y que en una ocasión llegó Edén Pastora, el Comandante Cero, armado como si estuviera en una trinchera de guerra. “Llevaba hasta granadas de mano prensadas en el pecho y rodeado de guardaespaldas portando ametralladoras”, relató Arístides al periódico extranjero. “Aquí falta lo peor, van a correr ríos de sangre, de aquí no sale vivo ni un solo guardia”, les dijo el Comandante. Los llevaron a unas galerías donde se sentía un olor nauseabundo. Según Arístides, ahí se dio la masacre de la Zona Franca y enterraron todos los cadáveres en el patio de la misma cárcel.

En 1980 lo pasaron a los tribunales especiales y alguien de apellido Incer pidió que lo condenaran a cientos de años de cárcel. “Por genocidio, asociación ilícita para delinquir y otro montón de acusaciones hechas al peso de la lengua, que ya las tenía escritas en un papelito que se metió en la bolsa para leérselas al próximo acusado”, dijo. La condena fue de 30 años.

En la fotografía cortesía de Nicolás López Maltez se aprecian: con el número uno, Enrique Bermúdez Varela, comandante 380. Con el número dos, Arístides Pavón Sánchez. Con el número tres, Pedro Cécvec, entonces de El Nuevo Herald y con el número cuatro Calero Portocarrero, comprador de la Contra. LA PRENSA/ Cortesía.

El extelegrafista de Somoza asegura que cuando estuvo preso, su hermana logró que publicaran una carta en el diario LA PRENSA pidiendo su libertad, diciendo que era nieto del General Sandino. Al ver la publicación, la abogada defensora de Arístides, Yadira Córdoba, le cuestionó por qué no le había dicho que era nieto del General Sandino. “A la revolución no le conviene que esto se sepa y alguien te agarre de propaganda, así que voy a presentar una nueva apelación”, le dijo su abogada. “Efectivamente la abogada Córdoba hizo otra apelación, le cobró a mi esposa diez mil córdobas y hasta que mi esposa le pagó, apareció con una nueva sentencia en la que por apelación y generosidad, se me había rebajado la pena a tres años”, relató Arístides.

Cuando salió libre, por fin, su esposa e hijos ya habían pedido asilo para él en Estados Unidos. Pasó por México y llegó al país norteamericano, donde vivió con su esposa y sus cinco hijos hasta que falleció, en 1999 a los 59 años.

El historiador Nicolás López Maltez asegura que después de su salida de la cárcel, Arístides colaboró con la contrarrevolución durante los años ochenta. Su hermano, José Miguel, dice que es posible que así haya sido, pero cree que el aporte de su hermano a la Contra solo fue económico.

La memoria de Niquinohomo

Lorenza Gallego, de 95 años, trabajó como sirvienta en la casa de don Gregorio Sandino y recuerda cuando Arístides vivió ahí junto a su madre y hermanos. LA PRENSA/ Carlos Valle.

Las anécdotas de José Miguel son interminables en la casa de su abuelo. Las recorre a duras penas porque ya le cuesta caminar. Lo hace con entusiasmo y nostalgia a la vez.

Los turistas entran y salen, toman fotografías del hogar y escuchan sus historias. Nunca ha presumido de ser nieto de Sandino, dice que le molesta sentir que merece algo solo por sus orígenes.

A Arístides lo recuerda con nostalgia. Se separaron hace mucho tiempo y la unidad se perdió. Poco pudieron volver a saber el uno del otro y ahora él es el único de los hermanos que está vivo.

Doña Lorenza Ana Gallego, de 95 años, también vive a pocas cuadras del museo. Trabajó en la casa de don Gregorio Sandino como parte de la servidumbre y recuerda, a duras penas y con cariño, a todas las personas que vivieron ahí. De Sandino dice que era arrecho, don Gregorio era muy buena persona, de doña Natalia recuerda que era hija del General y de don Arístides los recuerdos se le han ido borrando.

“Ah, ya sé, ya sé, Arístides… Él era bien educado, nunca hizo cosas malas, lo que no recuerdo es si se casó en Managua. Él vivió más en Managua que aquí. Era bien frágil, educado y nunca tuvo antecedentes de cosas indebidas. Él falleció en Miami… Más cosas no recuerdo porque él se fue. Poco nos codeamos”, confiesa la anciana.


La familia Sandino Aráuz

Unos 15 años después del nacimiento de la primogénita ilegítima del General, Natalia Sánchez Sandino, nació Blanca Segovia Sandino Aráuz, la más conocida y oficial hija de Sandino. Sin embargo, de la existencia de Natalia se supo hasta 1979, porque después del asesinato del General, en 1934, la familia de su primogénita decidió ocultar sus orígenes porque corrían peligro.

“En marzo de 1979 se produjo un debate público en los periódicos de Nicaragua en relación con la existencia de La otra hija de Sandino, que así tituló el primer artículo del prestigioso periodista e historiador Miguel Ángel Borgen (Ma-Bo), el día 26 de febrero de 1979, publicado en el diario LA PRENSA de Managua”, cita el historiador y periodista Nicolás López Maltez en un extenso reportaje publicado en La Estrella de Nicaragua, sobre el nieto de Sandino Arístides Pavón Sánchez.

“Nosotros no tenemos nada que opinar al respecto. Muchas gracias por llamar”, dijo Walter Castillo, nieto del General Sandino e hijo de Blanca Aráuz, cuando se le preguntó su opinión sobre este otro nieto poco conocido de su abuelo.

Sin embargo, en 2012, LA PRENSA publicó un reportaje llamado La otra hija del General en el que se expuso la historia de Mercedes Sánchez, Augusto C. Sandino y su hija Natalia Sánchez Sandino y Castillo, publicó un escrito en las Cartas al Director de este diario en el que sugirió que Natalia en realidad es hija de Gregorio Sandino. “Queremos aclarar que este no ha sido un tema nuevo o ignorado para la familia Castillo Sandino, ya que, desde 1979 hay quienes se han dado a la tarea de querer tergiversar la historia, creando este tipo de historietas adjudicadas a la vida privada del General Sandino, desde entonces han aparecido, primos, sobrinos, nietos y hasta hermanos de leche del General”. “Para nuestra familia todo esto es nada más que una burda especulación”, dice el nieto.

En Niquinohomo, a unas cuantas cuadras de donde es la casa museo del General Sandino, vive doña Lourdes Dávila Pavón, la única hija de Mercedes Pavón Sánchez, quien a su vez, fue la única hija de Natalia Sánchez Sandino. Ella asegura que antes que su mamá, doña Mercedes, falleciera, Blanca Segovia llegó a visitarla hasta Niquinohomo y que desde entonces se mantiene en contacto con ella. Blanca, dice, se ha referido a doña Natalia como su hermana.


 

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